mañana

Nace canción la mañana,

nace sedienta de luz;

las nubes visten de nácar

y el cielo ríe en azul.

 

Tu mano limpia mi cara

con la señal de la cruz:

desde la aurora me llamas,

con tu semblante en mi entraña

a caminar como Tú.

mediodia

Las sombras huyen desnudas

y llueve brasas el sol;

en el barro quemaduras

y en las aguas conmoción.

 

Flota la nube en la altura

como vellón de vapor:

el alma busca frescura,

se refugia en tu figura

y la gusta en ti, Señor.

hora sexta

Las horas lentas

que, soñolientas,

en polvo de oro

convierte el sol,

 

descansen todas

bajo la sombra

de tu Cayado,

mi Buen Pastor.

 

Sesteen, beban,

reparen fuerzas

en esas llagas

de tu dolor.

 

Levanten luego

de Luz y fuego

en viva llama

de Santo amor.

 

Y sean ellas,

como doncellas

en alborozo,

canción y flor.

tarde

Cae la tarde, morosa,

cae borracha de Luz;

las nubes visten de rosa

y el cielo empaña su azul.

 

El corazón, mariposa,

torna su vuelo en quietud:

en la oración, animosa,

gime al Esposo la esposa:

¿Cuándo, Señor, vienes Tú.

atardecer

“El cielo proclama la gloria de Dios”(Sal. 19, 2)

El sol, cansado, su rostro inclina;

panal, sus rayos placer destilan;

las avecillas alegres chillan

en la arboleda sombría y tibia.

 

La brisa, blanda, sus alas mueve,

y suave, suave -jugando viene-;

en cada rosa un beso prende,

al cielo arrulla, perfuma y duerme.

 

Tres nubes blancas, allí en la altura,

su lecho trenzan de luz de luna.

Palomas pardas de rauda pluma

cristales cortan con su figura.

 

La raya curva, que pinta el monte,

-abrazo dulce del horizonte-

se torna rojo, color de cobre.

Avergonzado, el sol se esconde.

 

Vergel frondoso -sabor a cuento-

el campo teje oscuro atuendo,

y besa ardiente y soñoliento

la frente tersa del firmamento.

 

Afloran sombras, vapor de tierra.

alargan, lentas, sus hebras negras.

Un chal bordado de mil estrellas

pregona, recio, la noche en vela.

 

Mi alma toda, en paz, tranquila.

Mis ojos, largos, en la campiña

gigantes abren sus dos pupilas

y gustan, hondos, tu faz divina.

 

Tu brazo siento, tu rostro veo.

De las estrellas el parpadeo.

Sonrisa tuya es y requiebro

que envías, Padre, del alto cielo.

atardecer

Quieto el abedul

las sombras quietas.

Ojos la luz transparenta.

En el mundo se despierta

la silueta

del gran TU.

Tu

cuando nace

el sol y cuando muere.

 

TU

en lo que se hace

vive y mueve.

TU

en el cielo azul.

Todo pasa, todo vuelve.

 

Sólo el yo diminuto y breve

parece que se sostiene

sin resignarse a morir.

Pero, ay, que no se quiebre,

es tan pobre y tan endeble

que amenaza sucumbir.

 

Y sólo el TU gigante

que prolonga su figura

sobre toda criatura

lo mantiene en el vivir.

 

Un TU

un yo ¡Un Tu-yo, Señor!

Y es tu Amor tan divino

que de tuyo hace mío

y de mí con-creador.

noche

La noche cubre la tierra

con amplio y negro capuz;

la nube pierde su huella,

la luna viste de tul.

 

Se hace el silencio tesoro

y el abandono salud;

pregona el cielo sonoro

-susurros de plata y oro-

que nuestra paz eres Tú.

graba, señor, Tu rostro en mi memoria

Graba, Señor, tu rostro en mi memoria

y guarda en ella frescas tus facciones

¡que quiero recordarte en mis acciones

y ser destello claro de tu gloria.

 

Dame entender las cosas transitorias,

como canción y flor de tus amores,

y comprender el mundo y sus valores

para llenar de paz la humana historia.

 

Dame una voluntad capaz de amarte

y sentimientos límpidos y tersos

para poder en mí transparentarte.

 

Quiero en tu impulso alzar un universo

que pueda con dulzura reflejarte

¡Tus labios dame ser, tu voz y verso!

 

(En mis estudios llévame tu mano

y hágame servidor de los hermanos)