domingo de ramos

1987

Vibren los brazos

palmas y ramos,

suelten los labios

vivas y cantos,

crezca una alfombra

para sus pasos;

flores y mantos

honren sus pies;

sal al encuentro

con entusiasmo,

que en un jumento,

pollino de asno,

entra en el templo

¡Jesús el Rey!

 

Hizo milagros

- palabra y gesto -,

curó leprosos

y endemoniados,

abrió los ojos

al que era ciego,

y al que en pecado

se hallaba atado

dio su perdón

 

Habló del Padre,

- ¡y es nuestro hermano!

¡de nuestra carne!

- y es soberano -

Rey de señores

- ¡y es condenado! -

tiene el contento

de ser el Siervo;

(y) en sus espaldas

lleva la carga

de nuestro engaño,

¡por nuestras faltas

viene a morir!

 

Hosanna, Cristo:

Tú el bondadoso,

Tú el más hermoso,

y el más cercano

del que está solo;

el buen amigo

del que agotado

por el camino

muere de sed.

Tú eres el Cristo

y nuestro Rey.

 

Señor te adoro:

Señor te amo;

Señor te aclamo,

Dios poderoso

y el Rey más Rey.

 

domingo de ramos

1988

Tended los mantos al Maestro Bueno,

alzad las manos en aplauso al Rey,

lanzad hosannas al Pastor de pueblos

y abrid camino al que nació en Belén.

 

Vestid las calles y alfombrad la marcha

con tierno olivo e inmortal laurel;

instad con brío a la ciudad que salga

a ver glorioso al Salvador y Juez.

 

Brindadle el pecho y la razón rendidle,

prestad oído a su palabra fiel:

Mirad que viene “servicial y humilde”

a dar la vida por su propia grey.

 

Que nadie entibie vuestro amor rendido,

ni enfríe nadie vuestra fe en él;

besad su frente con el gesto amigo,

¡gritad gozosos: Viva nuestro Rey!

domingo de ramos

1995

Vienes, Señor, sentado en un jumento

sobre una alfombra henchida de ramaje:

palmas y olivos son el homenaje

con que te rinden fiel acatamiento.

 

Mas pronto dejarán de ser tus pajes

los que ahora celebran tu momento:

clavos y cruz serán los ornamentos

que vistan tu realeza sin ropajes.

 

Un retazo de púrpura olvidado,

una caña torcida entre las manos,

escupitajos, látigos y risas

han de ser desde ahora la divisa

 

de que eres Rey, Señor y Soberano

con potestad total e indivisa.

Así eres tú, Jesús de los olivos:

¡que se me apague el sol, si yo te olvido!

domingo de ramos

1996

Vienes, como Señor, a tu ciudad,

y de esta tu ciudad saldrás juzgado;

tú, que te acercas Rey y Soberano,

serás colgado en Cruz por criminal.

 

Los más pequeños ven con claridad

lo que revelas al montar un asno

y alfombran el camino con sus mantos

para significar tu dignidad.

 

Oh buen Jesús que vienes entre amigos

a celebrar la Pascua de tu amor,

recibe nuestro obsequio en los olivos

que flanquean tu paso triunfador.

 

Queremos ser contados con los niños

que te aclaman “Hosanna al Salvador”.

Pastor eterno, cuida de tu grey,

ven a nosotros, sé tú nuestro Rey.

domingo de palmas

1997

Con ramos verdes y palmas

eres, Jesús recibido:

un pueblo por Rey te aclama

en nombre del Dios Bendito.

 

Jerusalén se levanta

a proclamarte el Ungido:

se abren por ti las gargantas

y alfombran tus pies olivos.

 

Con repiques de plata

suena el clamor de los niños;

la muchedumbre entusiasta

rompe a tu andar el camino.

 

Mas pronto la suerte cambia

y en púas crecen los gritos;

condena por alabanza

y por Rey, un reo en juicio,

 

una muerte por hosanna

-¿dónde están aquí los niños?

y vinagre en una caña

en lugar de dulce vino.

 

Por mí en la cruz malherido

abres, Señor, tus entrañas

para que manen las aguas

de tu creador Espíritu.

 

traspasa, Señor, mi alma

con tu voz de doble filo

pues muerte quiero quebrada

a sofocarte en olvido.

jueves santo

1987

I

Te vi a mis pies

y vi que los lavabas;

y vi también

que por mi amor llorabas;

¡vi que tus lágrimas,

de incomprensión amargas,

dejaban limpia

de suciedad el alma!

 

Y me dejé lavar

por esas manos;

y me dejé besar

por esos labios;

¡quedé al momento

- como recién nacido -

enteramente limpio

en alma y cuerpo!

 

¡La fuerza de tu amor

me dio su brillo!

II

Y ya por ti lavado,

podré lavar;

y de tu amor quemado

podré yo amar:

¡cumplir con los hermanos

el mismo oficio

que en mi organismo

hicieron ya tus manos!

Hermosa y santa carga

el ejercicio

de amar en tu servicio

con toda el alma.

Amar como Tú amas

¡a todo hombre!

y, por tu nombre,

prender mi vida en llamas.

III

Tomad y comed, dices,

es mi cuerpo;

tomad y bebed, dices,

es mi sangre,

y no tendréis más sed,

y no tendréis más hambre.

Pues soy el Pan

que da la Vida,

y quien me come

- ¡ay qué delicia! -

tendrá la paz

que no termina.

IV

Hacia el Calvario

voy de camino:

¿quieres, hermano,

venir conmigo?

No tengas miedo,

no habrá peligro:

con mi cayado

venzo yo al enemigo;

¡voy a tu lado!

Vamos, amigo,

hacia el Calvario,

y te verás conmigo

Resucitado.

jueves santo

1989 Tríptico

I.- Lavatorio de los pies

Señor, yo soy aquél que con sus labios,

sangrienta daga de dorado puño,

hundió en tu rostro, de rencor desnudo,

el beso criminal con voz de hermano.

 

¡¿Y ahora, Tú a mis pies arrodillado,

ceñido el lienzo y la jofaina a punto,

te ofreces a lavar mi cuerpo inmundo

con el calor de tus benditas manos?!

 

¿Debo dejarte restregar mi carne…

o apartarme de ti y negarte el gozo

de intentar con pasión a ti abrazarme?

 

Oh mi Señor, te pido entre sollozos

que olvides mi traición y que me laves

con besos de perdón los pies y el rostro.

 

Pues ¿qué podré yo hacer de ti alejado

sino roer mi entraña desdichado

y en sed rabiosa abierta mi garganta

beber sin remisión tu ausencia amarga?

II.- El mandamiento nuevo

Seréis dichosos, si en mi amor unidos,

los unos a los otros como hermanos

sabéis limpiar las manchas que del barro

sorbieron vuestros pies en el camino.

 

Que ya no sois más siervos, sino amigos;

y cumpliréis con ello, si de esclavos,

sabéis de corazón trenzar las manos

en fraternal y cálido servicio.

 

Yo, vencedor del mundo y de la muerte,

comparto con vosotros la embajada

de renovar al hombre y de tal suerte

 

que pueda ver a Dios en propia cara:

creed en mí y seréis ¡dichosa fuente

capaz de henchir al mundo con sus aguas!

 

Quien viene a mí y bebe a mi costado

podrá limpiar conmigo los pecados

y amar tan tiernamente creativo

que vibre con su amor también el mío.

III.- Eucaristía

Danos, Jesús, comer tu santa Carne

en Pan celeste de alimento vivo,

y en sorbo alegre degustar el Vino

que ofreces generoso con tu Sangre.

 

Danos saciar en ti la sed y el hambre

que arrojan nuestra vida al exterminio,

y danos encontrar en ti el auxilio

para volar ligeros hasta el Padre.

 

Pues eres Dios y Hombre entre los hombres

y sabes bien la sed que nos desgarra

y el hambre sustancial que nos corroe

- viniste a renovarnos con tu gracia -

repártenos el Pan de mil sabores

y el Cáliz memorial de tu Alianza.

 

Tu Carne en Cuerpo tuyo nos convierte

capaces de sentir lo que Tú sientes;

y nuestra carne en tuya se transforma,

al compartir tu Muerte y tu Victoria

jueves santo

1997

En tus manos el vino,

en tus manso el pan;

en tus manos tú mismo

como prenda de paz.

 

Tus palabras son vida

y tus obras verdad;

es tu amor garantía

de existencia inmortal.

 

A comer das tu cuerpo

y tu sangre a gustar;

son divino alimento

de sabor celestial.

 

Y contigo el buen Padre

y el Amor de unidad:

a través de tu carne

son eterno manjar.

 

Dame a beber tu Vida,

dame a comer tu Pan

quiero a ti estar unido

en perenne amistad.

jueves santo

(jn. 17)

Alzaste, Señor, en plegaria los ojos al cielo

y abrieron tus ruegos la entraña sagrada de Dios;

la gloria pediste: llevar a la altura los tiempos

y hacer tu Cuerpo glorioso lugar de oración;

y en acto sublime de impulsos eternos

rasgose su seno en torrente de amor:

la tierra, profana, henchida quedó de su Nombre

y hablaron, filiales, los hombres al Padre de tú.

 

Rogaste que fueran los tuyos de gloria impregnados,

en Dios consumados, perfecta unidad;

pusiste en sus manos poderes fecundos

que hicieran del mundo remanso de paz;

tu Fuerza les diste, ¡el Don más preciado!

divino Abogado, sostén en la lucha, perdón y verdad.

 

Ahora, Señor, que con gesto seguro

ofreces desnudo tu cuerpo a la Cruz,

recuerda que somos en ti los hermanos

que tienden unidas las manos al Padre común:

que el mundo no enturbie el cariño fraterno

que en ti nos tenemos, ni manche la gloria

que irradia tu Luz.

 

Señor, Sacerdote y Cordero,

Altar y Recuerdo de amor y piedad,

consagra a tu Iglesia, tu carne y tu cuerpo,

en perfecta unidad.

jueves santo

Elevaste los ojos a la altura,

tus labios pronunciaron la alabanza,

repartieron el pan tus manos puras

y en tu sangre fundaste la alianza.

 

Compromiso indeleble, sin fisuras,

de darte a los hambrientos en pitanza,

de compartir tu ser con criaturas

y alzarlos cariñoso a tu privanza.

 

En Pan y Vino -¡para ti el vinagre!-

al hombre te ofreciste en alimento,

como quien no recibe otro contento

sino dar a comer su propia carne.

 

Existencial ofrenda del misterio:

por nosotros hambrientos te entregaste

para nosotros darnos al hambriento.

Tú que te das al Padre por nosotros

nos haces ser un don para los otros

viernes santo

Suelta tu sien rubíes esmaltados

al hosco bisturí de las espinas

y labra un tul de perlas cristalinas

el estertor mortal de sofocado.

 

Ruegas en soledad, crucificado,

por gente contumaz que te incrimina

ser de los incurables medicina

y para el malhechor perdón sobrado.

 

La comisura de tus labios se abre

al tenso jadear de tus pulmones

y clamas consumido “¡Por qué, Padre!”.

 

Abierto el pecho y, Juez entre ladrones,

sajas tu carne pura y das tu sangre

para que vivan otros corazones.

 

¡Qué grande es tu poder, Señor Dios mío

que mueres en la cruz por redimirnos!

viernes santo

1997  Heb.2,9-10.18

Tú fuiste el Vencedor porque vencido;

por ser un hombre entero en impotencia

pudiste desterrar las consecuencias

de vernos al pecado sometidos.

 

Pues fuiste tú en la cruz enaltecido

limpiándonos de culpa la conciencia

y dándonos la fe por toda ciencia

de percibir en ti a un Dios amigo.

 

Sacrificado tú, santificante;

perfeccionado, das la salvación,

y tanto fue el amor que desplegaste

que la ancestral enemistad borraste

 

para darnos con Dios la comunión:

eterno Sacerdote en oblación.

Al ser por obediencia en cruz clavado

fuiste en poder por Dios resucitado.

viernes santo

1987

Con los brazos extendidos

- para abrazar a los hombres;

 

con la cabeza inclinada

- a besarnos pecadores;

 

con los labios entreabiertos

- a ofrecernos tus perdones:

 

¡Mueres¡Jesús, en la Cruz!

 

Con el costado rasgado

- por sanar los corazones

 

con las llagas en las manos

- y gustar nuestros dolores;

 

con los pies ensangrentados

- de aplastar nuestros errores:

 

¡Mueres¡Jesús, en la Cruz!

 

Con las venas ya sin sangre

- para mostrar tus amores;

 

con tu carne desgarrada

- y quemar nuestros temores;

 

con tu Espíritu entregado

- y con él todos tus dones:

 

¡Mueres¡Jesús, en la Cruz!

 

Y junto a tu Cruz, María;

y junto a María, Juan;

y junto a Juan yo y mi vida

para vivir tu Amistad.

viernes santo

Tomaste como un ósculo del Padre

el cáliz de dolor que te entregaba;

no dudaste en beber la hiel amarga

de verter en la cruz tu propia sangre.

 

Devoradora fue tu sed y el hambre

que, cáustica, roía tus entrañas,

de aceptar de los labios que besabas

la cruz infame, golpes y vinagre.

 

¿Por qué, Señor, lo hiciste? ¿Por mi vida?

¿Por el amor tan grande que me tienes?

¡Si fui yo quien te abrió las mil heridas!

¿Tánto merezco yo que por mí mueres

y hasta la cruz abrazas como amiga?

¿¡Así muestras, Señor, el Rey que eres!?

 

Jamás comprenderé lo que me amas,

si el corazón no enciendes con tus llamas.

viernes santo

Dijiste que la Cruz es la vereda

que asciende sin tropiezos a la cumbre,

tu gesto salvador, tu voz y lumbre

que marca con amor nuestra existencia.

 

Yo te creí, Señor, y aunque entre quejas

y hundido en torbellinos de inquietudes,

me arrastro tras de ti, en polvo y nube,

para contigo descansar en ella.

 

Mírame, por piedad, pues yo te miro,

y dame con la fuerza de tu Aliento

seguirte hasta el final en el camino,

y rompa en ola de sagrado incienso

 

la fibra inerte de mi pecho frío

la llama viva que abrasó tu cuerpo.

- La Cruz te acerca a Dios en luz oscura

y te redime y alza a las alturas -

viernes santo

Suelta tu sien rubíes esmaltados

al hosco bisturí de las espinas

y labra un tul de perlas cristalinas

el estertor mortal de sofocado.

 

Ruegas en soledad, crucificado,

por gente contumaz que te incrimina

de ser del incurable medicina

y para el malhechor perdón sobrado.

 

La comisura de tus labios se abre

al tenso jadear de tus pulmones

y clamas consumido: “¡Por qué, Padre!”.

 

Abierto el pecho y juez entre ladrones,

mueres tu carne pura y das tu sangre

para que vivan otros corazones.

 

¡Que grande es tu poder, Señor Dios mío

que mueres en la cruz por redimirnos!

viernes santo

1995 (Jn. 18, 11)

Tomaste como un ósculo del Padre

el cáliz de dolor que te entregaba:

no dudaste en beber la hiel amarga

de verter en la cruz tu propia sangre.

 

Devoradora fue tu sed y el hambre

que, caústica, roía tus entrañas,

de aceptar de los labios que besabas

la cruz infame, golpes y vinagre.

 

¿Por qué, Señor, lo hiciste? ¿por mi vida?

¿Por el amor tan grande que me tienes?

¡Si fui yo quien te abrió las mil heridas!

¿Tánto merezco yo que por mí mueres

 

y hasta la cruz abrazas como amiga?

¿¡Así muestras, Señor, el Rey que eres¡?

Jamás comprenderé lo que me amas,

si el corazón no enciendes con tus llamas.

camino de la cruz - via crucis

Jesus condenado a muerte

Juez, Tú, ¡juzgado!; Tú, monarca, ¡reo!;

en la sentencia cambias nuestra suerte:

nos liberas, piadoso, de la muerte

y a la vida nos llevas por entero.

 

Llevaré tu condena a mi pecado,

y tus justicia toda en el quererte,

en ti de mí por siempre liberado.

 

Jesus toma la cruz

Sobre tus hombros cargas el madero,

con las pupilas fijas en la meta;

conforme pisas, cambias su silueta

de tronco de baldón en árbol bueno.

 

Arrima generoso a mi cadera

tu brazo amigo, todo valedero:

no arroje en el dolor tu cruz y muera.

 

Jesus cae por primera vez

Agrio el sabor de la tierra,

áspero el beso del suelo,

duro el madero a tu cuello

y hosco el furor de las lenguas.

 

Por tierra yaces, Hermano,

descalabrado y enfermo

¡que son tus hombros terrenos

y tus andares humanos!

 

Por tu Pasión y tu duelo

dame tu gracia y perdón.

 

Jesus encuentra a su madre

Tus ojos vieron los suyos;

los suyos los tuyos vieron:

soltó la tierra un murmullo,

se estremecieron los cielos.

 

El Hijo y la Madre juntos

en el desdén y vergüenza:

dos corazones en uno

desgarrados por la pena.

 

Virgen María tan buena

ruega por todos. Amén.

 

Jesus ayudado por el cireneo

Quebrado tu poder, mi Santo Dueño,

por la limitación que te acompaña,

-eres hombre y humanas, tus entrañas-

necesitas del hombre en el empeño

 

de coronar tu cruz con la victoria:

pues en un ser tan frágil y pequeño

el porvenir has puesto de tu historia.

 

Dame, Señor, llevar la cruz contigo:

en tu dolor tendrá valor el mío.

 

La verónica limpia a jesús

Limpió una mano el rostro vacilante

que sudoroso andaba calle arriba:

cariño de mujer enardecida

por un amor osado y rebosante.

 

Audacia y valentía y arrebato

hacia el amado la fuerza del amante,

que quiere convertirse en su retrato.

Haz, Señor, de mi vida, por tu trato,

reflejo y copia fiel de tu semblante.

 

Jesus cae por segunda vez

Otra vez como un gusano

quedas tendido en la calle:

nadie recoge tus ayes

ni echa a tu peso una mano.

 

Qué amarga la vida humana

cuando se ve uno tan pobre:

querer brillar como un noble

y ver manchada su cara.

 

Una vez más por el suelo...

una vez más yo te ruego

que tengas piedad de mi.

 

Jesus consuela a las mujeres

Unos ojos nublados por el llanto

acompañan los tuyos más serenos:

mujeres son de sentimientos buenos

que lloran maternales tu quebranto.

 

Ojos que lloran, almas que sostienen

el dolor misterioso de los hombres:

del niño, del anciano, ¡de los pobres!

del t ronco sin vigor y el árbol verde.

 

Quiero llorar con ellas apenado

la multitud de vidas que se pierden

y suplicar perdón por mis pecados.

 

Jesus cae por tercera vez

De caído te enderezas;

levantado, te desplomas;

otra vez el peso tomas

con decisión y entereza

 

Tu deterioro y flaqueza

te derrumba en la caída,

mas el amor enseguida

te levanta con su fuerza.

 

No aplasta la cruz, eleva,

cuando contigo se lleva

por entrega y por amor.

 

Jesus es despojado

Dispuesto el tronco regio en una altura,

te adelantas, Señor, a conquistarlo:

de las mejores joyas ataviado

asciendes como Rey... sin vestiduras.

 

Tal cual naciste subes, Soberano,

para del falso afán limpiar el mundo:

tu cuerpo, digno, santo, va desnudo,

como Rey, sostenido por soldados.

 

Tu desnudez encubre mis defectos

si junto a ti desnudo me presento.

 

Jesús es clavado

Como el amor a nuestra débil raza

unido te dejó por siempre a ella,

así también la Cruz, de la que cuelgas,

diste como señal de que nos amas.

 

La tomaste enamorado por esposa:

empapaste sus fibras de tu sangre,

hiciste con sus clavos una carne

y sois por siempre ¡UNA SOLA COSA!

 

Gloriosa Cruz, poder de Jesucristo,

despojado de mi, de ti me visto.

 

Jesus muere en la cruz

Los brazos extendidos, la cabeza

como quien quiere dar un blando beso,

quebrado el corazón por tanto peso,

sofocada la voz, Jesús, te quejas:

 

“Por qué, Dios mío, me has abandonado”

“Perdona, Padre, dices, las violencias

que el pueblo tuyo, duro de conciencia,

por ignorar tus planes, ha causado”.

 

Mueres, Señor, por mí: yo te venero;

en alma y a corazón a tí me entrego:

ofrezco en tu muerte la muerte mía

y pongo en tu oración mi cobardía.

 

Jesus en brazos de maria

Las manos desgarradas, roto el cuerpo

el corazón sin voz, abierto el pecho,

vuelve, Señora mía, a tu regazo

quien de niño colgara de tus brazos.

 

También a mi me tienes a tus plantas.,

pero manchada el alma por mil faltas.

Yo maté al que contemplas en tus manos

y su muerte me honró de ser hermano.

 

Nos miras a los dos con dulce rostro,

pidiendo al uno que perdone al otro.

Dame a besar al Rey mi Soberano

que yo me duelo hoy de mi pecado.

Perdónanos, Señor, que yaces muerto

en brazos de Piedad: ¡que son los nuestros!

 

Jesus es sepultado

La tierra recibió tu Santo Cuerpo;

la tumba se cerró con fría losa;

te acogieron las rocas, temblorosas;

la Muerte, señorial, te dio su seno.

 

Bajaste victorioso a los infiernos;

apagaste las sombras más sutiles;

abriste el paso a fieles y gentiles

y diste a los mortales Reino eterno.

 

Sepulcro misterioso, noble tumba,

donde, del mundo odiado, tu reposas

la nueva creación se yergue airosa

y la antigua por siempre se derrumba.

 

A tus puertas vigilo enamorado

por ver a mi Señor resucitado.

pensamiento-oracion: cruz

La cruz que al cuello colgada llevo

cual signo claro de amor sincero

de noche brilla como un lucero,

de día cubre lo sucio y feo.

 

Oh cruz preciosa, sortija fina,

de acero dura y robusta fibra,

dame la fuerza por toda vida

de ser tu siervo y llevarte encima.

 

Cristo que cuelgas de amores muerto

con rostro bueno y costado abierto

no desampares lo que creaste.

Tú, que muriendo, nos perdonaste.

benditas las llagas del señor

 

oración ante la cruz

1995

Mira desde tu cruz, Señor, mis manos;

contémplalas vacías de sentido:

nunca las alargué al necesitado,

ni levanté con ellas al tullido.

 

Mira también mis ojos, desvariados,

ciegos para encontrarte en el camino.

No lloré con el que llora desolado,

ni miré alborozado al bendecido.

 

Mira mis pies, torpes, dislocados,

por ansias de placer entumecidos:

No me acerqué jamás al marginado,

ni anduve presuroso hasta el herido.

 

Y mis oídos mira, taponados,

incapaces de escuchar ningún gemido,

por capciosas sirenas atrofiados

y absorto siempre en sucios egoísmos.

 

Mira mi paladar, acibarado,

con sensibilidad de acero frío,

mi lengua correosa y en letargo

para tejer tu gloria en canto limpio.

 

Muerto estás en la cruz por mis pecados

con el costado abierto de cariño

el corazón de amores inflamado

y en tus labios el último suspiro.

 

Despierta en mí, Señor, con tus quebrantos

la pasión de asociarme a tus designios

con entereza tal y celo tanto

que sea yo, en el querer, tú mismo.