coplas navideñas

Desde los tiempos antiguos

viene la Nueva anunciada:

nacerá en el mundo un Niño

de Virgen Inmaculada.

 

Lo cantaron los profetas

con palabras inspiradas,

lo gritaron las estrellas

con sus voces de esmeralda.

 

Niño será con los niños

y de los grandes, Maestro,

con los humildes, sencillo,

con los malvados, violento.

 

Padre será de los pobres

conviviendo su pobreza:

hará del mendigo noble

para sentarlo a su mesa.

 

Tan débil y tan extraño,

tan pequeño y escondido

que nacerá en un establo

con un buey y un borriquillo.

 

¿Quién tendrá miedo del Rey

que nace en casa modesta?

¡si somos todos como él

y es suya la carne nuestra!

 

Vayamos todos corriendo,

y alegres demos los pasos,

el mismo Rey de los cielos

abre bendito sus brazos.

 

La Virgen mece en su seno

el más hermoso Regalo

que Dios concede a los pueblos

para a su seno llevarlos.

Mis ojos te doy, mi Niño,

y también te doy mis manos,

toma además mis oídos

y la canción de mis labios.

 

Hazte señor de mi mente

y dueño sé de mis actos

y en mi memoria presente

camina siempre a mi lado.

 

Venid, corred, adoremos

a nuestro Rey Soberano

al que anunciaron los tiempos

y al que cantaron los astros.

 

Venid, besemos los pies

a este Niño tan Bueno

que llegará a ser después

el Rey que lave los nuestros.

 

Bendice, Jesús Bendito,

a cuantos tus pies besamos:

y a cuantos te han ofendido

perdónales su pecado.

 

A María saludemos

como a la Madre más bella,

y a José, el hombre bueno

que cuida de Dios con ella.

 

Pedid por nosotros pobres

al que el más pobre naciera:

que dé la paz a los hombres

y llene de amor la tierra.

 

Nace un Niño de una Virgen

de una Virgen nace Dios,

de la estrella más humilde

de una estrella nace el Sol.

al besar al niño

Venid a besar al Niño

en sus mejillas rosadas,

a darle vuestro cariño

y a que os llene de gracias.

 

Miradlo recién nacido

como rocío de nácar,

en un pesebre dormido

cubierto de cuatro pajas.

 

Y cómo tiembla de frío

lucero de viva llama,

para encender el vacío

que desgarró nuestra nada.

 

Ven a mis brazos, mi Niño,

ven a besarme en la cara:

quiero ofrecerte el alivio

de que me cures el alma.

día de reyes

Cual blanda sonrisa

del alba nacida

en pálpito azul,

levanta sedoso

el día sus ojos

borrachos de luz.

 

Los Magos de Oriente,

en carros lucientes,

temprano vinieron,

sembrando de obsequios

los pies de Jesús.

 

Pasó ya el primero,

de rubios cabellos,

abriendo el tesoro,

en cofres de oro,

que encierra su amor.

 

Cruzó ya el segundo,

venido de mundos

huidos y extraños,

vertiendo a su paso

suavísimo olor.

 

Con mirra y ungüentos

llegó ya el tercero;

así dio noticia

que el Niño en su día

iría a la Cruz.

 

Tras ellos vayamos

llevando el regalo

de amores sinceros

al Rey de los cielos

que al mundo bajó.

 

María, tan bella,

es Madre y doncella,

nos da a su Niñito:

el fruto bendito

que de ella nació.

 

Miremos dichosos

aquellos sus ojos

que miran los nuestros

y en ellos dejemos

crecer nuestro amor.

 

Ardiendo mi pecho

en santos deseos,

humilde y modesta

pondré mis ofrendas

delante de él.

 

En fuego encendido

de amores divinos,

pondré ante su trono

mi cofre de oro:

la fiel castidad.

 

También mi obediencia

Pondré como ofrenda

que en humo de incienso

crepite en un beso

y cubra su altar.

 

Haré de mis bienes

-riquezas y honores -

un ramo de flores

que adornen sus sienes

desnudo en la cruz.

 

Bendice, mi Niño,

a quienes rendidos

te piden la paz

y otorga en tus dones

a todos los hombres

vivir tu amistad.

sagrada familia

Hombre glorioso, de larga sombra,

alma y cuidado de Santa Honra,

José bendito:

mira a tu hijito,

ruega por mí

 

Virgen de amables ojos, Doncella

Madre de blanda entraña, mi Dueña

tu mano buena

quiero tenerla

cerca de mí.

 

Ese tesoro que en brazos llevas

ese niñito que al rostro besas

dámelo luego:

llevarlo quiero

dentro de mi.

 

Cándido infante de dones lleno,

santo semblante del Dios Eterno,

divino Verbo:

llévame, ruego,

dentro de Tí.

la sagrada familia

1986

La Virgen lleva en sus brazos

la Bendición de los Cielos:

un Corazón todo labios

para estamparnos un beso.

 

Sol y Brisa y Agua blanda,

Hijo de Dios verdadero,

Paz de Amigo, Flor en arras

del Cariño más sincero.

 

La Virgen con su mirada

acaricia la del Verbo

y arde en fulgores su cara

cuando lo arrulla en su seno

 

Y José, transfigurado

por el pregón de los sueños,

con devoción ha forjado

un cascabel de silencios.

 

Dame, María, tu Niño

para acunarlo en mi pecho

y hacer con su beso el mío

un ramillete de incienso.

 

La Virgen en su regazo

brinda la Luz a los pueblos:

¡la Sonrisa del Dios Santo

para estamparnos un beso!

 

Vayamos a ver al Niño,

vayamos a darle un beso;

vayamos sin hacer ruido,

vayamos que está durmiendo.

 

Vayamos a ver al Niño,

vayamos que está despierto;

vayamos a recibirlo,

vayamos que es todo nuestro

déjame besar al niño

Anunciación - Vocación

En una estancia,

junto a los tuyos,

orabas tú;

y en el murmullo

de la plegaria

y fe común,

abriose el cielo

y voz y fuego

la Iglesia hicieron

mansión de luz.

 

Dijiste “Fiat”

y tu respuesta

mudose en flor:

estás abierta

a lo divino

en la oración;

y como sierva,

siempre en servicio

de tu Señor;

pronta la lengua,

presto el oído

para su voz,

con el Amigo

que de continuo

habla de amor.

 

Danos la gracia,

Señora nuestra,

de ser maestras

en la plegaria;

de estar clavadas

con nuestro espíritu

en las entrañas

de Jesucristo;

ser su palabra,

ser sus oídos,

ser su mirada,

ser su sentido,

y con la Iglesia

un alma sola,

que lo pregona

como una Esposa

fundida en él.

La Virgen y el Niño

Entre tus brazos

el Niño Bueno,

y de tus labios

un santo beso

al que es el Amo

del universo,

Señor y fuente

de todo bien.

 

¡Qué gran regalo,

sin merecerlo:

llevar pegado

junto a mi pecho

al Soberano

de tierra y cielo!

 

Deja en mis manos,

Madre, te ruego,

a tu pequeño:

en mi regazo

llevarlo quiero.

 

Virgen María:

con tu consuelo

en mis trabajos,

llegado al día

de poder verlo,

de contemplarlo

en alma y cuerpo

unida a Ti.

En una estancia,

junto a los tuyos,

orabas tú;

y en el murmullo

de la plegaria

y fe común,

abriose el cielo

y voz y fuego

la Iglesia hicieron

mansión de luz.

 

Dijiste “Fiat”

y tu respuesta

mudose en flor:

estás abierta

a lo divino

en la oración;

y como sierva,

siempre en servicio

de tu Señor;

pronta la lengua,

presto el oído

para su voz,

con el Amigo

que de continuo

habla de amor.

 

Danos la gracia,

Señora nuestra,

de ser maestras

en la plegaria;

de estar clavadas

con nuestro espíritu

en las entrañas

de Jesucristo;

ser su palabra,

ser sus oídos,

ser su mirada,

ser su sentido,

y con la Iglesia

un alma sola,

que lo pregona

como una Esposa

fundida en él.

invocación

Tienen tus ojos

la transparencia

del Santo Gozo;

tan luminosos,

muestran la esencia

del Poderoso;

y como fosos

de transcendencia

cantan la herencia

que un día todos

han de vivir.

 

Lleva tu seno

la luz del día,

el Sol eterno

que siempre brilla.

 

Ay qué contento

cuando ilumina

mi pobre vida

y en un reflejo

de limpio espejo

soy luz divina

nacida en ti.

 

Virgen María,

llena de gracia,

dame la dicha

de ser tu esclava,

sé mi abogada;

Tú, Madre mía,

ruega por mí.

coplas navideñas

Desde los tiempos antiguos

viene la Nueva anunciada:

Nacerá en el mundo un Niño

de Virgen Inmaculada.

 

Lo cantaron los profetas

con palabras inspiradas,

lo gritaron las estrellas

con sus voces de esmeralda.

 

Niño será con los niños,

y de los grandes, Maestro,

con los humildes, sencillo,

con los malvados, violento.

 

Padre será de los pobres,

conviviendo su pobreza:

hará del mendigo, noble,

para sentarlo a su mesa.

 

Tan débil y tan extraño,

tan pequeño y escondido

que nacerá en un establo

con un buey y un borriquillo.

 

¿Quién tendrá miedo del Rey,

que nace en casa modesta?

¡Si somos todos como él

y es suya la carne nuestra!

 

Vayamos todos corriendo,

y alegres demos los pasos,

el mismo Rey de los cielos

abre bendito sus brazos.

 

La Virgen mece en su seno

el más hermoso regalo,

que Dios concede a los pueblos,

para a su seno llevarlos.

Mis ojos te doy, mi Niño,

y también te doy mis manos;

toma además mis oídos

y la canción de mis labios.

 

Hazte Señor de mi mente

y Dueño sé de mis actos,

y en mi memoria presente

camina siempre a mi lado.

 

Venid, corred, adoremos

a nuestro Rey Soberano,

al que anunciaron los tiempos

y al que cantaron los astros.

 

Venid, besemos los pies

a este Niño tan Bueno,

que llegará a ser después

el Rey que lave los nuestros.

 

Bendice, Jesús Bendito,

a cuantos tus pies besamos:

y a cuantos te han ofendido

perdónales su pecado.

 

A María saludemos

como a la Madre más bella,

y a José, el hombre bueno,

que cuida de Dios con ella.

 

Pedid por nosotros, pobres,

al que el más pobre naciera:

¡Que dé la paz a los hombres

y llene de amor la tierra!

 

Nace un Niño de una Virgen,

de una Virgen nace Dios,

de la estrella más humilde,

de una estrella nace el Sol.

¡vamos a belén!

Viene la Virgen María

caminito de Belén

sobre un jumento cenizo

que enjaezo San José.

 

Luce en su pecho una rosa

y orla su pelo un clavel,

y el tomillo de las sendas

va perfumando sus pies

 

«Arre, borriquito, arre,

que comienza a oscurecer,

¡y ha de ser esta noche

cuando nazca el Enmanuel»

 

Vamos contigo, Señora,

en borriquito o a pie,

a mecer en nuestros brazos

al Señor que va a nacer

 

Con respeto y con cariño

animados por la fe,

besaremos a tu Niño,

que es nuestro Dueño también

 

Oh Virgen Santa, María,

Piadosa Madre del Rey,

ruega a tu hijo por todos

ahora y por siempre. Amén.

venid pastores

Mi Niño nace

en una cueva:

el Cielo se abre

sobre la tierra;

la Virgen Madre,

fulgor de estrella,

entre pañales

al Niño lleva.

 

Venid, pastores,

venid corriendo:

nos ha nacido

el Rey del cielo.

 

La noche es fría,

de puro invierno;

la luna brilla

con rostro nuevo;

y ¡cómo giran

los mil luceros

para, deprisa

venir a verlo!

 

Venid, zagales,

venid en vuelo:

nos ha nacido

el Niño Bueno.

 

Como en un nido

lejos del mundo

y en el olvido

del pueblo suyo,

lace mi Niño,

yace desnudo,

adormecido

al son de arrullos.

 

Venid, zagales,

venid sin miedo:

la joven Madre

nos deja verlo.

 

De las alturas

un mensajero

con gran premura

anuncia el hecho:

en la figura

de pobre Siervo,

es criatura

el Dios Eterno.

 

Venid, zagales,

venid cantando:

el Rey más grande

está esperando.

 

De lejos vienen

los reyes magos,

desde el oriente

vienen mirando

un ser celeste

que está anunciando:

¡El Dios potente

es vuestro hermano!

Venid, pastores,

venid, cantando:

el Rey que nace

es nuestro Amo.

 

Con gran pobreza

Rey Soberano,

a tu presencia

nos acercamos:

de tu largueza,

con amplia mano,

el alma llena

de tus regalos

Venid, humanos,

venid, contentos

el Dios nacido

es todo nuestro.

 

navidad

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

Cayó una estrella,

celeste aviso;

sobre la tierra

prendió su brillo;

y en una cueva

- rincón sombrío -

abriose entera

cual flor de lirio

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

En un pesebre,

el heno limpio

- de tan alegre

ha florecido -

sirve de lecho,

humilde y tibio,

al Rey del Cielo,

que está dormido.

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

La Virgen Madre,

rubí encendido,

- sus ojos arden

de amor divino -

quiere abrazarle,

y en mil cariños

el pecho le abre

a darle abrigo.

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

Entre fulgores

han recibido

unos pastores

en el aprisco

al Mensajero

que les ha dicho:

“¡Corred ligeros,

Dios ha venido!

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

Tres grandes Magos

han comprendido

lo que los astros

daban en signos,

y por parajes

desconocidos

dan al mensaje

honor cumplido.

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

En esta noche

de invierno frío

el rey Herodes

se ha conmovido:

De entre las gentes

de sus dominios

un Rey Potente

ha resurgido.

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

¡Qué maravillas

han sucedido!:

en sombras frías

¡un Sol en brillo!;

un Rey tan grande

¡y sin castillo!;

la Virgen ¡Madre!

y Dios ¡un Niño!

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

Salten los montes,

suenen los ríos,

dancen los hombres

enloquecidos:

Desde los cielos

con el rocío,

el Germen Nuevo

ha florecido.

 

Vayamos todos…

 

El Niño Rey

por nuestra vida

nació en Belén;

junto a María

y el buen José,

él nos bendiga

ahora y siempre.

Amén, amén.

 

Vayamos todos

a ver al Niño;

vayamos pronto

que ya ha nacido.

 

navidad

Alemania 1981

Fogón inmenso de fría lava,

desmiga el cielo un mar de escamas:

flotando suaves, en desbandada,

las nubes ciernen su blanca lana.

 

Caricia y beso de invierno amigo,

mi rostro rozan los copos finos.

Arropan campos, ahogan ruidos

y queda el mundo de luz ungido.

 

Azúcar blanda, el noble abeto.

Tapiz de nata el parque muerto.

Lechoso el roble en puño enhiesto,

abraza airoso los copos sueltos.

 

El tordo pardo, el mirlo negro.

La fina ardilla de raudos quiebros,

sus huellas plasman, como reguero

de vida nueva que late en sueños.

 

Esparce, nieve, tu blanca siembra.

Empapa fértil, la dura tierra:

el vidrio terso de tu corteza

¡despierte un día en flor y fiesta!

 

Oh chopo esbelto, que yergues fiero

el tronco añoso al rudo invierno...

Si yo pudiera al descubierto,

desnudo y firme mostrarme entero!

 

Desgarra, nube, tu hinchado seno

y salte, densa, al valle en duelo

la Paz eterna, el Buen Consuelo,

que espera ansioso al hombre enfermo.

 

Y sigue suave soplando el viento,

y sigue blanco, helado el suelo,

y sigue erguido el árbol viejo...

Mis ojos siguen mirando al cielo

 

Al mundo besa con paz la noche,

como de amores sagrado broche.

navidad

1986

Horas labradas

forjan el día;

perla engastada

cierra un collar;

años rodados

fraguan la vida;

ríos cansados

buscan el mar.

 

Llega a la Virgen su Hora;

la Virgen quiere cantar:

en brazos trae la vida

en un oscuro Portal.

 

Es entre todas las horas

la que hace al Sol despertar;

la que en espléndido día

rasga del cielo la paz.

 

Venid y ved al nacido;

venid a verlo mamar;

mirad que el pobre niñito

es Dios que viene a salvar.

 

Luces y sombras

tejen sus días;

gozos y penas

trenzan su andar;

años de amores

bordan la vida;

cruz de dolores

marca su faz,

 

Contigo quiero, María,

contigo quiero cantar;

contigo - ¡Ay qué alegría! -

al Niño Dios adorar.

navidad

1987

Te abrazas, Señor, al mundo

y encuentras su rostro en sombras,

su voz sin calor alguno,

sus pasos en marcha loca.

 

Mira, Señor, qué seguro

cree moverse en la historia,

cómo, borracho de orgullo,

defiende fiero sus obras.

 

¡Y quieres nacer desnudo

en una olvidada choza,

para mostrarle el absurdo

del oropel de sus glorias!

 

¿No ves, mi Señor, el muro

que os separa y afronta

y que a tus finos impulsos

va a responder con la mofa?

 

¡Oh mi Señor, cuántos insultos

han de llevarte las horas

en estos afanes tuyos

de quererlo hacer tu esposa!

 

Las doce suenan en punto;

la noche rompe en Aurora;

el Verbo nace desnudo…

¿Enmienda el hombre sus obras?

 

Bendita seas, María,

bendito seas, Señor,

por siempre bendito el día

en que nació el Salvador.

navidad

1988

Abríos, cielos, lloved,

rómpete tierra y germina

al Salvador de Israel,

al Sol de lumbre divina.

 

En la ciudad de Belén,

en una cueva escondida,

un asno mudo y un buey

dan al Señor acogida.

 

Corred, pastores, a ver

al Niño, vuestro Mesías;

mirad y verlo yacer

en cuatro pajas perdidas.

 

Venid, oh magos, y en fe

- con oro, incienso y mirra -

honrad al que es vuestro Rey

y de los cielos es guía.

 

Vamos nosotros también

a ver tan gran maravilla;

postrémonos ante él

y hagámosle compañía.

 

Palpad en esa su piel

la Paz que Dios nos envía,

y en esa boca de miel

su amor eterno en sonrisas.

 

Pues ha de ser esa sien,

que ahora apenas palpita,

donde en lugar de laurel

crezcan agudas espinas.

 

Jesús, mi gozo y mi bien,

contigo quede mi vida.

¡Cuando vengas como Juez

halle en tu voz acogida!

 

Bendito seas, José,

bendita seas, María,

y tú, bendito Enmanuel,

razón de tanta alegría

navidad

1988

Brota del páramo un Lirio

y de la nube una Luz,

del seno virgen un Niño

a quien le llaman Jesús.

 

Bajo un chamizo sin nombre,

en un pesebre común,

yace el Señor de señores

sin oro, encajes, ni tul.

 

El cielo suelta sus labios

en fuego blando y azul.

Pastores, ángeles, magos…

¡Cantad al Dios de salud!

 

Y del ocaso y del norte

y del oriente y el sur

rinden los vientos sus voces:

¡Anda y adórale tú!

 

Trémulo soplo de aurora

adormecido en pajuz…

¡Que por mi Rey te conozca

cuando te duerma la cruz!

navidad

1988

Venid, pastores;

mirad al Niño

recién nacido

en un pesebre,

capullo en flor;

venid a verle.

 

Palpad su rostro

- Dios con nosotros -

y abrid los labios

para besarlo:

¡Es el Señor!

 

Corra la voz

por el desierto

y por los montes:

¡Que Dios es nuestro,

que Dios es hombre

por puro amor!

 

Abrid los cofres

de vuestros dones:

que Él los llene

de sus mil bienes,

pues es su oficio

dar beneficios

al que le rinde

con gesto humilde

su corazón.

 

Santa María,

Madre divina,

Señora nuestra:

toma en ofrenda

para tu Niño,

con tu cariño,

nuestra pobreza,

nuestra obediencia

y castidad.

 

Y haz con tus ruegos,

buena Señora,

podamos verlo

con alegría,

cuando en su día,

lleno de gloria,

venga a juzgar.

 

También pedimos,

José bendito,

que nos consigas

del que tú cuidas

entre tus brazos,

fuerza en los pasos

de nuestra vida,

y del pecado

perdón y paz.

 

Venid, pastores:

Besad al Niño

recién nacido:

Desde el pesebre

honraros quiere

con su amistad.

navidad

1994

Venid, pastores.

venid a verlo:

¡De humilde estrella

nació el Lucero!

 

La Virgen buena

de ojos buenos

muestra en sus manos

de terciopelo

la Luz más pura

y el Sol más bello,

y entre caricias

y dulces besos

nos da a su hijo

para ser nuestro.

 

Gloria al Dios santo

que abrió los cielos

y aquí en la tierra

paz y consuelo

a los que anhelan

amor sincero.

 

Venid, pastores,

venid corriendo

a ver al Niño,

de Dios el Verbo,

que, recostado

en limpio heno,

rige el destino

del universo,

y con la mirra

y el fino incienso

demos el oro

de nuestro afecto.

navidad rasgada

1994

En un pesebre, lecho de hierbajos,

reposa el Enmanuel, oscuro Dios;

en un mundo florido de trabajos

la noche fría besa al mismo Sol.

 

Toscos pastores buscan por atajos,

páramos sin perfil, a su Pastor,

y, sin color, perfumes o agasajos,

adoran en el Niño al Salvador.

 

Hijos sin madre… , madres sin marido… ,

amores recortados por la cruz… ;

noches sangrantes, albas sin sentido,

rostros llagados, lágrimas sin luz…

vienen a ti y anhelan doloridos

que digas a cada uno: “En mí estás tú”.

 

La Virgen mece y lacta a su pequeño

con tiernos besos y encendida fe;

y el Niño duerme y mira en sus ensueños

a un mundo en odios que lo mira a él.

navidad

1995

Sostiene en sus brazos María

al Niño, que Dios nos regala.

José embelesado lo mira

y el asno y el buey lo acompañan.

 

Pastores vinieron deprisa

a ver al que el cielo anunciaba.

Lo vieron y dieron noticia

que Dios con nosotros estaba.

 

De Oriente llegaron con mirra,

con oro e incienso en sus arcas

los Magos, y allí de rodillas

a Dios hecho hombre proclaman.

 

¡Y Herodes persigue con ira

al Rey que gobierna sin armas!

¡Y el pueblo insensato se olvida

de dar a su Dueño posada!

 

Vayamos pronto, ¡de prisa!

a ver al nacido entre pajas

y puestos con fe, de rodilla,

pidamos besarle en la cara.

 

Pues todo será maravilla,

si, abiertos los ojos del alma,

brindamos sincera acogida

al Dios, que en el Niño nos salva.

navidad

1995

Entre los brazos,

José bendito,

meces al Niño,

que Dios nos dio.

 

Y con tus labios

besas el rostro

del más hermoso

capullo en flor.

 

Y es un mandato

de las alturas

que con tu ayuda

crezca en vigor.

 

Y esposo bueno

de Santa esposa,

que seas sombra

del mismo sol.

 

Pues tu palabra

será la guía

de la familia

del Creador.

 

Y con tu paso

de peregrino

hagas camino

al Salvador.

 

¡Viva a tu lado

la Virgen Madre,

y sé tú el padre

del Niño Dios!

 

Y por nosotros

pide a tu hijo,

José bendito,

la Salvación

navidad

1995

La noche fría,

con luz de nieve.

José y María

junto al pesebre.

El mundo duerme…

¡Y Dios enciende

un nuevo sol!

 

La cueva oscura

rompe en fulgores.

Junto a la cuna

unos pastores.

Pues son los pobres

los posesores

de tan gran don.

 

Conoce el buey

y entiende el asno.

Ignora el rey

y yerra el sabio.

Dios soberano,

Tú tan cercano

al hombre fiel.

 

¿A dónde miran

mis pobres ojos?

¿A un mundo en ruinas

por sus antojos?

Puesto de hinojos,

te reconozco

como mi Dios.

navidad

1996

Nos dijeron los pastores

que naciste en un pesebre

y venimos a ofrecerte

un solar para tus dones

 

Pues, como somos tan pobres

y hambre tenemos de bienes,

te pedimos que nos llenes

de tu amor los corazones.

 

Como el sol pinta las flores

y el orvallo tersa el césped,

rasga tú con luz celeste

la oscuridad de los hombres.

 

Bendito proclame el orbe

de corazón y de mente

al Dios que entre abrazos viene

a darnos de hermano el nombre.

navidad

1996

Tus entrañas, horno ardiente

ante el misterio de fe,

se abren a Dios obedientes

para ofrecerle tu ser.

 

Tus ojos llueven estrellas

y orla luceros tu sien;

en tu regazo una perla:

el Ungido de Israel.

 

Tu cabello riza esmalte

y arde ternura tu piel;

a tus pechos Dios en carne

apaga el hambre y la sed.

 

Tus mejillas son frambuesas

y tus labios flor de miel;

Virgen de esponsal grandeza,

eres la Madre del Rey.

 

Y al mirar hacia el poniente

por tu hijo el Emmanuel,

un puñal de filo hiriente

clava en tus gozos la hiel.

 

Pues al querer Dios bendito

entre pecados nacer,

has, por madre, recibido

una cruz en su merced.

 

¿Que más podemos decirte,

Sierva tú y Señora fiel,

sino de hinojos pedirte

que nos conduzcas a él?

 

María, llena de gracia,

principio de nuestro Bien,

presenta a Dios la plegaria

que ponemos a tus pies.

 

“Santa María,

Madre de Dios,

pide por todos

gracia y perdón”.

navidad

1996

En medio del silencio de la noche,

el más dichoso que jamás hubiera

en el pesebre ocasional de un porche,

de carne se vistió la luz eterna.

 

Y así fue que se unió en fraterno broche

el cielo excelso con la humilde tierra,

porque Dios, el Señor, en un derroche

de amor, Madre llamó a la Virgen Sierva.

 

¿Por qué no contemplamos las hazañas

que Dios obró, tan limpias y cercanas,

nosotros que de hombres nos gloriamos

por escrutar el mundo en sus entrañas?

¿Habremos ya perdido el entusiasmo

de vernos como somos en sus brazos?

 

Admiremos en Dios nuestro misterio

al contemplarlo frágil y pequeño.

navidad

1996

¿Por qué, Señor, quisiste hacerte hombre,

vivir con mentes torvas y deseos

que habrían de clavarte por blasfemo

y hacer escarnio de tu santo Nombre?

 

Pues, siendo rico, naces solo y pobre,

y habitas, siendo santo, con perversos,

y hasta tal punto llega tu descenso

que mueres en la cruz entre ladrones.

 

¿Y quién podrá adentrarse en las razones

que todo un Dios, dichoso en su misterio,

tuvo para forjar, en drama intenso,

un mundo de tan drásticas tensiones?

 

Cruz y victoria, Rey bajo sayones,

vibrante espada y acoso de desprecios,

desnudo y rico y Vida por ser muerto,

resplandeciente Sol y nubarrones…

 

Pues naces en cabaña de pastores

y es un pesebre el fulcro de tus sueños,

dame el poder de comprender tu empeño

de hacerme eco fiel de tus amores.

navidad

1997

En tus labios la sonrisa

y en tu rostro luz y fuego,

brillo terso en tus pupilas

y el alma en ascuas tus besos.

 

Duermes al Niño entre briznas

sobre un puñado de heno,

tus ojos limpios lo miran,

adivinando sus sueños.

 

Y, cuando tú lo acaricias,

al arrimarlo a tu pecho,

cómo, Señora, te envidian

los serafines del cielo.

 

Deseas que sus mejillas

las cubra yo con mis besos

y que al oído le diga

que por amigo lo quiero.

 

Dame, Oh Virgen María,

ser su leal compañero,

pues por hermano se brinda

al entregarme su afecto.

 

Y haz que mis pasos le sigan

por donde él va primero,

aunque la cruz en la cima

descubra su rostro fiero.

navidad

1997

Ha nacido el Salvador,

ha nacido el Enmanuel,

ha nacido nuestro Dios,

ha nacido nuestro Rey.

 

Viene a su pueblo el Señor

en la ciudad de Belén,

y es como abierta una flor

entre María y José.

 

Con su luz -es nuevo Sol-

ilumina todo ser;

con su vida -Buen Pastor-

alimenta al pueblo fiel.

 

¡Qué humana tiene la voz!

¡Es dulce como la miel!

Es celestial Bendición

que contiene todo bien.

 

Danos, María, el favor,

con el bendito José,

de besar con todo amor

al que adoramos con fe.

 

Ha nacido el Salvador,

¡el esperado Enmanuel!

hecho hombre todo un Dios

entre la mula y el buey.

 

Bendito seas, Señor,

y alabado tú, mi Rey;

para ti mi corazón

ahora y por siempre: Amén.

navidad

1997

La luna, pupila blanda,

enmudece las estrellas,

la Virgen, con su mirada,

abrillanta la más bella.

 

En los linderos del orbe

juguetón trista un cometa,

en el fragor de los hombres

extrema Dios su presencia.

 

¿No es el tomillo oloroso

por más humilde que sea?

en un establo ruinoso

se abre la rosa más fresca.

 

Bajo párpados de nácar

sueñan un cielo dos perlas,

sobre un manojo de paja

levanta el Señor su tienda.

 

Suelta el tronco espinoso

burbujas de primavera;

el Dios todopoderoso

nace de humilde doncella.

 

Desmiga el agua las rocas

y el viento estruja las piedras,

¿de amores sus ansias locas

quebrarán nuestra soberbia?

 

Creador de los espacios

y Señor de las esferas,

bendícenos como hermano

y danos la vida eterna.

navidad

1997

Hiciste, Señor, tuya nuestra historia

- crímenes, odios, lágrimas sin mengua -.

la humana sangre enrojeció tus venas

y por blasón tomaste nuestra escoria.

 

Nuestra malicia despiadada, sorda

a los gritos de amor de tu alma tierna,

clavó sus garfios cínicos, de fiera,

en tus entrañas como don de bodas.

 

Pues nos besaste como a propia esposa,

aún siendo carne de burdel enferma,

y hermano declaraste sin reservas

a quien negaba tu amistad hermosa.

 

¿Cómo, señor, quisiste, a tu memoria,

plasmar un cielo con tan densa niebla

y empañar los fulgores de tu gloria

con el fango brutal de nuestra tierra?...

 

Portal y bestias, pajas y pesebre,

José y María, Ángel y pastores,

relumbre sideral, lejanos reyes,

el orbe en paz y tú, Señor, que duermes...

 

¡Ten piedad de nosotros pecadores!

navidad

1997

Desatan las olas su cresta de espuma

y acolcha con ella la brisa en la cuna

un blando y florido edredón a Jesús.

 

Desliza risueña su rostro la luna

y espesa el aliento del buey y la mula

en copo de seda y capullo de tul.

 

Diluye el perfil de José la penumbra

y sólo sus ojos, ¡en llamas!, relumbran

al ver a una Virgen al Sol dar a luz.

 

El Dios de los cielos nació criatura

y en siervo cambió su divina figura:

pastores y magos lo adoran con fe.

 

Su madre, María, en los brazos lo arrulla

y da de sus pechos humana pastura

al que es el Cordero y Pastor de Israel.

 

Vayamos nosotros también a la gruta

-los ojos abiertos y el alma desnuda –

y un beso ofrezcamos al Niño Enmanuel.

 

Que no hay en la tierra más grata ventura

ni don más excelso ni gloria más pura

que vernos mirados por Cristo el gran Rey.

navidad

1999

En un pesebre

-pajas y heno-

mi Niño llueve

calor de cielo.

 

Sobre su frente

brilla un lucero;

la luna envuelve

de luz su cuerpo.

 

En un pesebre,

mi Niño bueno

dormido teje

un tul de sueños.

 

Su voz enciende

un mundo nuevo,

¡es el orfebre

del universo!

 

¡Su Madre buena

cómo lo mira,

cómo lo besa

en las mejillas!

 

¡Son tan hermosos

aquellos ojos

y tan divinas

sus dos pupilas!

 

¡Qué lindo verlo,

con nuestro rostro,

tomar cual propios

los males nuestros!

 

Dame, mi Niño,

dame, te ruego

gustar los sueños

que en lo escondido

tu vas tejiendo.

navidad

1999

¿Dónde están hoy los luceros

y el medallón de la luna?

En un pesebre -¡su cuna!-

un Niño juega con ellos.

 

La noche espesa su entraña

en el cenit de sus horas...

A su Señor, juguetonas,

tejen un tul las arañas.

 

Y ahoga. el viento sus bríos

y el huracán sus querellas...

Sobre el Portal una estrella

festeja al recién nacido.

 

El buey y el asno a su Dueño

con el aliento encapullan;

centinela, la lechuza

suave sisea sus sueños

 

Con santo temblor contempla

el buen José a su Pequeño

y su esposa, todo cielo,

mece al Niño en su pechera.

 

Bendito, Tú, que quisiste,

para borrar lejanías,

elegir, cuando nacías,

esta nuestra carne humilde.

 

Sin que nadie conociera

la densidad de tu Nombre,

siendo Dios te hiciste hombre

en una apartada cueva.

 

Corramos con los zagales

a postrarnos ante el Niño,

el Dios-con-nosotros Vivo

nos hará sus familiares.

 

Reverencian animales

a su Rey en un establo,

¿dónde el notable y el sabio

que no ven estas señales?

navidad

1999

¿Por qué se atilda el romero

y se perfuma el tomillo,

si el sol alarga su sueño

y olvida la luna el brillo?

¡De virgen y humano seno

Dios hecho hombre ha nacido!

 

¿Por qué en la estepa la esquila

ensancha su voz de plata

y las estrellas titilan

como burbujas del alba?

¡Dios en rocío destila

Al Hijo de sus entrañas!

 

¿Por qué de improviso enciende

su informe seno la noche

y en rayo de luz se vierte

sobre olvidados pastores?

¡Yace en humilde pesebre

el Salvador de los hombres!

 

¿Y dónde están, con Herodes,

en esta noche agraciada,

los poderosos del orbe

para poder celebrarla?

¡Si viene Dios a los pobres

y tiene el amor por armas!

 

Reverdezca el árbol seco,

despierte el páramo en flores,

rompa la noche en colores...

¡Y sea el silencio el eco

a los divinos amores

que Dios prodiga sin tiento!

 

Vete animoso a Belén

y adora al Niño en la cueva:

Dios quiere darte con él

de su amor la mayor prueba.

Ha nacido el Emmanuel:

¡Dios-con-nosotros te espera!

 

Con María y con José

ofrezcamos nuestros dones,

esperanza, firme fe

y amor a Dios y a los hombres;

tan sólo así podrá ser

Rey de nuestros corazones.

navidad

El cielo, todo pupilas,

un beso estampa de luz;

el ángel dice a María:

“Madre de Dios eres tú.”

 

Rasga la nube su gasa

y arde la tierra en frescor;

María no encuentra casa

donde alumbre el Salvador.

 

El tronco esponja su entraña

y surge un vástago en flor;

en una humilde cabaña

de Virgen nace el Señor.

 

Los montes floran romeros,

la abeja cuece su miel;

unas ramitas de espliego

abrigan al Enmanuel.

 

Rugen bravíos los mares

y fiero arrolla el tifón;

al arrullo de animales

abre sus ojos el Sol.

 

Muertes, odios, sangre y guerra,

esclavitud y opresión;

a la sombra de una cueva

ha nacido nuestro Dios.

 

¿Y dónde están los tan nobles,

los del poder y el honor?

¡Si es el Dios de los pobres

quien nos da su Bendición!

 

Danos, Señor, conocerte

y hallar en ti la Verdad,

pues Tú naciste inocente

para enseñarnos a amar.

navidad

En medio del silencio de la noche,

el más dichoso que jamás hubiera,

en el pesebre ocasional de un porche,

de carne se vistió la Luz eterna.

 

Y así fue que se unió en fraterno broche

el cielo excelso con la humilde tierra,

porque Dios, el Señor, en un derroche

de amor, Madre llamó a la Virgen Sierva.

 

¿Por qué no contemplamos las hazañas

que Dios obró, tan limpias y cercanas,

nosotros que de hombres nos gloriamos

por escrutar el mundo en sus entrañas?

 

¿Habremos ya perdido el entusiasmo

de vernos como somos en sus manos?

Admiremos en Dios nuestro misterio

al contemplarlo frágil y pequeño.

navidad

Nos dijeron los pastores

que naciste en un pesebre

y venimos a ofrecerte

un solar para tus dones.

 

Pues como somos tan pobres

y hambre tenemos de bienes

te pedimos que nos llenes

de tu amor los corazones.

 

Como sol pinta las flores

y el orvallo tersa el césped,

rasga tú con luz celeste

la oscuridad de los hombres.

 

Bendito proclame el orbe

de corazón y de mente

al Dios que entre abrazos viene

a darnos de hermano el nombre.

navidad

Tus entrañas, horno ardiente

ante el misterio de fe,

se abren a Dios obedientes

para ofrecerle tu ser.

 

Tus ojos llueven estrellas

y orlan luceros tu sien;

en tu regazo una perla:

el Ungido de Israel.

 

Tu cabello riza esmalte

y arde ternura tu piel;

a tus pechos Dios en carne

apaga el hambre y la sed.

 

Tus mejillas son frambuesas

y tus labios flor de miel;

Virgen de esponsal grandeza,

eres la Madre del Rey.

 

Y al mirar hacia el poniente

por tu hijo el Emmanuel,

un puñal de filo hiriente

clava en tus gozos la hiel.

 

Pues al querer Dios Bendito

entre pecados nacer,

has, por madre, recibido

una cruz en su merced.

 

¿Qué más podemos decirte,

Sierva tú y Señora fiel,

sino de hinojos pedirte

que nos conduzcas a él?

 

María, llena de gracia,

principio de nuestro Bien,

presenta a Dios la plegaria.

que ponemos a tus pies.

 

“Santa María,

Madre de Dios,

pide por todos

gracia y perdón”.

navidad

En una cueva sin dueño

nace el Dueño universal;

los propios siervos lo ignoran

mas los extraños lo adoran

como a su Rey y Señor.

 

El Creador de los hombres

siendo, Dios se hace un mortal;

los soberbios lo rechazan

y los humildes lo abrazan

como a su hermano mayor.

 

De él el mundo se mofa

por su manera de obrar;

un pesebre lo revela

como el poder y la. ciencia.

de un ilimitado amor.

 

Pues esclavos del pecado

Nos quebraba eterno mal;

su carencia nos libera

y libres ya nos encierra

en las entrañas de Dios.

 

Gloria a Dios en las alturas

y a las gentes santas paz;

todo es luz en esta día

pues del seno de María

hecho hombre nace Dios.

navidad

La luna trenza luceros

sobre almohadones de tul:

la Virgen teje sus sueños

con ramilletes de luz.

 

Los riscos hurgan veneros

y el mar revienta de azul:

sobre unos haces de heno

“Dios-con-nosotros”, Jesús.

 

Novas, con guiños de jade,

bordan los cielos en flor:

a María dice el ángel:

“Tú eres la Madre de Dios”.

 

Locas trepidan las gentes

en oquedades de horror:

en las pajas de un pesebre

los pobres ven al Señor.

 

La noche escancia rocío,

la estepa ríe verdor:

la Virgen besa a su Niño

y nos lo da Salvador.

 

Gritos, lamentos y ayes,

un mundo roto en furor:

Dios-hombre entre unos pañales

nos mira lleno de amor.

 

Los vientos siembran auroras

y el alba riela candor:

María, nuestra Señora.

duerme en sus brazos a Dios.

 

Podridas ansias mi vida,

en vanidad de ilusión:

dame, Señor, por María

llenar de ti el corazón.

Navidad

2001

Regala la Virgen sus ojos enteros

al Niño que mecen benditos sus brazos,

deshoja encendida la flor de sus labios

en ósculos blandos –latidos de fuego–

y funde su rostro en el suyo nimbado de luz.

 

¿Trepidan los párpados?: sueños sombríos…

¿Se agita la mente?: visión de futuro…

Cadáveres, sangre, rencores profundos…

–espada punzante en pecho florido–

emplazan brumosos al Niño en la cruz.

 

¿Por qué el firmamento no llueve relámpagos

y rasgan en himnos los vientos su entraña…

y el sol no adelanta jovial la mañana…

y el hombre a sus pies no se arroja postrado

si el Niño que nace es el Hijo de Dios?

 

Silencio candente –pregón del misterio–;

pastores atónitos, tácito el mundo…

pañales y pajas, pesebre desnudo…

revelan a un Dios, cercano y pequeño,

que viene a ser siervo en lugar de ser Rey.

 

Vayamos gozosos a ver a este Niño,

consuelo y corona de toda la tierra;

veamos cumplidas en él las promesas

que Dios por sus santos hiciera de antiguo:

hacer carne nuestra su propio destino

y ser siempre nuestro y nosotros de él.