miercoles de ceniza

Eres ceniza, barro deleznable;

tupida red de ingratos sentimientos;

delgada luz de frágil lucimiento

que deja de existir apenas nace.

 

Con ansia radical de eternidades,

construyes tu mansión sobre los vientos,

pretendes levantar en tí los tiempos

y acabas por crear obscuridades.

 

¿Cuándo verás que tienes más ceguera

que luz en tus pupilas, y retraso

que agilidad al conducir tus pasos

si contra tu Señor la voz elevas?

 

Proclama sin doblez tu insuficiencia

y aplasta tu arrogancia contra el polvo:

recuerda que no vives tú tan sólo

y que a tu Dios adeudas la Existencia.

 

Acércate a sus brazos, criatura,

y encontrarás en ellos tu sentido;

en él serás siempre un hombre vivo

que puede remontarse a las alturas.

 

(Que aunque ceniza y polvo ¡eres hombre!

y ha puesto Dios en t í ¡un alma noble!

Dispara tu deseo hacia lo alto

y vive con pasión querer ser santo.)

miercoles de Ceniza

1987)

Oh Dios, crea en mí un corazón puro…Enseñaré a los malvados tus caminos”  (Sal. 51, 12.15)

Desnúdame

Desnúdame, Señor, y, ya desnudo,

restaña mis heridas con tu fuego,

en ellas vierte aceite y vino nuevo

y convierte mi carne en cuerpo tuyo

 

Desata con tu voz mis labios mudos;

mis pies y manos pon en movimiento;

el alma toda lávame por dentro

y otórgame mirar con ojos puros.

 

Mi desnudez será entrañable abrigo

de quien, desnudo, gusta en estertores

la hiel amarga del amor perdido;

 

la sangre de tu pecho, tus amores

a mí me harán, en sangre convertido,

limpieza en caridad de todo hombre.

 

Yo quiero ser en ti lo que tú eres

y hacer aquello mismo que Tú hicieres.

miércoles de ceniza

1988

Hay realidades que abruman

y desgarran nuestro ser

- ¡limitaciones desnudas

de la propia pequeñez! -:

 

Una mente que asegura

poder al cielo ascender

y el débil soplo que esfuma

las ilusiones de ayer.

 

Eres ceniza pisada

¡ y tienes alma de rey!

¿cómo llevar con tu nada

una corona en la sien?

 

Pues si la nada te aplasta

y la grandeza también,

¿cómo darás fe a tus ansias

de alcanzar lo que no ves?

 

Fija tus ojos en Cristo

y pon tus manos en él,

tu nada tendrá el auxilio

de ser a tu rango fiel.

 

Pues, aunque polvo, eres hijo,

y aunque brizna de papel,

hay en ti un soplo divino

que de fango te hará Edén.

 

La Cuaresma nos invita

- somos todos hambre y sed -

a beber el agua viva

que nos ofrece la fe.

 

Vamos con ánimo firme

a Sión desde Belén,

con Jesús, Maestro humilde,

nuestro hermano y nuestro rey.

segunda mitad de marzo

Camino de Pasión, recién nacida,

pasó la luna, flor de primavera,

llevando tras de sí mantón de estrellas:

la “hoz” en media cara ya crecida.

 

Nevó con luz lechosa todo el huerto,

los árboles besó, y a su contacto,

perdidas las estrellas de su manto,

mudose en algodón el árbol nuestro.

 

Camino vamos ya de Santa Pascua:

El Cuerpo del Señor, en cruz esbelta,

se adorna de fulgor, y se presenta

al alma penitente en veste blanca.

 

Pasa, Señor, por mí tu mano buena,

transforma radical las fibras duras

e inflama de tu luz mi piel desnuda,

¡que ya la luna va de cara llena!

cuaresma

1990

Vamos con el Señor al descampado

a gustar el encanto de su voz;

sin ruidos, sin rumores, descarnados,

llenemos los sentidos de su amor.

 

Que nada nos impida contemplarlo

como Pedro en la cumbre del Tabor,

recostar nuestro pecho en su costado

y ser con él un solo corazón.

 

Dejemos las imágenes torcidas,

y brille hermoso su semblante fiel;

bebamos, con el alma compungida,

el llanto amargo con sabor a miel

y tomemos su cuerpo por comida

para morir y resurgir con él.

 

En las arenas claras del desierto,

la mente recogida y en silencio,

cambiará el Salvador nuestra existencia

con el solo fulgor de su presencia.

cuaresma

I

Recuerda que eres polvo y sombra leve

que el viento más ligero desparrama;

ceniza pegajosa, mal quemada,

que todo cuanto toca lo ennegrece.

 

¿Por qué de tu poder te enorgulleces,

cuando a la luz viniste de la nada?

¿No sientes en tu carne, despiadada,

la mordedura fría de la muerte?

 

Oh tú, vapor sutil y barro inerte

que no eras antes, ni serás mañana,

retorna sobre ti y considera

quién eres, dónde vas y qué te espera.

II

Porque eres polvo, sí, mas consagrado,

ceniza original, mas en proceso

de ser por Dios sumida en flor de incienso

y en auras celestiales sublimado.

 

Serás cristal traslúcido a su lado,

dispuesto a reflejar su brillo eterno,

si vives en tu carne los ejemplos

de quien por ti fue polvo enamorado.

 

¿No vibra ya tu corazón, tocado

por la dulzura limpia de su beso?

Vuelve sobre su rostro tu mirada

y encontrarás fundida en él tu cara.

III

Señor, contigo iremos al desierto

en la aspereza y soledad más dura

a contemplar absortos tu figura

y a gustar del Espíritu en silencio;

 

contigo hacia la Cruz caminaremos

a dar cumplida muerte a nuestras culpas;

despiertos velaremos a tu tumba

para verte surgir después de muerto;

 

a tu lado, Señor, y de tu Cuerpo

habremos de beber el Agua Pura

y en manantial viviente convertidos

llenar el corazón de Dios contigo.

IV

Oh tú, ceniza, polvo y sombra vana,

manojo de inquietantes estertores,

unido a Dios en ósculo de amores

floreces, de raíz, en su morada.

 

Renueva tu belleza soberana

de ser cristal y vaso de esplendores;

no dejes agostarse en ti las flores

que el mismo Cielo abrió con su Rociada:

 

que no eres, no, manchón de incierta nada,

ni oscuro mar de cáusticos sabores,

sino las niñas de sus ojos vivos,

henchidas de color y de sentido.

cuaresma

1985

Llegó la Cuaresma, venid al desierto:

con los pies desnudos y los brazos tensos

limpiemos la tierra de espinas y cardos

que fueron las flores de nuestros pecados;

 

Cerremos los labios, guardemos silencio;

oigamos tan sólo las voces del Viento;

y, ciegos los ojos a toda figura

que no sea imagen real de la altura,

pongamos el peso de nuestros afanes

en ir en el alma podando frutales.

 

Ciñamos el yelmo: la fe sin malicia;

al dios de este mundo -los odios y envidias-

brindemos resueltos cumplida batalla:

la manos empuñen la Santa Palabra.

 

Bebamos con Cristo la copa del Padre

-sollozos mezclados con hiel y vinagre-

carguemos a cuestas su Cruz de dolores

y en ella adoremos al Rey de señores.

 

Palpemos las llagas del Hijo Exaltado,

sorbamos el Soplo que inspiran sus labios,

gocemos alegres de su compañía

y hagamos misterio de amor nuestras vidas.

 

¡Que bello, Jesús, recorrer tu camino,

gustando la Cruz y la Gloria Contigo!

 

Con ánimo pronto y espíritu abierto

-llegó la Cuaresma- ¡Venid al desierto!

cuaresma

1996

Venid al desierto

y en alas del Viento

trepemos las peñas,

y allí en las estrellas

bebamos la luz.

 

De noche y de día

ayuno y vigilias;

por todo alimento

- en alas del Viento -

busquemos a Dios.

 

Sin flor ni figura,

sin sol ni frescura,

en alas del Viento,

- sonoro silencio -

oigamos su voz.

 

Hollemos descalzos

los ídolos falsos,

y en Cristo los ojos,

digamos de hinojos

“Mi Dios eres Tú”.

 

Que no nos sorprenda

ninguna injerencia

del dios de la envidia,

que ofrece en mentira

un Reino sin Cruz.

cuaresma

1997

Vete animoso al desierto

y, por agrestes quebradas,

en busca del Sol y el Viento

vuelve a mirarte en el alma

en sonora soledad.

 

Trepa las crestas más altas,

y entre peñascos desnudos

donde las nubes descansan,

contempla atónito y mudo

tu agobiante poquedad.

 

Vierte en el Aura tu aliento,

como pompa sin membrana,

y saborea en silencio,

en el confín de tu nada,

el encuentro con tu Dios.

 

Limpia tu razón enferma

con la voz de tal amigo

y deja la puerta abierta

para que cene contigo

en profundo amor y paz.

 

Y en la noche del misterio,

quizá sin luna ni estrellas,

da un lugar al pensamiento

para ver en ti las huellas

que de sí dejó el señor.

 

Pues no se adquiere la ciencia

sin vivir en la inocencia

ni se quiebra la arrogancia

sin degustar la ignorancia

en una atrevida infancia

de llamar tu Padre a Dios.

Cuaresma

2001

Voy a levantar vacíos

y llenarlos de silencios

para encontrarme contigo

con el corazón abierto.

Dame a beber tu Rocío

en las dunas del desierto

y respirar de tu Espíritu

al socaire de los vientos.

Fuera de mí torbellinos

de macabros esperpentos,

rabioso color y mitos

de imagen procaz y estruendo

que entorpecen el sentido

y sesgan sentimientos:

quiero mirarme a ti unido

desnudo en la cruz y muerto.

cuaresma i

El Santo Espíritu, Señor, te llevó al desierto

y entre rocosos sequerrales de extraños ecos

fuiste por él, día y noche, conducido al Padre

en abertura radical y en abrazo suave.

 

Fundido con Él, aunque hombre de humilde carne,

te rasgaste a su voluntad en sudor de sangre,

al escuchar de su boca ¡Hijo Predilecto!

y gritarle Tú con toda entraña ¡Soy tu Siervo!

 

Te suplicamos, Señor, que el Espíritu Bueno

nos sumerja, mente y corazón, en tu silencio

para gustar de los labios de Dios ¡Sois mis hijos!

y balbucirle nosotros ¡Y Tú, Padre nuestro!

 

Que, cuando insidioso se nos presente el Maligno

a entiznar el blanco fulgor de tus designios,

respondamos con firmeza: “No soy quien habla,

sino el Padre en mí con el poder de su Palabra”

cuaresma ii

Permítenos, Señor, subir al monte

y contigo pasar la noche en vela,

para beber al alba la más bella

y señorial blancura de tu porte.

 

Con Moisés y Elías va tu nombre,

mas está en ti la plenitud entera

de un Dios que, fiel y en donación extrema,

se acerca paternal a todo hombre.

 

Tuya, Señor, hiciste nuestra suerte,

cargando sobre ti la cruz sombría,

al clavar en tu piel la humana muerte,

como signo vital de tu gran día:

concédenos ahora obedecerte

y compartir después tus alegrías.

 

Pues eres Tú, misterio de obediencia,

la única razón de la existencia.

cuaresma iii

Yo, tu Dios, el Señor de los señores,

el Rey supremo, fiel a la palabra

de juzgar a los pueblos y naciones

y de pagar a todos lo que hagan,

 

sembré en tu corazón limpios amores

para que tú en ellos te inflamaras;

mas he aquí que fueron agrazones

las obras de dulzor que yo esperaba.

 

¿Qué hacer en tan amargo desconcierto?

¿Renunciar indignado a la cosecha

y el tocón astillar con mi derecha?

 

Oh Dios, mira a tu Hijo en el tormento

y en atención a tanto sufrimiento

muéstranos compasión y ten paciencia.

 

Y tú, Jesús, aviva con tu Soplo

la entumecida savia de este tronco.

cuaresma iv

A tierras lejanas partiste altanero.

dejando a tu Padre en amargo desvelo,

perdiste tu hombría - ¡pastor de unos cerdos!,

y siendo tú hijo de recio abolengo

esclavo te hiciste de extraño señor.

 

¿No quieres volver y decirle apenado:

Me alcé contra ti, contra el cielo he pecado,

negué ser tu hijo, rompí con mi hermano,

tenedme por siervo, ¡mas siempre a tu lado!”?

¡Tendrás de tu culpa entrañable perdón!

 

Bullir sentirás en tu espíritu el gozo,

al ver cómo corre hacia ti jubiloso

- los brazos abiertos, sonrisa en el rostro,

radiante fulgor de alegría en los ojos -

el Padre que llora por verte venir.

 

Anillo de oro tendrás en tus dedos,

vestidos de seda verás en tu cuerpo,

tus pies calzarás en sandalias de cuero,

y besos y abrazos, y al Padre a tu cuello…

y el toro cebado ofrecido en festín

 

Venid, celebremos, hermanos, la fiesta,

tendidas las manos en paz y clemencia,

seamos familia - la casa es la Iglesia,-

que acoge, perdona y en ósculos muestra

que al hijo perdido recibe el mayor.

cuaresma v

Rostros airados, torvas miradas,

palabras burdas, manos alzadas,

casi arrastrada trae la turba

una mujer.

 

“En adulterio fue sorprendida;

según las normas - ¡es ley divina!

apedreada debe morir.

¿Qué dices Tú?”

 

Jesús se encorva y escribe en tierra…

- los malhechores son como arena -

“Tiren los justos su propia piedra

para matar”.

 

Todos se miran, y uno tras otro,

llenos de ira, bajan los ojos,

dejan las piedras, y vuelto el rostro,

marchan sin voz.

 

Y quedan solos: la pecadora

y el buen Jesús, que le interroga:

“Quién te condena por esta obra?”

“Nadie, Señor”.

 

“Pues yo tampoco doy la sentencia;

anda tranquila ¡por buena senda!

y en adelante, así suceda,

no peques más”.

 

“Que no he venido a dar la muerte

sino la vida; a ofrecerme

para que vivas y vivas siempre

en paz con Dios”.

 

“Misericordia, es lo que estimo,

pues no me honran los sacrificios

donde no hay gestos bien percibidos

de compasión”.

cuaresma i

1987

Fuiste, Señor, tentado por el diablo

- cuando tu ayuno hurgaba sus recelos -

a que realizaras con tus manos

en propio beneficio los portentos.

 

La piedra en pan, y el salto del alero

sin que tus pies sufrieran algún daño,

y los poderes todos de los reinos

¡si “dios” lo confesaras soberano!

 

Mas, ¿cómo a ti, Señor, el pan humano

podría en hambre serte de tropiezo,

si todo Tú del cielo como hermano

a los hombres te das en alimento?

 

¡Que no hay más pan, ni salto más cumplido,

ni audacia que levante más imperios

que oír solícito la voz de amigo,

que el Padre con amor nos da en el Verbo!

 

No busques nunca alivio a tu miseria

fuera del Don que Dios en su Palabra

como alimento sustancial te entrega:

cómelo y hazlo fibra de tu entraña;

 

Pues aunque amargo parecer pudiera

contiene en su interior la vida eterna.

cuaresma ii

1987

Subiste, Señor, al monte a soltar la aurora,

a darle con tu aliento resplandor y aroma;

la besaste, y al limpiar de sopor su cara,

te hiciste todo luz y transparencia clara.

 

Reluciente flotó en el aire tu figura

como sutil urdimbre de la luz más pura:

Elías y Moisés y la voz sonora

que descendió en nube espesa de las alturas

dieron testimonio veraz de tu persona.

 

¡Quién pudiera - como Pedro - hacer tres chozas

y contigo, cara a cara, pasar las horas!

 

Mas siendo Tú el Camino, que no hay más senda,

forzoso será contigo subir la cuesta

que a convertirse en aurora de mañana

del hondo valle nos levanta a la montaña.

 

Que no podremos respirar, ni ser la luz

si no degustamos, clavados en la cruz,

la extrema desnudez de un Sol que se abre en llagas.

 

Andando, amigos, camino del Calvario

a encender con Cristo la lumbre de la aurora

para, en él misteriosamente transformados,

vestir radiantes la luz eterna de su gloria.

 

Quiero escuchar, oh Dios, al Hijo de tu entraña

y hacerlo carne propia y médula del alma.

cuaresma iii

1987

Fatigado del camino, vienes, Jesús, a mi encuentro

y me pides de beber,

¡cuando yo busco sediento por camino polvorientos

apagar mi propia sed!

¿Y quieres calmar la tuya con la que yo llevo dentro

y abrasa todo mi ser?

Pues si a beber yo me acerco del agua que Tú me alargas,

la mía será calmada, y en fuente viva cambiada,

apagas - dices - tu sed.

 

Y de una y otra manera, ansioso por entregarte,

me fuerzas con tu cariño, a que desnude mi carne.

“¿No ves, me dices, mujer, que tanto aljibe ya roto

no puede el agua ofrecer a tus cacharros sin fondo?

¿A quién quisiste vender en amores tu persona

que te dejaron vacía con tu sed amarga sola?”

“Agua te doy (Yo) a beber que nunca jamás termina:

bebe y apaga tú misma la sed más honda del alma”

¡Qué sed, oh Señor, la tuya que sólo de sed se sacia!

¡Y qué saciedad la mía que por vaciedades anda!

 

Oh mi divino Jesús, junto al pozo yo te espero

- ¿no me esperabas Tú ya? - a que la sed que yo tengo

no me devore ya más.

Dame, Señor, a beber del agua que tanto ansío,

pues rota por los caminos, me siento morir de sed.

Y si quizá alguna vez no me acercara a beberla,

¡por lo que Tú más deseas!, dame, Señor, tener sed.

 

En el amor que me ofreces y en la amista que me entregas

haz que descanse yo entera y entera ponga mi fe.

cuaresma iv

1987

De tumbo en tumbo por parajes sin contornos

acuciado por las voces y ladridos de un mundo

que se agita en odios,

palpando, rostro y manos, la luz sin ruido,

con los ojos nublados

y abiertos a cualquier insulto de los oídos,

llagados los pies y sin rumbo fijo,

iba gritando: “¡Piedad y compasión!”

 

Por las aceras de la gran ciudad

- droga, alcohol, sexo y tumulto -

bebiendo oscuridad y esquivando bultos,

alargando - sentado, de pie o tendido -

mis pobres manos

por el pan cotidiano

y una voz de amigo; ¡por un saludo que en cariño

alegrase, falto de luz, mis oídos!

iba gritando: “¡Compasión y piedad!”

 

Y pasaste Tú, casi sin ruido,

y me dijiste, con el más limpio de los sonidos,

“Vete a la fuente, lava tus ojos,

vente después y hablemos solos”.

 

Y fui, y me lavé, y vi curado

- tu luz divina entero me bañaba -

que mi rostro era el tuyo reflejado,

que la fuente eras Tú, el Enviado,

y que eras Tú el frescor del agua clara

que limpiaba hasta el tuétano mi alma.

Ojos soy en tus ojos,

y soy luz en tu luz,

agua en tu fuente clara

y en mis amores soy Tú.

 

No me importa si el camino

zigzaguea en su andadura,

o si por rocas desnudas

deben mis pies caminar:

que si Tú vienes conmigo

y al andar voy a tu lado

nada temo, tu Cayado

me sostiene y me da paz.

cuaresma v

1987

Nublaste tus ojos , de pena,

al ver otros ojos de pena llorar:

a modo de estrellas surcaron tu rostro

las lágrimas tiernas

que Tú, ¡Poderoso!, ignoraste acallar.

 

La muerte condujo al silencio - ¡tremendo! -

al hombre que amaste en cordial amistad;

sus venas, sus labios, sus ojos, ¡su cuerpo!,

ni laten, ni miran, ni pueden hablar.

Con Marta y María desgranas sollozos

y un vuelco en la entraña te da el corazón:

la tumba cerrada, las fauces del foso

desgarran sin pausa su carne en hedor.

¿Qué hiciste, Señor, no viniste tu amigo a salvar?

¿No son tus palabras, palabras divinas

que pueden, si quieren, la vida alargar?

¿Por qué le dejaste, Señor de la vida:

por qué le dejaste el hermano enfermar?

 

Tu amigo me llamas, y soy en verdad;

¿y dejas que el tiempo me asfixie,

que el viento me oxide,

que el suelo me pise

y olvide la historia que fui yo jamás?

¿Por qué por la muerte debemos pasar?

 

Viniste a ofrecernos la vida,

y creo, la vida nos das;

mas llevas la muerte en tu frente

y en ella conviertes en bien lo que es mal;

revientas su entraña,

al verte por ella engullido,

pues sólo a la vida concedes sentido

si mueres clavado en la cruz por amar.

Yo creo, Señor, que Tú vives por siempre

y la vida por siempre me das;

no quieras que aparte mis ojos

ni torne mi rostro y comience a olvidar

que Tú con tu Vida me das tu amistad:

 

Pronuncia, Señor, cuando muera, “Sal fuera”,

y mi cuerpo podrido, con vida glorioso saldrá.

cuaresma i

1988

El viento siembra palomas

y llueve espejos el sol,

sabor de ausencia en las sombras

y en las estrellas rumor.

 

Los silencios se deshojan

en murmullos de frescor;

la brisa besa sedosa

las mejillas del Señor.

 

Jesús, con el Padre a solas

- en un Aliento los dos -

desgrana filial las horas

en descarnada oración.

 

De su mirada la aurora,

de su palabra el calor…

¡y en sus ojos y en su boca

trabajos: hambre y sudor!

 

Miran las bestias absortas,

y al acecho el Tentador;

las piedras sueñan porosas

en hogazas de ilusión.

 

Vete con Cristo al desierto

a celebrar su Pasión,

a degustar el misterio

de su Triunfo salvador.

 

Mira animoso a su boca

y haz de la suya tu voz,

pon en sus manos tus obras

y en su pecho el corazón.

 

La noche sueña amapolas

y ríe espejos el sol…

¡Vuelve y recobra la honra

de ser un hijo de Dios!

cuaresma ii

1988

Asciende animoso a la cumbre del monte

y enciende en tus ojos la lumbre del sol,

allí beberá tu pasión de ser hombre

el soplo divino que engendra tu voz.

 

Pues eres tú luz, si en la luz te sumerges

que Dios - en penumbra - desgrana en Jesús,

y voz tus sonidos, si rueda en los ejes

que mueven su vida trazando una cruz.

 

“Escucha a mi Hijo, Palabra sonora

que rompe las sombras y siembra el color,

y harás de tus gestos - vagidos sin forma -

razón creadora de un mundo mejor.

 

En luces y sombras - oscuras las unas

radiantes las otras - tendrás en tu vida experiencia de Dios;

en cruces y glorias allí en las alturas

- ¡asciende animoso! - el monte Calvario se torna Tabor.

 

Camina a la vera del Rey de los reyes

la senda empinada - guijarros y nieve - que alcanza a Sión;

que aquí no hay estancias de firmes paredes

y el agua que bebes es dicha tan sólo en mermada ilusión.

¡Arriba con Cristo

que es tu Señor!

cuaresma iii

1988

Eres, Jesús,

Templo de Dios,

donde en la tierra

los cielos

ponen su tienda

para un encuentro

- en carne y hueso -

del hombre y Dios.

Pues eres tú

Dios como Templo,

hombre perfecto

y eterno Dios.

 

En ti

llamamos ¡padre!

al Dios bendito

y en ti

su voz nos hace

sentirnos hijos:

tu ser divino

y humana carne

son el santuario

donde adoramos

en el Espíritu

y en la Verdad:

un solo cuerpo

- el tuyo nuevo

resucitado -

es la morada

donde se encarna

la santidad.

 

Pues tú moriste

por los pecados

ajusticiado

en una cruz,

y tú rompiste,

resucitado,

todos los lazos

de esclavitud.

Tú eres el Templo

y tú el Camino

para el encuentro

con Dios, la Luz;

en ti unidos

todos los pueblos

forman un cuerpo

mi Buen Jesús.

 

Yo te confieso

- mente y afecto -

por mi Señor:

tú eres el Hijo,

el Templo Vivo

del Santo Dios.

cuaresma iv

1988

Fue la Serpiente, bestia ponzoñosa,

la que mudó letal la humana suerte,

dando a la vida en vida viva muerte

con la ilusión de libertad capciosa.

 

Mas Tú elegiste en compasión graciosa

colgar con ella de la cruz inerte

y ser, para el que en fe quisiera verte,

vibrante rayo de salud gloriosa.

 

Cargaste a tus espaldas el pecado

que al hombre en la locura había hundido,

y lo mataste vivo en el Calvario.

 

Así, por siempre Rey, enaltecido,

pregón vital del hombre renovado,

imperas, pecho abierto, por los siglos.

 

( - Si fuiste por la Sierpe escarnecido

y por su baba inmunda profanado,

somos ahora en ti los bien amados

con el amor del Padre por su Hijo - )

cuaresma v

1988

Tienes que enterrar el grano

para que trences espigas,

y en muerte vivir tu vida

para que medres lozano:

que así es el obrar humano

con el amor por semilla,

que sólo nace en gavillas

si viene en muerte sembrado.

 

( -¿Cómo de amor verdadero

quieres que abunde la tierra

si tu egoísmo primero

no matas al par que siembras?- )

 

Mira a Jesús en la altura

clavado vivo al madero;

mira brotar de su pecho

el Agua más clara y pura:

¡y cómo sacia en hartura

al mundo en hambre y sediento

el que en la cruz cuelga muerto

por un amor sin mesura!

 

( -¿Cómo en amores te mueves

en tu estudiada conducta

para que amores engendres

como respuesta oportuna?- )

 

Mueres, Señor, por amores

desnudos todos tus miembros

para que sean eternos

tus abrazos a los hombres:

de la espina nacen flores

y de la “sombra”, destellos,

de las heridas, aliento,

y de la injuria, perdones.

 

( - Que así ha de ser tu vivir

si quieres medrar lozano:

has de primero morir

sembrando en Cristo tu grano - )

 

cuaresma i

1995

El Santo Espíritu, Señor, te llevó al desierto

y entre rocosos sequedales de extraños ecos

fuiste por él, día y noche, conducido al Padre

en abertura radical y en abrazo suave.

 

Fundido con él, aunque hombre de humilde carne,

te rasgaste a su voluntad en sudor de sangre,

al escuchar de su boca ¡Hijo Predilecto!

y gritarle tú con toda entraña ¡Soy tu Siervo!

 

Te suplicamos, Señor, que el Espíritu Bueno

nos sumerja, mente y corazón, en tu silencio

para gustar de los labios de Dios ¡Sois mis hijos!

y balbucirle nosotros ¡Y Tú Padre nuestro!

 

Que, cuando insidioso se nos presente el Maligno

a entiznar el blando fulgor de tus designios,

respondamos con firmeza: “No soy yo quien habla,

sino el Padre en mí con el poder de su Palabra”.

cuaresma ii

1995

Permítenos, Señor, subir al monte

y contigo pasar la noche en vela,

para beber al alba la más bella

y señorial blancura de tu porte.

 

Tuya, Señor, hiciste nuestra suerte,

cargando sobre ti la cruz sombría,

al clavar en tu piel la humana muerte

como signo vital de tu gran día:

 

Concédenos, Señor, obedecerte

y compartir después tus alegrías,

pues eres tú, misterio de obediencia,

la única razón de la existencia.

cuaresma iii

1995

Yo, tu Dios, el Señor de los señores,

el Rey supremo, fiel a la palabra

de juzgar a los pueblos y naciones

y de pagar a todos lo que hagan,

 

sembré en tu corazón limpios amores

para que tú en ellos te inflamaras;

mas he aquí que fueron agrazones

las obras de dulzor que yo esperaba.

 

¿Qué hacer en tan amargo desconcierto?

¿Renunciar indignado a la cosecha

y el tocón astillar con mi derecha?

 

Oh Dios, mira a tu Hijo en el tormento

y en atención a tanto sufrimiento

muéstranos compasión y ten paciencia.

 

Y tú, Jesús, aviva con tu Soplo

la entumecida savia de este tronco.

cuaresma iv

1995

A tierras lejanas partiste altanero,

dejando a tu Padre en amargo desvelo,

perdiste tu hombría - ¡pastor de unos cerdos! - ,

y, siendo tú hijo de recio abolengo,

esclavo te hiciste de extraño señor.

 

¿No quieres volver y decirle apenado:

“Me alcé contra ti, contra el cielo he pecado,

negué ser tu hijo, rompí con mi hermano,

tenedme por siervo, ¡mas siempre a tu lado!”?

¡Tendrás de tu culpa entrañable perdón!

 

Bullir sentirás en tu espíritu el gozo,

al ver cómo corre hacia ti jubiloso

- los brazos abiertos, sonrisa en el rostro,

radiante fulgor de alegría en los ojos -

el Padre que llora por verte venir.

 

Anillo de oro tendrás en tus dedos,

vestidos de seda verás a tu cuerpo,

tus pies calzarás en sandalias de cuero,

abrazos y besos, y al Padre a tu cuello…

y el toro cebado ofrecido en festín.

 

Venid, celebremos, hermanos, la fiesta,

tendidas las manos en paz y clemencia,

seamos familia - la casa es la Iglesia -

que acoge, perdona y en ósculos muestra

que al hijo perdido recibe el mayor.

cuaresma v

1995

Rostros airados, torvas miradas,

palabras burdas, manos alzadas,

casi arrastrada traen las turbas

una mujer.

 

“En adulterio fue sorprendida;

nuestro criterio - ¡es ley divina! -

lo determina: apedreada

debe morir.

 

¿Qué dices tú?

 

Jesús se encorva y escribe en tierra…

- los malhechores son como arena -

“Tiren los justos su propia piedra

para matar”:

 

Todos se miran y uno tras otro,

llenos de ira, bajan los ojos,

dejan las piedras, y vuelto el rostro,

marchan sin voz.

 

Y quedan solos: la pecadora

y el buen Jesús que le interroga:

“¿Quién te condena por esta obra?”

“Nadie, Señor.”

 

“Pues yo tampoco doy la sentencia;

anda tranquila ¡por buenas sendas!

y en adelante, así suceda,

no peques más.”

 

“Que no he venido a dar la muerte

sino la vida; a ofrecerme

para que vivas, y vivas siempre

en paz con Dios”.

 

“Misericordia, es lo que estimo,

pues no me honran los sacrificios

donde no hay gestos bien percibidos

de compasión”.

 

cuaresma i

1996

Fuiste llamado a ser de Dios imagen,

cual eco existencial a su palabra,

mas quien hacerte quiso responsable,

recibió por respuesta tus espaldas.

 

¿Qué otra postura pudo ser tan grave

que la de ser un ¡No! en destemplanza,

a un Dios que se acercaba como Padre,

para vivir contigo en alianza.?

 

Con ello renunciaste a ser humano

y a llevar con holgura los poderes

que te erigieron amo de la tierra.

 

Apuñalaste impune al que es tu hermano

y, movido tan sólo por placeres,

lloviste sobre el mundo sangre y guerra.

 

Vuelve a tu Dueño del que saliste

y encontrarás la gloria que perdiste.

cuaresma ii

1996

Llévanos, Señor, contigo

a la flor de las alturas

y en las esferas más puras

danos a beber tu luz.

 

Háblanos de los amores

que te consagran al Padre

y del Fuego que te invade

y enardece el corazón.

 

Tú, el Hijo del Dios vivo,

sobre Moisés y Elías,

eres norma y profecía,

nuestra Ley en plenitud.

 

Haz viviente tu promesa

de estar siempre con nosotros,

de que seamos tu rostro

y del Reino tu pregón.

 

Pues contigo de camino

no tendremos ya reparo

de tomar a nuestro cargo

el misterio de la Cruz.

cuaresma iii

1996

¿Cómo me pides de beber, Señor, de las fuentes claras,

si mi aljibe está cegado y llena de grietas mi charca?

 

¿Que ves en mí que a mí vienes a refrescar tu garganta,

si soy yo mismo hontanar de ceniza calcinada?

 

¿O es que sacias tú la sed, viendo en ti mi sed saciada?

 

Dame de beber, ¡que muero!, Señor, de las fuentes claras;

pueda yo saciar la mía en la sed que a ti te abrasa.

 

Dame tener sed de ti, y de ella colmar mi entraña;

contigo en la cruz clavado, guste yo tu sed amarga.

cuaresma iv

1996

Tu luz, Señor, nos hace ver la luz;

tu voz, oír la creación en torno;

tus ojos, la verdad de tu retorno

y tu rostro en los otros ver un Tú.

 

Fuera de ti no encajan los sistemas,

ni la realidad es ya tan justa,

la relación se viste de hojas mustias

y la amistad más fiel decae y merma.

 

Allí donde estás tú, están las flores

y el suave rumor del agua virgen,

el silencio más blando y las canciones

del alma limpia y corazón humilde.

 

Mas ciego soy y siembro oscuridades,

igual que en la galaxia un pozo negro,

pon por tanto en mis párpados tus dedos

y se abrirán en flor de claridades.

 

Que quiero ser tu luz, Jesús bendito,

y vivir en tu amor por el Espíritu.

cuaresma v

1996

Se va la vida gastando

y las horas van tallando

huecos de noche y de luz.

 

Y al fondo del gran desierto

un sepulcro siempre abierto

nos reclama con su voz.

 

Inexorable el destino

y obligados los caminos

que nos arrastran a él.

 

¿Quién jamás podrá evitarlo?

¿Y de qué valdrá ignorarlo,

si nacemos ya enterrados

en tan deleznable piel?

 

Pero Lázaro es la marca

de que tú jamás nos faltas

como el amigo más fiel.

 

Porque tú nos acompañas

desde el sol de la mañana

hasta el denso anochecer.

Y es tu guía tan segura

que hasta en la foz más oscura

nada debemos temer.

 

Tú, Señor, resucitaste

y con ello transformaste

nuestro dolor en placer.

 

Pues los sepulcros vaciaste

y en el desierto plantaste

un delicioso vergel.

 

Gracias, Señor, por la vida

que tu muerte nos prodiga

y nos recrea sin fin.

cuaresma i

1997

Fuiste en amor de cara a Dios formado,

¡y a tu Señor volviste las espaldas;

por amigo abrazaste al mismo Diablo

¡haciéndote de ADAN oscura NADA!

 

Al opacar el brillo de tu gloria

y encadenar el mundo a tu destierro

la creación su paz cambió en discordia

y dio en protesta tríbulos el suelo.

 

¿Qué hacer contigo, soplo de pecado,

renuente en volver a Dios la cara,

si tú mismo, por odios desgarrado,

trituras sin piedad tu propia entraña?

 

Mas el Señor mandó al Hijo suyo

para que, hombre y como hombre, diera,

con su humildad la muerte a nuestro orgullo

y al seno de su amor nos condujera.

 

Y fue el desierto el campo de batalla,

donde, con alimañas y en ayuno,

la limpia desnudez de su palabra

limpió a las gentes del penoso yugo.

 

Pues en todo tentado por nosotros,

sus pruebas nos hicieron vencedores,

y sobre el mal surgieron poderosos

quienes lucharan fieles en su Nombre.

cuaresma ii

1997

Con el cuchillo a punto en la garganta,

presto a teñir de sangre las gavillas,

un brazo paternal -pasión divina-

a descargar el golpe se levanta

¡en nombre del Altísimo Señor!

 

Mas Dios no quiere humano sacrificio

como expresión de sacro desarraigo,

ni es de por sí el dolor -atroz y amargo-

el más sonoro y natural indicio

de auténtica y probada devoción.

 

Es la obediencia el don que a Dios agrada;

pues, o lo aceptas en su ser y andares

y te abres a su amor en propia nada,

o es a ti a quien adoras sin ambages

desmembrado a los pies de tu pasión.

 

Pero he aquí que el Hijo Predilecto

se ofreció a dar su vida por nosotros,

pues, de Dios alejados nuestros ojos

andábamos heridos, casi muertos,

sin posibilidad de curación.

 

Y fue el amor de Padre en sus empeños

de compartir el gozo de su gloria

quien lo llevó a cambiar la humana historia

dejándolo colgar de infame leño

para darnos, renovada, su amistad.

 

La muerte en obediencia fue el camino

y la senda el amor en el mandato:

un corazón filiar en arrebato

de consagrarse al Padre en sacrificio

fue la ofrenda agradable a nuestro Dios.

cuaresma iii

1997

Constructor fuiste de un templo

que para siempre durara:

santificador encuentro

con el Dios que al hombre salva.

 

Y ese fue, Señor, tu cuerpo

desgarrado por la lanza

que vivo, por amor muerto,

sobre el cielo se levanta.

 

Devoró tu vida el celo

por dar a Dios una casa,

y el mismo sagrado fuego

que comía tus entrañas

hizo de ti, Hijo y Siervo,

su más perfecta morada.

 

Oh Dios, Señor Padre nuestro,

que en el Hijo te derramas,

haznos ser piedras del Templo

que consagraron tus Llamas.

cuaresma iv

1997

Pues somos obra tuya, Señor nuestro,

y como tuyos quieres nos mostremos,

danos con tu asistencia el Santo Aliento

y con su resplandor conocimiento

para poder vivir con dignidad.

 

Pues somos, mas en ti, por pura gracia;

tú das vital carácter de constancia

a un ser que flotaría sin sustancia,

abocado a llevar penosa infancia

sin alcanzar jamás la madurez.

 

Arranca de raíz el mal del hombre

y abre su corazón en flor de amores;

rebose en él la gloria de tu nombre,

y, pues de ti lo hiciste imagen noble,

hazlo en Cristo Jesús eterna claridad.

 

Quiero, Señor, obrar tus maravillas,

haz tú en mí de ti semblanza viva

pues, para contemplarnos como hijos,

donaste al tuyo propio en sacrificio

en una dura y difamante cruz.

cuaresma v

1997

Las niñas claras de tus ojos limpios

el toque suave de tus manos buenas,

la voz sonora de tu boca tersa

y el paso hermoso de tus pies benditos;

 

el brillo intenso de tu rostro humilde

–pues eres hombre y por los hombres vives–

y el gesto noble del amor más firme

rasgan en viva llama el corazón.

 

La cruz enhiesta donde cuelgas muerto,

la sangre pura que embellece el leño,

el agua limpia del costado abierto;

el soplo santo que del padre envías,

 

el ruego amigo que el pecado borra,

y el dulce abrazo que a los hombres donas

las frescas rosas de tus llagas pías

lanzan el alma a refugiarse en ti.

 

Pues eres Tú la inquebrantable Roca,

baluarte egregio en tempestades fieras,

la paz estable en ominosas pruebas

y luz gigante que quebró las sombras,

 

conduce al hombre por camino tuyos,

sembrando estrellas de divinas obras,

y dale el gozo del festín futuro:

sin fin ni tasa convivir con Dios.

Cuaresma i

2001

Nací con un mundo ante mí

cargado de inconsecuencias

donde un volcán de interferencias

provoca conflictos sin fin.

 

Sufre mi libertad opresión,

y es terremoto mi existencia

por no distinguir las vivencias

que sacuden el corazón.

 

Lo que es bueno, ¿amo en verdad?;

de lo malo, ¿busco la ausencia?

Porque el diablo con insistencia

quiere embrujar mi voluntad.

 

¿Podré yo solo vadear

las rompientes de la experiencia

y sopesar las diferencias

que separan el bien del mal?

 

¿Dónde está el diablo? ¿Dónde Tú?

¿Y cómo formar mi conciencia,

si tiene de Dios la apariencia

nimbado el demonio de luz?

 

Voy, Señor, a escuchar tu voz

con la más firme complacencia

y fundar toda mi existencia

en la práctica de tu amor.

Cuaresma ii

2001

Subir al monte

y estar contigo,

buscar la fuente

de mi destino,

solo en la altura,

y con tu Espíritu,

sentirme todo

de ti invadido,

podré yo verme

de luz vestido…

 

Dame la gracia

de ser tu amigo

y acompañarte

por el camino

donde las cruces

tienen un sitio.

Cuaresma iii

2001

Una y otra vez, Señor,

pusiste abono en mi alcorque,

con tu sudor lo regaste

y con paciencia esperaste

a que después de a flor

viniera fruto abundante.

 

Al tiempo ofrecí follaje…,

mas ningún fruto en sazón.

 

¿He de volver a rogarte

que un año más me concedas

para que tú un día puedas

gustar de mi fruto aparte?

 

No olvides de mi el cuidado

y riégame con tu sangre,

no sea que huracanado

de un golpe el viento lo arranque.

Cuaresma iv

2001

Pródigo soy y a ti vuelvo,

bajo el penar de mis vicios,

a que contemples de nuevo

a quien te tuvo en olvido.

 

Vengo cansado y con hambre

y el corazón compungido;

¿permitirás que te abrace

aunque perdí ser tu hijo?

 

Han de, Señor, agradarte

las palabras que te dijo:

"Solo yo soy responsable

de haberme de ti perdido;

déjame que te llame Padre

por más que ya no soy digno

–hiciste tuya mi carne

al encarnarse tu Hijo–".

Cuaresma v

2001

Rodó la piedra,

saltó la muerte

envuelta en vendas:

la vida vuleve,

mas tan endeble,

que no merece

llamarse nueva:

en poco tiempo

volvió a la cueva

el viejo amigo

que tú quisieras.

 

Mas este triunfo

sobre el averno

es ya el anuncio

de que en la vida

que tú propinas

no habrá sepulcros;

pues de tu muerte

surge tal fuerza

que al dar la vida

la das eterna.