canto

1985

Un cierzo suave alivia la noche.

sueña holgada la chopera.

La luna, sonrisa a medias,

proyecta sombras lejanas.

Gracias, Señor:

Tú nos abrasas,

Tú nos refrescas.

canto

Ni el sol jamás yo puse,

ni la luna tan bella,

ni el rebaño de estrellas

que cortejan las nubes.

 

Ni yo, ni mi familia,

ni nadie de mi raza,

que tales maravillas

en el cielo colgara.

 

Y uno y otro día,

el espejo gigante,

en fulgor llameante

hacia mí se avecina.

 

Tú eres, Señor, quien sales

del misterio profundo,

te alargas en el mundo

para que yo te hable.

 

Pues todo lo creaste,

Señor del universo,

como quien suelta un beso

para en él yo besarte.

 

Y te beso y te canto

con impulso sincero,

como niño pequeño

con ingenuo entusiasmo.

 

Tú, -alborada y tarde-

con sentidas entrañas

hijos tuyos nos llamas

y a ti nosotros Padre.

 

Pues son las cosas todas

canción de tu cariño,

anaz, prenda y anillo

del festín de tus bodas.

 

¡Que no hay mejor amante

ni más leal amigo

que tú, que te encontraste

para vivir conmigo.

canto a la luna

Beso de noche,

risa de seda,

faro de coche,

sueño de estrellas.

 

Cuerno de cabra,

cata mordida,

boca de hada

siempre encendida.

 

DE mentirosa,

CE invertida,

ojo de rosa

cuando nacida

dos caras tienes,

dicen las niñas:

 

Una de nieve,

otra dormida.

Plato de nata,

mancha de cera,

barco de plata

con una vela.

 

Luna, lunera,

cándida amiga,

¿tú no quisieras

subirme arriba?

Ay quien pudiera,

como la luna,

desde la altura

mirar la tierra.

 

Llévame al cielo,

luna, lunera:

Jugar yo quiero

con las estrellas.

Con tu presencia

blanca naranja,

tú nos recuerdas

que Dios nos guarda

que Dios nos vela.

 

Oh si más alto

tú me llevaras

a ver el manto

do duerme el alba,

y en brinco loco

como un chiquillo

besar el rostro

del sol nacido,

tú me dejaras

luna, lunera,

perla celeste,

mi compañera,

sólo de verte

mueren mis penas.

el carrizo

Espiga de carrizo,

flor humilde de espuma,

mechón, madeja, rizo

del candil de la luna;

 

llama de estambre fría,

gallardete de lana,

juvenil danzarina

con crespones del alba;

 

tosca flor de los ríos,

cabellera galana,

que venteas tus hilos

al murmullo del agua.

 

Te cimbreas amiga,

con vaivén de sultana

a los vientos que silban

y al huracán que brama.

 

Novia, tú, de los hielos,

del turbión y nevadas,

a los besos del cierzo

silabeas baladas.

 

Y en movimiento grácil

y destreza acabada

combas tu cuerpo frágil

sin quebrar tus entrañas.

 

(Y mueres silenciosa

cuando de vida llena,

-margaritas y rosas-

nace la primavera)

 

Sin color ni perfume

¡y ejemplar de modestia!

como cirio sin lumbre

¡y almenar de prudencia!

 

 

Dame, Señor, sencillo,

al aire de tu ciencia,

medrar como el carrizo,

erguida la cabeza,

 

sin miedo al torbellino

ni horror a la tormenta,

-sin perfume ni brillo-

alarde de modestia.

el membrillo

Modesto de brazos,

de imagen enana,

cuajado de flores,

extiende las ramas.

 

También el membrillo

es fruta lozana:

cogida en otoño,

será mermelada.

 

Enjuto de carnes,

perfuma las arcas:

las ropas de fiesta,

las sábanas blancas.

 

Ay cuántas personas,

de lánguida cara,

de pobre figura

y voz apagada,

 

en tiempos angostos

endulzan la casa

y guardan la esencia

cual fruta en el arca!

el tomillo

Soy hogareño

-como el membrillo-

y entrañas llevo

 

de bien nacido;

y aunque pequeño

y recogido,

 

las auras lleno

de mil cumplidos:

al aire libre

 

crezco sencillo

y en gesto humilde

perfumes brindo.

 

No tengo dueño;

vivo en sequizo;

gris es mi cuerpo,

 

de escaso brillo;

zarcos, mis labios,

-ya florecido-

si el mes de Mayo

da su rocío.

 

Hacia el desierto

voy de camino;

pasto en los suelos

empobrecidos;

 

soy oloroso,

y agradecido,

si cariñosos

habláis conmigo:

 

yo doy mi esencia,

reconocido,

al que me besa

con gesto amigo:

 

sólo el rozarme

rompe mi olvido,

y al estrujarme

canto con brío.

Una ramita

del cuerpo mío,

y ¡qué delicia

para el sentido!

 

Es mi fragancia

como un suspiro:

sonrisa y gracia

del aire tibio.

 

¿Sabéis quién soy?

¿Cuál mi apellido?

¿Que yo no doy

ni luz ni brillo?

¡Soy el tomillo!

 

¡Cuántos los hombres

-como el olvido-

crecen sin nombre

por los caminos!

 

Pero si el suelo

gime en sequizo

y no hallan medio

de revivirlo,

 

surgen de pronto,

de lo perdido,

raíz y tronco

en flor vestidos;

 

y aunque pequeños

y oscurecidos,

de aromas llenos,

como el tomillo,

 

lavan y curan

lo más podrido

y dan frescura

con su sentido.

 

Que yo en tu Iglesia,

sin yo sentirlo,

sirva de esencia

como el tomillo.

¡ay mi arbolito!

Saltan graciosas en la alamada,

sueltas en trinos, las cardelinas.

Cruzan los aires -es Primavera-

Entre cabriolas, las golondrinas.

 

Suaves las brisas, en los romeros

bocas abrieron de néctar llenas.

Algunas quedan en el almendro.

Loca trabaja la aveja buena.

 

Ay mi arbolito, desnudo y seco,

sucio de musgo por el olvido.

Ay mi terruño de incuria lleno

¿Veráse luego ya florecido?

 

Cúantos momentos pasando han ido

sin más detalle que ser pasados.

Cuántas las horas que se han perdido

hartas y hueras de haber soñado.

 

Aura del cielo, calor y fuerza,

rompe en amores la costra dura,

llena de frutos la antigua siembra,

cambia mi mente en tu “cordura”.

 

Suelte ya hojas el árbol mío;

abra sus ojos mi fantasía;

brinde ya el astro mayores bríos;

muerda el noche la luz del día.

 

¡Quién, arbolito de ramas verdes,

presto adornado pudiera verte!

El Aire Santo mueva tu copa:

Griten los vientos:

¡Las hojas brotan!

las nubes por mi ventana

Juego de luces,

-circo en pantalla-

pintan las nubes.

por mi ventana.

 

Unas obscuras,

otras, más claras,

vuelan y cruzan

por mi ventana.

 

Plomo y ceniza,

bancos de lana,

trazan figuras

por mi ventana.

 

Montes de crema,

cintas doradas,

todas son bellas

por mi ventana.

 

Siembran la nieve,

sueltan el agua:

abren su vientre

por mi ventana.

 

Vientos que hunden

recios sus alas,

lanzan las nubes

por mi ventana.

 

Corren y corren,

ruedan y ruedan;

pronto se encogen,

pronto se enredan.

 

Unas se expanden,

otras se aprietan:

unas con otras

locas se besan.

Ora se escurren,

ora se aclaran,

ora descubren

risa azulada.

 

El sol enjuga

su linda cara

con hilaturas

de porcelana.

 

(Y por la noche

-azogue y nácar-

con ellas juega

la luna blanca)

 

¿Qué sin las nubes

es mi ventana?

Si esto, que presto cual canto se esfuma

y en copo de bruma tu soplo diluye,

tu mano recubre de tanta hermosura,

SEÑOR, ¿qué serás TU, gustado en hartura?

las margaritas

Tapiz esmeralda

bordado de estrellas:

el día las abre,

de noche se cierran.

 

Hijuelos de luna

en lecho de seda,

semillas de fuego

el sol en la tierra

 

¡Ay! mis margaritas,

engarces de plata,

doradas boquitas

abiertas al alba.

 

Un poco de fuego,

Señor, de tu llama

enciende en la hierba,

que cubre mi alma.

 

(Haz flores la Siembra

que ahoga la grama:

y sueñen de noche

y rompan al Alba).

llovizna y nubes

(1985)

Parlotean los gorriones,

chirrían las verdecillas,

y las nubes… ¡nubarrones!

rasgan su entraña en llovizna.

 

Apenas si parpadea

la luz, en sueños mecida;

la verdeante alameda

en penumbras se adormila.

 

Huyó la línea del monte,

su color la tierra olvida,

se derrite el horizonte

en vaporosa neblina.

 

Canciones, sopor, desmayo

y del cielo el agua limpia,

rumor humilde de orvallo,

y la tierra agradecida.

 

Alborotan los gorriones,

chirrían las verdecillas.

y las nubes… ¡nubarrones!

dan de mamar a las viñas.

 

- Enllentecen sus artejos,

desentumecen sus fibras,

y en pámpanos, bodegueros,

azucaran la bebida-.

 

Canto, Señor, tus labores

y al viento suelto la rima;

qué poquedad la del hombre

que ni siquiera las mira.

lluvia

Unas tras otras,

sueltas y claras,

suenan las gotas

en mi paraguas.

 

Saltan, rebotan,

vibran, se aprietan,

danzan y trotan,

haciendo fiestas.

 

Juegan y corren,

silban y cantan,

ríen, se rompen

en carcajadas.

 

Cubren la charca,

besan la acera

bruñen de plata

la carretera.

 

Ungen el suelo,

llenan la acequia.

Agua del cielo,

bendita seas.

 

Llueves el pan,

llueves el vino,

aguas sois ya

campo florido.

 

Vides, trigales,

verdes praderas,

montes y valles

bullen de estrellas.

 

Aguas de Mayo,

dulces y buenas,

lluvia del año,

¡Bendita seas!

mis cigüeñas

Sobre la torre

-y en las almenas-

tienen su nido

nuestras cigüeñas.

 

En el invierno,

y en primavera,

y en el verano,

y en la otoñera,

 

pues sin moverse

allí se quedan, `

sobre el castillo,

y en sus almenas,

tejen el nido

nuestras cigüeñas.

 

Y cuando llueve,

y cuando nieva,

y cuando el hielo

muerde la tierra,

 

-garfios de hierro-

fijos en piedra,

sobre la torre

y en las almenas,

cuidan su nido

nuestras cigüeñas.

 

Y si las nubes

trenzan la niebla

y por el fuego

los aires queman,

cual pararrayos

y centinelas,

 

veréis la torre,

y en sus almenas,

junto a su nido,

a las cigüeñas.

 

Si arrecia el cierzo,

lo cortan ellas;

y si el bochorno,

sueltan las velas:

son de los vientos

 

las carabelas;

sobre la torre,

y en las almenas,

cruzan los aires

nuestras cigüeñas.

 

Si el sol hidalgo

las bruñe y tersa

la luna blanda

corteja y besa

bajo techumbre

 

de mil estrellas,

sobre la torre,

y en sus almenas,

beben los sueños

nuestras cigüeñas.

 

Abajo el foso

y la arboleda,

y un haz de críos

que corretean;

de los infantes

fiel compañera,

 

desde la torre,

y en las almenas

baten sonoras

las castañuelas.

Y con palomas

que se zurcan,

y con gorriones

que parlotean

-son moradores-

de aquellas piedras

desde la torre y sus almenas

miman sus crías

nuestras cigüeñas.

 

Sabéis vosotras,

buenas

que es lo más bello

de mis cigüeñas.

 

Que cuando el cielo

solemnes vuelan,

de cruces vivas

los aires llenan,

y en sombras leves

sobre la tierra

marcan el signo

de su presencia:

 

la cruz bendita,

salud eterna,

dibujan limpia

nuestras cigüeñas.

 

Y aunque los vientos

y las tormentas,

y los estruendos

de nubes negras

intenten hoscos

romper con ella,

 

darán del cielo

en flores sueltas

la móvil forma

de su silueta.

 

Desde la torre,

y en las almenas.

donde se yerguen

nuestras cigüeñas,

salta florida

como una estrella

la cruz bendita

sobre la tierra.

 

Volad vosotras

la limpia esfera,

mas en la vida

y acciones vuestras

lloved la gracia

de vuestra entrega.

 

Desde la torre,

¡de sus almenas!

llenad de Cristo

la humana tierra.

niebla y escarcha

Despierta la aurora embozada de seda;

toquilla de bruma se ciñe la tierra;

el valle se esconde, asoma la sierra;

translúcido el cielo oculta su azul.

 

El templo dormita en un halo de espuma;

difusa se torna su recia figura;

disuelve sus líneas vapor de frescura;

borrosa en la cumbre se yergue la Cruz.

 

Del pino la barba se viste de canas;

los brazos del sauce de hilachas de lana;

la acacia fornida simula fantasmas;

se esparce medrosa y tenue la luz.

 

El silbo sonoro de mirlos ha muerto;

susurros de ensueño desgrana el abeto;

rociado de leche el álamo esbelto,

rezuma en el tronco helado sudor.

 

El hálito frío del mes de febrero

detiene las aguas en blanco sendero;

desprende el arroyo opalinos destellos,

letargo en su entraña, huido el calor.

 

El grave castaño de seria mirada

se unge, austero, de limpia rosada;

altivos cipreses desnudan la espada

buscando impacientes la lumbre del Sol .

 

La higuera huesuda encoge sus dedos;

del plátano cuelgan boliches de hielo;

los flecos agudos de jóvenes cedros,

cubiertos de azúcar, revientan en flor.

 

El día desciende de la alta montaña

en nube se eleva la tela de araña;

el vaho de vidrio, que todo lo empaña,

se esfuma: orea la tierra una aura sutil.

 

El sol, hecho luna, rodaja de plata,

enjuga su rostro con lienzo de guata;

disuelve la niebla, el velo levanta;

devuelve a las cosas contorno y perfil.

 

El mirlo ya canta, la niebla ya huye;

el hielo ya rompe, el agua ya fluye

el campo lechoso ya el viento diluye

Milagro perpetuo que me habla de ti.

 

Escarchas, heladas, borroso vapor;

figuras, contornos, variado color;

tormentas y cierzos, bochorno y calor...

¡Abrazos son todos: Amores, mi Dios!

 

Si esto que pronto se va y desvanece,

tu mano de tal maravilla enriquece...

tu Rostro divino que todo embellece

¿qué ha de ser verlo, Jesús, mi Señor?

 

Qué gozo tan pleno ha de ser poseerte,

qué abrazo apretado, qué beso tan fuerte,

dichoso por siempre, habré de ofrecerte,

el día que abras tu Rostro ante mí!

 

Pase la niebla, pase: brille tu luz.

Abre mis ojos, abre: muéstrate TU.

primavera

Despierta el abedul de largo sueño.

Ciñe el castaño mariposas blancas.

Lanza el abeto azul delgados dedos,

la yedra estrena reluciente laca.

 

Ya sus rubíes el cerezo forma

-soltó los pétalos en mar de nácar-

Y van los arces desplegando fronda

donde la luz sutil se vuelve opaca.

 

Al boquerón del muro coquetean

palomas grises, cándidas el nido.

Defienden, cubren con sus alas vedan

la fuga pronta del recién nacido.

 

Todas las cosas cambian de semblante;

la vida bulle con febril denuedo,

crecen la luz y el día a cada instante

y vigoroso se alza el mundo nuevo.

 

¡Ay si de amor mi entraña floreciera

y limpia, clara, como el alba fuera

de luz en luz, y de calor, ganando

para mirarme en Ti resucitando!

 

Despliega, Sol, tu límpida belleza.

Inicia, Viento, bulliciosa historia:

La Iglesia toda, miembros y Cabeza

quede vestida en flor de joven Novia.

sequía

Como edredones

de sucia lana,

como escuadrones

de ovejas pardas,

 

como ballenas

de panzas vanas,

pasan las nube

y van sin agua.

 

Gime la tierra

seca, sin lágrimas,

abre su entraña

grita y se rasga.

 

Forma de lepra

tiene su cara;

seca la hierba,

árbol sin ramas.

 

Braman las reses

en las majadas,

mueren las mieses

en las sembradas.

 

Caen las aves

en su volada:

gráciles naves

¡No tienen agua!

 

Señor y Padre,

si Tú no llueves,

no habrá a tu Madre

quien flores lleve!

sol, agua y tierra

Del sol y el agua

nace la flor.

- De la mirada

encariñada,

la llamarada

de la ilusión -

 

Mas, sin la tierra

¿dónde se encierra

su corazón?

Sin el sonido

de los latidos

¿dónde el sentido

de la emoción?

 

¡Cuánto desprecio

por este barro,

que con sus manos

formó el Señor!

¿Dónde su nombre

de ser un hombre

sin esta arena?

 

¿Dónde su carne

sin una madre,

que lo pariera?

Con agua y sol

crece la flor;

y de este cieno

 

Dios hizo el cielo

de su mansión.

El Padre bueno

y el Hijo Verbo

y el Santo Amor

dieron al barro

sabor humano.

 

Y con su fuerza

hizo presencia

en nuestra historia

en flor y arena

nuestro Señor.

desde mi ventana

Grises los cielos

turbia la huerta,

recia tormenta

rachas de viento.

 

De mi aposento

libros, papeles,

-un crucifijo-

Yo te contemplo.

 

¿Si yo dijera que te amo

diría, Señor, la verdad?

Y no sería mentira

sería quizás falsedad.

 

Amarte seguro yo creo

¿Mas es realidad?

desde mi convento

Agua, agua, agua:

la tierra lava su cara.

Sol, y sol, y sol:

los campos visten de flor.

 

Di, día, día:

las ramas bullen de vida.

Noche, noche, noche:

unce la luna su coche

con cascabeles de luz.

 

Sol y agua, noche y día

repartidos con medida,

dan al mundo la alegría

y a los hombres la ilusión.

 

Oh tus besos y caricias

de gran Padre y buen Señor;

que enrojezcan mis mejillas

al arder en tu calor.

el silencio de mi convento

1982

Once golpes recios sonó la campana;

once sones largos conmueven la casa;

once voces graves, severas palabras;

en ecos sonoros silencio proclaman.

 

Tocan a descanso, los ruidos se alejan;

se alargan los claustros, se cierran las verjas;

el agua del patio la luna refleja,

y sueña en amores la luz que la besa.

 

Centellas de níquel, mantilla de esposa

extienden los cielos carruaje de bodas;

sedosas lechuzas, tictac de las horas,

mantienen los sueños en ondas sonoras.

 

Del fondo del valle los faros de un coche,

intrusos, curiosos, invaden mi noche;

los párpados caen cual tímido broche

del cielo y la tierra; mis ojos se esconden.

 

Señor de los astros que siembras la calma:

custodia mi cuerpo, vigila mi alma;

despierta mis ojos al beso del alba

y sean reflejo del sol de tu cara.

en mi convento

1983

Sobre la mesas, tu Libro;

sobre tu Libro mis ojos;

y en mis ojos el alivio

de encontrarme con tu rostro.

 

Voces, cantos, versos, rimas:

las hazañas de tu historia,

donde tus ojos me miran

con resplandores de gloria.

 

Tras la ventana, los campos;

y en los campos, nuestro huerto:

bosquecillo de manzanos

con las entrañas al viento.

 

Una ringle de perales,

dos acabados ciruelos,

con zarcillos los parrales,

y membrillo con renuevos.

 

En murmullos los canales

y en los puntos cardinales

- la esquinas del convento -

cuatro salas de concierto

donde ensaya el ruiseñor.

 

Van las nubes de llovizna

y la luz, modesta y tibia;

los cabezos sin contornos;

sopla el aire de bochorno,

y se desliza sin voz.

 

Montes, aires, plantas, huerto…

son tus voces, grito abierto

de que me guardas amor.

mi convento

I

Despierta el almendro

en sueños de flor,

-murmullo en el huerto

de santa emoción-;

 

Alarga su curso

la rueda del sol;

transpiran los surcos

sedoso verdor;

 

El soplo del Viento,

-tu cálida Voz-

despierte del sueño

mi alma, Señor.

II

¿Dónde pondrá la abubilla

la casa de sus amores,

si son las zarzas ceniza

y los olmejos carbones?

 

¿ Lucir veremos las flores

de su cabeza coqueta

y engalanar sus colores

los aires de nuestra huerta?

Talado quedó el ramaje

donde en tupido silencio

acicalaba el plumaje

y entretejía sus sueños.

 

Conduce, Señor, su vuelo

hacia cercanos zarzales

de donde pueda, ligero,

embellecer los parrales.

mi convento

Un día de niebla espesa

Desde una pelada rama

en un desnudado chopo

-entre almohadones de lana,

una mañana de otoño-

un pajarillo soltaba

sus trinos al aire solo;

¡y en silencio respondía

un mundo vacío y sordo!

 

¿A qué tan dulce cantada

si muerto yacía todo?

¿No es desatino loco

querer responda la nada?

¡Pero quizás sea el modo

de verla de sí alejada!

 

Canta:, pajarillo, canta

aunque ninguno te oiga:

que ni la más densa boira

llegue a cerrar tu garganta.

Que si en tu voz no te escuchas

y a tus entrañas no llega,

quedrás como la niebla,

sin corazón ni figura.

 

Ante callar desolado,

tan sólo porque no sienten

los que medran a tu lado,

y vivir de ti consciente,

aunque parezcas borracho

por dar al aire tu canto,

echa de ti lo primero

y haz sin dudar lo segundo,

¡que en ti estará todo el mundo

si eres contigo sincero!

mi convento

¿Quién dio (el) verdor al nogal

y a la alameda las hojas?

¿Quién despertó la rosa

con un beso en el rosal?

 

¿Quién desprendió del peral

en jugo las mariposas

y aderezó deliciosas

las uvas en el parral?

 

¿Quién en tan dulce panal

compuso la humilde higuera?

¿Quién de los higos y brevas

batió jalea real?

 

¿Y quién cubrió con un chal

el almendro tempranero,

de sonrisas al ciruelo

y de luz al membrillar?

¿Fuiste tú acaso en verdad?

¿Tú que de todo te quejas,

tú que, de pobre, no llevas

ni la carga de tu edad?

 

Agua. quizás del canal

encauzaste por tu cuenta,

mas ¿es el agua que rentas

también de tu propiedad?

 

¿Qué, por tan solo regar

y desbordar el alcorque

produces ya albaricoques

y es tuyo el manzanar?

 

Cuándo al fin comprenderás

que tanto frutos y flores

son expresión de favores

y muestra son de amistad?

Recíbelos en señal

de un amor que no mereces

y veras cómo tú creces

al gustarlos de verdad.

Dame, Señor, contemplar

la multitud de las cosas

como dádivas hermosas

en que tú también te das.

tanteos

desde mi convento

A manzanilla

huele mi cuarto:

¡a florecillas

del ancho campo!

 

Boca amarilla

en encajes blancos:

¡limpia sonrisa

del mes de Mayo!

 

Una delicia

para el olfato,

y medicina

para el quebranto

las hierbecillas

que yo me guardo.

 

Son las hojillas

dulces y suaves;

en agua hervida

perfume que arde;

como bebida

¡a flor me saben!

 

Que sean obras

de fe sencilla

las que compongan

mi entera vida

y en rico aroma

de medicina

perfumen todas

las horas mías

Tanteos

¿Por que, Señor, me encanta ver el fuego?

¿Porque sutil se eleva en fina llama

y en crepitar alegre -canto y juego -,

versátil, en fulgores se derrama?

 

¡Y como danzan gráciles sus dedos,

y por los aires vibran tan holgados,

tornando el peso opaco de los cuerpos

en flor de luz y soplo emocionado!

 

Quien de tu lengua, férvida cuchilla,

crisol de amores, fuerza transformante,

pudiera degustar la medicina

que cura y calma y raja cual diamante

la piel del alma y médula, escondida,

descarna al hombre y deja transparente

ante los ojos nervios y junturas.

 

Prende, Señor, tu Fuego en mis entrañas

y arda mi corazón en grácil llama.

tanteos

Tristes están las estrellas

porque ya nadie las mira;

mustias, las flores bellas,

porque ya nadie las cuida.

 

Tapa los ojos el barro;

el corazón no palpita;

mudos quedaron los labios:

los devoró la polilla?

 

Abre tu rostro a las cosas

y verás cómo respiran:

que para sentirse hermosas,

¡basta que tú se lo digas!

tanteos

¡DIOS ES AMOR!, proclama la Escritura.

Misterio de misterios bien sobrado:

el Dios inmenso baja de la altura

y se hace, por amores, nuestro esclavo.

 

¿Quién creerá, Señor, tan gran milagro,

que el cielo bese tierra y en su anchura

decida convivir el fin menguado

que le confiere un ser de criatura?

 

¿Quién no decidirá llevar el peso

que tu presencia, llena de perdones,

en nuestra condición convierte en beso?

¿Cómo no dar cabida a los amores,

que elevan, queman -pálpito de incienso-

y hacen hijos a hombres pecadores?

 

Terrible mal vivir entre pecados;

peor aún huir de ser amado.

Pues quien se aleja, necio de la fuente,

¿cómo ha de saciar su sed ardiente?

tanteos

desde mi convento

¿Veis esos sitios

de la Ribera

desde el tomillo

apenas medra

y donde el suelo

deja al romero

sin florecer?

 

¿No veis quemada

la superficie

por la abundancia

de su salitre,

y los cabezos

que yacen muertos,

sin cultivar?

 

Y donde el agua

marcó su rastro

¿no veis la mancha

del sucio esparto,

con la aspereza

de su color?

 

¿Y veis la tierra

-cristal de yeso-

cómo revela

en mil destellos

su aliento débil

en un estéril

resplandecer?

 

Pues allí mismo,

donde parece

que nada crece,

surge un espino:

la dura aliaga,

que se desgarra

en linda flor.

 

Allí la abeja,

trabajadora

del suave néctar,

vuela y reposa:

de recia espina

-gran maravilla-

liba su miel.

 

Cuántas las almas

que por el suelo

donde se arraigan,

tienen aspecto

de ser espino,

sin más destino

que hacer sufrir!

 

Palabras secas,

facciones duras,

mirada recia,

sin compostura,

de gesto frío,

sin atractivo

y sin color.

 

Pero dejadlas

en su momento

cubrir sus ramas

de verde aliento,

y vedlas bellas

y, como estrellas,

resplandecer.

 

En ocasiones

-las más aciagas-

pueden los hombres,

como la aulaga,

vestir los campos

-calveros blancos-

de flor y miel.

 

Tan sólo dadles

abrir la entraña

de su carácter:

como la aliaga

cuando florece,

veréis que ofrecen

(al que padece)

sabor y luz.

 

Que yo comprenda

que en las espinas

también hay vida

y por extremas

que se presenten

que brindan siempre

alguna flor.

Pan amargo

Hiriente el sol,

trotón

que nace

en la alborada,

y da canción

de adiós,

la tarde

engalanada.

 

Fugaz la luna

de espuma.,

que sale

en noche clara.

 

Y las estrellas

que quedan

temblando

en la mañana.

 

Sin luz la flor,

sin voz,

el ave

en la enramada;

 

Y el lucero,

portero,

que abre

la faz del día.

 

AMARGA y grave

la corta vida

en muchas horas.

 

Pero en todas,

por desabridas

que ellas sean,

Tú te me entregas

en PAN de Bodas.

Viril -humano-

y afán robusto

gustar el gusto

del PAN AMARGO.

 

(El amargor es un gusto.

Un gusto creado por Dios.

Hay días en que todo aparece oscuro y agrio.

También ahí está el Señor.)

silencio

1985

Sonoro el cumplido

de los labios mudos;

vibrante el latido

del hogar sin humo,

gigante la lengua

que calla discreta;

robusto el afecto

que estalla sin gesto,

y augusta la letra

sin talla ni cresta.

 

Sutil melodía

de finos acordes,

total poesía

en rima de amores,

la voz del silencio:

aroma ya concierto

de sol y violetas

el alma que abierta

se da sin hablar.

 

Afina tu estilo

escande tu verbo;

deshoja en ti mismo

la flor de tus sueños:

tu amor recogido

será un estallido

capaz de inflamar

Recoge el sentido,

desnuda el deseo;

Atiende al Amigo

que habita en tu seno.

ya aprende el oficio

de oír y callar.

Desgranen sonoras

sus voces los vientos;

tus gráciles versos

-canción de las obras-

darán al silencio

su gracia y virtud.