bodas de caná

En unas bodas

- con tus maneras

siempre maternas

de hablar a tu Hijo -

diste a su Hora,

por vez primera,

abrirse en gloria

de Salvación.

 

El agua en vino

quedó cambiada,

y en aquel signo

manifestada

la Buena Nueva

- poder de Cristo -

que nos eleva

de tierra opaca

a luz de Dios.

 

“No tienen vino,

intercediste;

están vacíos,

por eso tristes,

sin el Espíritu

que prometiste,

y ya no saben

dónde apoyarse,

muertos de sed.

 

A ti, que llena

del Vino Nuevo

por medianera

nos concedieron,

te suplicamos

vuelvas el rostro

y por nosotros

abras tus labios

transfigurados

ante el Señor.

 

Danos la fuerza

del Santo Espíritu

que dé sentido

a nuestras vidas

en la alegría

de ser los hijos

de todo un Dios.

 

diez leprosos

Lc, 11-19

Primera parte

Diez leprosos

y entre ellos,

contagioso,

yo

yo

yo.

De Ti, lejos;

de mí, lejos;

de tu pueblo

-¡de mi casa!-

también lejos,

como extraño,

pecador.

 

Pecador,

pecador.

Ay mi lepra,

mi pecado,

cuántos males!

A pedazos

se me cae

piel y carne...

Pecador.

 

Pues pecador me concibió mi madre

y desde entonces mis entrañas arden

en odio y egoísmo destructor.

Siempre vivo ante mis ojos...

llevo el pecado en mi sangre,

destrozando en mí tu rostro!

A tus pies, Jesús me postro:

Ten, Señor piedad de mi.

 

Diez leprosos.

Y entre ellos,

yo, leproso:

Pon, te ruego en mí tu mano

y bondadoso, soy tu hermano,

cúrame!

Segunda parte

Diez leprosos.

Diez enfermos

jubilosos.

Diez curados

de su daño

por la mano

de Jesús.

 

Y entre ellos,

agraciado,

perdonado

mi pecado,

yo

yo

yo.

¡Estoy sano!

sano!

sano!

 

Bendito seas, Señor!

Limpiaste, Señor, mi lepra

y quedé transfigurado:

oido diste a mi queja

y borraste mi pecado.

Mi rostro resplandeciente

y mi carne sonrosada...!

Huyó de mí la muerte

que vivo me sepultaba!

 

Con tus manos

me tocaste;

con tus labios

me besaste;

con tus ojos me miraste

y piadoso en mi formaste

el rostro santo de Dios!

 

De ti, lejos,

soy tu amigo;

de Dios lejos

soy su hijo;

de mí lejos,

soy yo mismo;

alejado

de tu pueblo,

soy ahora,

miembro vivo

-¡estoy limpio!-

un hermano

que recibe de regalo

ser del Cuerpo del Señor.

 

Luminosos,

ven mis ojos

tu belleza;

oyen limpios

mis oídos

tus palabras;

y mis labios,

encendidos por tu gracia

gustan

la dulzura de tu amor.

 

Mi lengua cantará tus maravillas;

mis manos obrarán tus obras buenas;

mis ojos mostrarán en sus pupilas

el resplandor vital de tu presencia.

Anunciaré a las gentes tus acciones;

y al pecador daré tus mandamientos;

por el mundo iré gritando tus amores

que sobrepasan todo entendimiento.

Y tu salud daré al que está enfermo,

y al triste la sonrisa de tus labios,

a mi deudor tu paz, perdón entero

y oído y compañía al marginado.

 

Diez enfermos.

Diez curados.

Y entre ellos,

sano yo,

yo, yo, yo.

Gracias por siempre Señor.

tercera parte

Diez leprosos.

Diez curados.

Diez enfermos

que alcanzaron

con sus ruegos

la salud.

Y entre todos,

uno solo agradecido

que se postra conmovido

a los pies

de Jesús.

 

¿No han sido todos curados?

¿Dónde están los otros nueve?

¿Uno solo es el que vuelve`

para dar gracias a Dios?

Y son diez los que han curado...

y uno solo el que es salvado...

por la fe!

¿Donde va la diferencia

de “salud” a “salvación”?

¿Son “curados”,

y no observan

la presencia

del que otorga

tanto bien?

¿Es salvado,

pues percibe en el regalo

la expresión de un amor fiel?

 

En el don

recibido

el “curado”

ha sentido

el abrazo

del Señor.

Y Tú fuiste

quien me diste

con el roce de tu mano

la salud tan deseada,

y en ella trasparentada

tu amistad y comunión.

Tú me diste la salud y salvación.

 

Alabanza:

Yo, leproso,

-todos somos-;

yo, perdido,

-todos fuimos-;

y conmigo

-con nosotros-

de camino,

con el peso

del pecado

que soberbios

cometimos,

vienes Tú,

Tú,

Tú.

 

LEPRA fuiste por nosotros

y por nosotros, PECADO;

por nuestras iras y odios

en la CRUZ fuiste clavado.

 

Por mis blasfemias, blasfemo;

por mis ofensas, colgado;

por mis dolores, enfermo,

y por mi olvido olvidado.

 

Y Tú limpiaste la lepra

que nos tenía postrados

y te hiciste carne muerta

para poder recrearnos.

 

Fueron tus manos heridas

las que las mías tocaron

las que infundieron la vida

en los miembros acabados:

al abrazarme extendidas

derramaron la salud.

Fueron tus labios ardientes

los que mis labios besaron,

 

y se abrieron relucientes

en amores transformados!:

al perecer ahogados

me concedieron cantar.

 

Fueron tus ojos llorosos

los que mis ojos abrieron

y brillaron luminosos

del perdón que recibieron!:

 

al mirarme desde el leño

me concediste la luz.

Y fue tu costado abierto

el que rasgó mis entrañas

 

y como fuego, por dentro,

-misterio de sangre y agua-

renovaron por completo

mi llagado corazón:

 

de mi mal me liberaste

al morir por mí en la Cruz.

La carne que Tú abrazaste

en el seno de María

 

carne es ya resucitada:

gloria de Dios fulgurante

que da poder a la mía

de mirarlo cara a cara.

 

En Ti, Señor, soy yo fulgor de Dios.

En Ti contemplo vivo al Padre

y el Padre en Ti me da su amor;

en Ti, Jesús, me llama hijo!

y estoy por Ti en su corazón.

En Ti recibo el Soplo de la vida

y en Ti me dejo yo llevar por El.

En El el Uno y Trino se ilumina

y abre su entraña generosa y fiel.

 

El Padre Bueno goza de mi gozo

y el gozo suyo acrece mi placer,

y mi placer se torna más sabroso

en el gusto que siente Dios en él.

 

Así será mi pecho viva fuente

que en Ti del Padre al Padre siempre va

eterna, limpia, santa, permanente

en Dios a Dios sin nunca terminar.

Pues al curarme Tú de tanta lepra

mi carne hiciste flor de santidad:

En Ti hijo del Padre me revelas

para vivir por toda eternidad.

 

Tú, mi Hermano;

Tú, mi Amigo;

Tú, Verdad;

Tú, Camino;

Tú, mi Vino;

Tú, mi Pan;

mi comida,

mi bebida:

Tú, mi afán,

Tú la Vida

que me anima

y me lleva

hacia Dios.

Tú y el Padre

una cosa;

y en mi carne

tan leprosa

tu presencia

jubilosa,

oh, Jesús,

mi destino

más entero:

ser yo Tú!

Tú,

Tú,

Tú.

somos pobres siervos

(lc. 17, 7-10)

Somos siervos.

Somos pobres.

Los más pobres servidores

en la Casa del Señor.

 

Los que ofrecen sus servicios

a criados,

convencidos

de cumplir su cometido

en el último lugar.

 

Sin exigir condiciones;

sin pretensiones subidas;

con la postura debida

de ser en todo inferiores.

 

¿Cuál mi servicio de siervo

si sobrepaso mi nombre

y, con ser tan solo un hombre,

desorbito yo a mi antojo

la pequeñez de mis ojos

y me apropio,

criatura,

la figura

de señor?

 

¿no sería un globo

hinchado

que, por hinchado, revienta

por desbordar su función?

Siervo soy,

siervo pobre.

Pobre entero.

 

Siervo doble:

de pequeños servidor...servidor...servidor.

¿Qué más hago

si bien sirvo?

¿Algo más de lo debido?

 

¿No soy acaso un criado

que no tiene más derecho

que ejecutar lo mandado

sin erguida pretensión?

 

¿No es el servir un regalo,

y un don de extremado precio

tener al Señor por Dueño

y poder sin miedo honrarlo?

 

Siervo sé,

que es lo que eres,

y cumple sin tardar lo que te mandan;

no rompas la medida de tu corte

con pretensión de alzar tu voz menguada;

no sea que de inflado te destroces

y acabe tu figura en pura nada.

 

Ten siempre de inútil la conciencia,

aunque “útil” te diga la experiencia...

Que ya llegará el momento

en el que el Señor que manda

ponga en tus hombros la mano

y te sirva a ti, criado,

como se sirve a un señor:

 

“Entra, te diga, a mi Reino

tú que serviste a tu Dueño

como siervo bueno y fiel”

el buen samaritano

Quisiste andar, Señor, de peregrino,

tomando nuestra carne en vestidura;

tuya quisiste hacer nuestra ventura,

bajando con nosotros el camino.

 

Yacíamos desnudos, sin destino,

abandonados, rota la figura;

pasaste Tu, miraste con ternura

y diste por salud aceite y vino.

 

Tu piedad nos salvó con mano fuerte,

limpiando en tu candor nuestra inmundicia,

pagaste por nosotros con tu muerte

la deuda que adquirió nuestra malicia;

 

qué grande fue, Señor, la humana suerte

de haber hallado en ti nuestra justicia.

Con cariño, Buen Samaritano,

nos acercaste a Dios y a los hermanos.

¿en donde, jesus, tus sueños?

¿En dónde, Jesús, tus sueños?

¿Quizás en aquel lucero

que el firmamento rasgaba

y en su fulgor anunciaba

llegado nuestro Consuelo?

 

¿Soñabas que las alturas

como pregón de los cielos

grababan nuestra Ventura

con caracteres de fuego?

 

¿Por dónde, mi Dios, tus sueños?

¿Creías lanzar los vientos

a las estrellas más altas

para llover de allí gracia

sobre este mundo tan muerto?

 

¿Soñabas poner tu trono

en un establo sin techo

y en un rincón de abandono

vivir con los más pequeños?

 

¿Por dónde tu afán, mi Dueño?

¿Iban tus ojos, señeros,

guiando a tres reyes magos?

¿Iba trazando tu mano

el zig-zag de los senderos?

 

¿Iba a la espera tu mente

a velar con los pastores?

¿iban llamando a las gentes

para ofrecerles tus dones?

 

Cuando colgabas del pecho

de aquella bendita Madre,

¿dónde, mi Bien, tus afanes

y dónde, mi Rey, tus sueños?

 

¿Pensabas que tu rebaño

a verte vendría luego

y a gritarte ¡Soberano!

vendrían a todos los pueblos?

 

¿Dónde, mi Niño, tus sueños?

¿Soñabas que tu pobreza

yo la llevaba contigo

y el placer de la obediencia

lo disfrutabas conmigo?

 

¿Soñabas que te quería,

que en ti encontraban mi amparo

que yo iba siempre a tu lado

a dondequiera que ibas?

 

¿En qué, mi Niño, soñabas

en qué soñabas, mi Bien,

cuando la luz te besaba

en el portal de Belén?

 

Entre tus sueños divinos

quiero los míos poner

para que en vela o dormido

seas de todos el Rey.

 

Llagada tengo mi alma

y el corazón enfermo;

la boca está sin palabras,

los ojos no ven de ciegos:

 

Pon en mi mente tus sueños

y tu aliento en mis entrañas,

en mi boca tu Evangelio

y en mis ojos tu mirada.

juan 9-10

Pastor y Puerta soy, Verdad suprema,

y con el Padre, una misma cosa;

Palabra suya soy, su misma Boca

y de su Luz, la Luz que lo refleja.

 

Tan sólo Yo penetro las entrañas

y agito el corazón de las personas,

Yo toco la raíz de donde asoma

el gran misterio de la vida humana.

 

Yo rompo las prisiones que las veja

y ofrezco a su cuidado mi cobijo:

¡por Mí seguras van a pastos ricos

y salen y entran libres las ovejas!

 

Yo soy el Buen Pastor, el Verdadero,

que da la vida, fiel, por el rebaño;

con silbos amorosos yo los llamo

y oculto sus temores en mi seno.

 

No hay otro Rabadán con tanto empeño

de amar de corazón a todo hombre;

yo busco cada uno por su nombre

y muestro mi afición por el pequeño.

 

Yo soy la Luz que ahuyenta toda nube;

la que concede al ciego ver estrellas,

sumerge a los soberbios en tinieblas

y brilla por los siglos en la cumbre.

 

Soy la Fidelidad de Dios, el Pacto,

la misma realidad de sus amores,

la Voz que llena el mundo de favores

y torna el barro inerte en hombre santo.

 

Del Padre recibo Yo su propia Gloria,

y ejerzo su poder sobre los seres;

como el Ungido-Kirios, Rey de Reyes,

me yergo por encima de la historia.

 

Desde la Cruz gobierno las edades,

y en ella muestro ser Pastor y Puerta,

Verdad y Luz, y Senda manifiesta

que os encarama al corazón del Padre.

 

Venid a mí los pobres, los hambrientos,

los que vivís sin pan la noche fría:

yo doy mi cuerpo y sangre de comida

y soy resurrección para los muertos.

la perla escondida

(mt 13, 44-46)

Allí tu corazón tendrás, muchacho,

donde tu mente elija su tesoro;

será de tu razón imán y polo

y a él dirigirás febril tus pasos.

 

El mundo medirás bajo su encanto:

será, si de él te aparta, peligroso,

y si te acerca, saludable y santo.

¿Dónde pusiste, joven, tu “riqueza”?

 

¿Dónde, tu más valiosa perla fina?

¿Dónde el “tesoro” fiel que te recrea

y conduce los pasos de tu vida?

¿En el honor, la fama, la grandeza?

 

¿En el poder que todo lo domina?

¿O en el pasar las horas sin problemas?

¿Es el placer del sexo que esclaviza,

el alcohol, la droga, que enajenan?

 

¿Es el afán de ver tu casa llena

de cosas baladíes y anodinas,

lo que modela toda tu existencia?

¿Que es, en tu interior, lo que te inclina

 

a consumir por él la vida entera?

Un rey serás, con todo a tu servicio,

si tiendes con valor hacia lo bueno;

mas si la senda vas que sigue el vicio

acabarás por ser su prisionero;

todo depende, hermano, de tu juicio:

Los pasos que tú des por tu “sendero”

serán para tu bien o tu perjuicio.

 

Hay algo por encima de los hombres

que da sentido pleno a nuestra historia

mantiene en pulcritud nuestros amores,

otorga a nuestro obrar divina gloria

y rebosa de paz los corazones:

 

en el encuentra el hombre su custodia

y goza del valor de sus acciones.

el camino

Jesús es, Dios y Hombre verdadero,

la Buena Nueva más conmovedora,

la suprema Verdad, el Evangelio,

que enardece, convierte y enamora:

es el valor que alcanza todo tiempo

y la flor que jamás se deteriora.

 

Corre tras El, hermano corre presto:

disfruta de la luz que dan las horas,

no sea que la noche en su momento

te envuelva para siempre con sus sombras.

 

Sé mercader solícito y astuto

y labrador resuelto y sin ambages,

la llave del Tesoro está a tu alcance

y basta con tu mano hacerlo tuyo.

la tempestad calmada

Subamos presto a la barca

y al viento icemos las velas,

raudos los remos al agua,

desanudadas las cuerdas.

 

Entrelazadas las manos,

unamos todos las fuerzas:

remando somos hermanos,

unidos somos Iglesia.

 

No haya en nosotros recelo,

ni envidia ruin ni pereza:

vamos camino del Reino,

atravesando tormentas.

 

¿Por qué jamás tener miedo

de que la barca se pierda,

si con nosotros, en medio,

Jesús dirige la empresa?

 

¿No es el Señor de los mares

y el Señor de las estrellas?

¿No domina los andares

de las aguas y las nieblas?

 

Que si los vientos nos hunden,

que si la bruma nos ciega,

que si el abismo descubre

sus boca pérfida y fiera;

 

que si las olas nos cubren

y la borrasca golpea,

en nada la barca sufre:

¡es Jesús quien la gobierna!

 

No temamos si se yerguen

las potestades más fieras,

que aunque parece que duerme,

¡el Señor vela por ella!

Tan sólo decirle basta:

¡Que tu morada se quiebra!

para que al mar diga: ¡calla!

y la paz a su Iglesia vuelva.

 

No dejes jamás la barca,

por atractivos que sean

la transparencia del agua

y el canto de las sirenas.

 

Que ni las aguas son mansas,

ni las canciones tan bellas

¡por llevar sal son amargas

y esconden la ruina eterna!

 

Arroja dejos de ti

la sugestión tan perversa

de proclamar ¡Cristo sí!

y renegar de su Iglesia.

 

¿Cómo decirnos cristianos

de corazón y conciencia

si de los miembros-hermanos

separamos la cabeza?

 

Ama a los hombres que ama

el Cristo que en cruz muriera:

¡un cuerpo forman, un alma,

y son la persona entera!

marta y maria

Una casa. Tres figuras:

dos hermanas y el Maestro.

Una mesa en la penumbra:

pan y vino, higos frescos

unas uvas en el cesto...

y los Doce en el umbral.

 

Jesús habla. Calla el viento;

luce en el cielo una estrella;

se detiene el firmamento.

María a los pies, muy queda,

bebe palabras eternas

que inflaman el corazón.

 

Marta despliega destreza

por servir a los llegados:

sube, baja, corre, vuela,

ordenando a los criados:

“Todo ha de ser bien llevado

para agradar al Señor”.

 

Jesús, Médico de vida,

siente afligido la pena

de ver en Marta perdida

la visión de estar enferma:

desatiende al que le enseña

y se escapa de su yo.

 

No está Jesús en la tierra

para ser cual Rey servido:

todo agasajo le quema

si su Pregón no es oído:

Que como Siervo ha venido

para dar la salvación.

 

Marta, Marta, ¡cuanto ruido

lleva tu espíritu dentro!

¡Cuánto momento perdido

por no escuchar al Maestro!

¡Vuelve a mirarlo en sus gestos

y verás la faz de Dios!

María, con su mirada

llena de entrega y servicio,

bebe voraz la palabra

que se desprende de Cristo:

ahí por siempre su sitio,

gustando libre el Amor.

 

El Maestro y dos hermanas:

(una estampa de familia:)

María contemplativa

y Marta la que se afana:

una y otra bien unidas

garantizan la medida

de vivir en el Señor.

 

Unos ojos que contemplan,

unas manos que trabajan;

la que sirve y agasaja,

la que escucha, vela y reza,

son imagen de la Iglesia

en perfecta comprensión.

 

Haz, Señor, nuestra plegaria

de las obras compañera,

no sea que en la batalla,

queden las lanzas pequeñas

por verse de amor extrañas

y privadas de intención.

parábola de la cizaña

Plantaste, Señor en tu campo

la Flor más hermosa del cielo:

al mundo quisiste hacer santo,

formando en su entraña tu Reino.

 

¡Qué buena Semilla dejaron

las manos del Padre en el cieno!

De carne y de sangre, ¡de barro!

vistió entre los hombres al Verbo.

 

Mas alguien miró con envidia

amores tan tiernos y claros,

y en gesto cargado de ira,

cizaña sembró con engaño.

 

Es buena, Señor, tu semilla;

es bueno, Señor, tu trabajo;

mas siempre a su lado germina

la planta dañina del Diablo.

 

Ahora en misterio profundo

nos das la simiente del Reino,

que somos nosotros, si puros

tus obras miramos y hacemos.

 

Al fin de los siglos, seguro

vendrá tu dictamen más cierto:

harás destrucción de lo impuro

y gloria darás a los rectos.

 

¿Esparzo la buena semilla

o anido cizaña en mi pecho?

¿Trabajan mis manos amigas,

o en odio insolente me niego?

 

Observa, cristiano y vigila

si llevas o no buen sendero:

si en Dios tus andares terminan

o siembras cosecha de fuego.

 

Que no es sin valor la simiente

que ahora desgranan tus hechos:

será para ti flor de muerte

o fruto de eterno consuelo.

parabola del sembrador

Sales, Señor, de mañana

a sembrar al mundo entero,

a dejar que tu palabra

llene de fruto su seno.

 

Y lanzas, Señor, la semilla,

como suspiros al vuelo,

para que se abra en sonrisas

la dura costra del suelo.

 

Y van tus labios cantando

y tus andares, ligeros,

largos y abiertos los brazos,

como sembrando los tiempos.

 

Cómo sueñan tus pupilas

con los sembrados ya llenos

de sazonadas espigas

que brindan su grano al cielo!

 

¡Y cómo ven las gavillas

tus ojos de buen labriego

desmenuzarse en la trilla

danzar airosas al bieldo

 

recogerse en las medidas

y rebosar los graneros!

¿Será realidad un día

lo que desgranan tus sueños?

 

Y parte de tu sembrada

cayó en pisado terreno,

que por cerrar sus entrañas

dejó baldío tu esmero.

 

¡Falta de amor, intereses

por el mundo y su momento,

dejan el grano a su suerte

y que lo barran los vientos!

Y parte de tu simiente

logró crecer hacia dentro,

surgir en tallo delgado

y por sed quedarse yerto.

 

Estrecheces y apreturas,

persecución y desprecios

agostaron su hermosura

por carecer de alimento.

 

Entre semillas de cardo

también algunas cayeron,

y al alzar las dos sus tallos,

las tuyas, sin luz, murieron.

 

Riquezas, bienes, cuidados;

honores, famas, desvelos,

acabaron con el grano

que prometía ser bueno.

 

Y Tú seguías sembrando,

lanzando tu trigo al vuelo,

para cubrir todo el campo

con esplendores de cielo.

 

La tierra abría sus labios

y fecundaba su seno,

rompía en brotes gallardos

de recias espigas lleno.

 

Y fue la cosecha cierta,

como empeñando tu esfuerzo:

¡treinta por uno!, ¡sesenta!

y en los mejores ¡un ciento!

 

Y yo ¿qué tierra preparo?

para el sembrado que espero?

¿Endurezco mi sentido

y entrego tu voz al diablo?

 

¿Me retraen los peligros

de trabajar a tu lado?

¿O entre riquezas perdido

me sofocan los cuidados?

 

Quiero, Señor con tu auxilio

dispuesto tener el campo:

No quedará sin provecho

el trabajo de mis manos

si, con el tuyo, mi esfuerzo

pongo al lanzar tu grano!

yo soy

El “YO” que Tú pronuncias es excelso:

Un “YO” de complexión inquebrantable.

Un “YO” que juzga siempre con acierto

en drástica sentencia irrevocable.

 

Un “YO” majestuoso, gigantesco,

y al mismo tiempo blando de ternura,

que sabe descender de las alturas

y acariciar al débil y al enfermo.

 

Un “YO” de solidez invulnerable,

de colosal y firme contextura,

Un YO que encierra en sí, tan admirable,

divino ser y humilde criatura.

 

Un “YO” que alcanza a todas las esferas

en prodigiosa acción recreadora,

que las abraza, limpia y regenera

y las integra en sí conciliadora.

 

Y siete veces, límpido y resuelto,

el “YO” al “SOY” unido manifiestas,

y de esta forma en número demuestras

que son -el “YO” y el “SOY”- en Ti perfectos.

 

Tu “YO” va con el “SOY” inseparable

y así el uno al otro se definen,

pues tu consciente “YO” se muestra firme

en el presente “SOY” interminable.

 

A ese “YO” grandioso yo me adhiero

para sobrevivir a mi indigencia,

para llenar mi “soy”, y poseerlo,

y dar cabal sentido a mi existencia.

 

A ese “YO” robusto yo me entrego,

y en él degusto yo las excelencias

de convivir por siempre en un encuentro

que otorga a mi persona consistencia.

 

Y yo seré en Ti un “yo” sujeto!

y en Ti me sentiré yo responsable!

mi personalidad será de hierro!

y al mismo tiempo servicial y amable

(de fibra medular cordial y amable)

 

Un “yo” y un “soy” serán que siempre duren

en el “YO ‘SOY’ que Tú en Dios enclavas,

un “yo” y un “soy” perennes que se funden

en el ‘YO SOY’ que Tu, Señor, me alargas!

 

Dame, Jesús, tu “YO”, tu “SOY” gigante

para ser yo yo mismo todo instante.

“yo soy el pan de vida”

(jn. 6, 35-41)

Soy el Pan bajado de la altura,

el Alimento vivo y verdadero;

el que me come, vive de mi hartura

y gustará la Vida por entero

 

Comedlo todo juntos, en familia:

distribuid el Pan en mil pedazos,

el Cáliz apurad a vuestros labios

¡y alzad en comunión la Iglesia unida!

 

Seremos Pan en este Pan Bendito

-harina candeal en Agua y Fuego-

si mantenemos firmes el empeño

de llevar hasta el fin la Cruz de Cristo.

“yo soy la luz delmundo”

(jn 8, 12)

Yo soy la Luz, el Sol sin tizne alguno,

que ahoga radical la edad sombría;

yo brillo indeficiente sobre el mundo

y engendro a mi fulgor hijos del Día.

 

Verán al Dios Excelso vuestros ojos

-crecida y ensanchada vuestra vista-

al mirarlo en los míos luminosos:

serán, por dentro y fuera, luz divina.

 

Luz de tu Luz queremos ser sin tacha,

y resplandor que hiera las pupilas

de los que buscan, ciegos, sin ver nada,

por ser esclavos de la noche fría.

“yo soy el buen pastor”

(jn 10, 11)

Yo Soy el Buen Pastor, el más atento,

el que consume toda su existencia

en dar la Vida eterna a las ovejas:

por ellas me doy yo en todo momento

 

A tu Rebaño cuidas de alimañas,

y con tu Cruz, tu Vara bien dispuesta,

lo guías por cañadas y por cuestas:

¡a todas llevas, fiel, en tus entrañas!

 

Yo trataré, Señor, de conocerte

en la amistad masiva que me entregas,

intimidad graciosa que desciende

del sumo amor que Padre te profesa.

“yo soy la resurrección”

(jn. 11, 25)

Soy la Resurrección, la Vida eterna,

y tengo la misión de transformaros,

de convertir en vidrio vuestro barro

y de juntar el cuerpo al alma bella.

 

Tú nos levantarás de nuestras fosas

y harás que nuestros huesos se articulen,

que nuestros miembros pútridos se muden

con claridad y luz y paz gloriosa.

 

Tu gloria nos invade ya en el tiempo,

si en cuerpo y alma fieles te seguimos

si tu pasión -querer de Dios- vivimos

haciendo carne nuestra tu misterio.

“yo soy la vida...”

(jn 14, 6)

Yo soy la Vida, el vivir más puro;

vivo y hago vivir sin deficiencias:

Conmigo vivireis sin corte alguno

y alargareis sin fin vuestra existencia.

 

Manda, Señor saltar en mí la fuente

que alcance el corazón del Uno y Trino:

pues que para vivir hemos nacido

concédenos gustarte eternamente!

 

La Vida que Tú, Vida, nos mereces,

a todos quiero hacerla yo extensiva:

alargaré tu gracia en alma unida

a los que como hermanos Tú me ofreces.

 

Yo soy el Buen Pastor de las ovejas,

y la Resurrección y eterna Vida;

Yo soy la Vid frondosa, soy la Puerta,

la senda excepcional que a Dios os guía;

 

Yo soy el Pan, Yo soy la Luz excelsa,

el Verbo en carne, soy vuestra comida.

Venid a Mí, venid a toda prisa,

vosotros, hambre y sed insatisfechas:

 

Yo os daré cuanto soy y cuanto tengo:

que soy el Don de Dios, y a darme vengo!

“yo soy el camino”

(jn.14, 6)

Yo soy, dices, el único camino

la senda que conduce hasta lo alto,

conjugo en Mi lo humano y lo divino

y al hombre pecador a Dios levanto.

(...transformo en santo)

 

En ti, Señor, al Dios bendito encuentro

que un día me creara con sus manos;

y en El a mí también feliz me palpo

y vivo ya el futuro en el momento.

 

Caminaré siguiéndote de cerca,

mis pasos pegados a los tuyos,

como figura y sombra, de consuno,

hasta formar parejas una senda.

‘yo soy la verdad...”

(jn 14, 6)

Yo soy, afirmas, la Verdad suprema,

la que realiza la Bondad del Padre,

la que declara en caridad perfecta

el Sí de Dios en vuestra propia carne.

 

Que tu pasión, Señor, de amor sincero

por la revelación que regenera,

subsane el mal de la traición primera

y cambie nuestro ser en hombres nuevos.

 

Seremos de verdad preclara prueba

de no ser más esclavos del engaño,

si obramos la virtud, si nos amamos,

en el amor que Tú a todos muestras.

“yo soy la vid verdadera”

(jn. 15, 1)

Yo soy la Vid, la Viña verdadera,

la que destila Vino generoso,

la que en racimos prietos y jugosos

aúna el mundo en caridad fraterna.

 

Sed mis sarmientos vivos en amores

y dad el fruto que mi Padre espera,

llenad de pámpanos la fría tierra

y sed la bendición de todo el orbe

 

En tu confianza pedimos el consuelo.

Danos, Señor, tu Espíritu Sagrado

para cubrir, en fértil emparrado,

la sed de amor que abrasa al universo.

“yo soy la puerta de las ovejas”

(jn.20, 7)

Yo soy la Puerta, la entrada propia

a las ovejas todas del Rebaño;

los que no entran Conmigo son extraños,

que asaltan, hieren, matan y destrozan.

 

En Ti encontramos plácido cobijo

y pastos muelles, óptimos y frescos:

la libertad de holgar, al sol y al viento,

en los solares amplios del aprisco.

 

Tan sólo en Ti tendrá mi libertad

la plenitud cabal que tanto añoro;

cultivaré gustoso tu amistad

y haré de tu querer el mío propio.

tu eres mi pastor

Así de grande TU,

así de pequeño yo.

Siempre TU en mayúscula;

siempre en cursiva yo.

Pues yo soy criatura,

y TU, el Creador.

 

Yo, fealdad,

TU, la Hermosura;

yo soy basura,

todo, TU, candor.

Perdón, TU, sin mesura,

lleno de ternura,

misterio de amor.

 

Yo, entraña dura,

mirada torva,

lengua cruda,

gran pecador.

Todo, yo, negrura;

todo, TU, blancura,

 

Eterno fulgor.

De tus manos hechura,

tu imagen soy y figura:

Tú, mi buen Señor.

De aquella compostura

soy, yo, caricatura,

confuso borrador.

 

Caí de la altura,

perdí la luz pura,

todo soy hedor.

Tú me hablas con blandura,

Tú, Señor, me aseguras:

YO SOY TU PASTOR

 

Por qué, Dios Santo,

me amas tanto

sin amarte yo.

¿De dónde, Señor del cielo

tanto desvelo

y solicitud?

 

Tú me guías, Tú me llevas

por sendas y veredas

a disfrutar de tu luz.

Por jugosas praderas

en Pan sustancioso.

 

Dulce y generoso,

te me brindas TU.

Como a oveja tuya

me abres la hendidura

de tu costado en Cruz.

 

Y allí bebe mi alma

sosegada y en calma

la eterna Salud.

Y en tan firme Cayado

camino yo apoyado

sin angustia y temor.

 

Pues Madero tan Santo

ahuyenta de espanto

a la bestia feroz.

De fuentes tranquilas

tu mano divina

me da de beber;

 

Gozando el descanso,

inquietos remansos,

apago la sed.

Sed que tiene de amarte,

gozarte y contemplarte

todo entero mi ser.

 

A mi lado te siento,

aunque no te veo,

y es ardor mi deseo

por alcanzarte a ver.

Y si ahora no puedo,

en tu amor me recreo,

poseyéndote aquí.

 

Yo, pequeño, en ti fío:

TU, Dios grande, eres mío

hasta el mismo morir:

En la Cruz has muerto

y a la vida has vuelto

POR AMOR A MI.

 

Una Mesa preparas

y una Copa separas

porque pueda vivir.

Vivir en hartura,

Bebiendo ternura

en Vida sin fin.

 

Tú me conoces, Tú me sondeas

Tú me iluminas y pastoreas,

Tú me conduces a tu Redil.

Y con mil y mil finezas

si me doblo me enderezas

robusteces mi flaqueza,

sin dejar de repetir:

 

YO SOY TU PASTOR

YO SOY TU PASTOR.

Tu Vida soy y Sendero,

me doy a ti por entero

en amistad y favor

¿vendrás en pos de mí?

¡Yo sí QUIERO, Señor!

¡Yo sí QUIERO!

me obligas a decir

 

Pero...

tan torpe me veo

que ni se balbucir.

Señor, que tanto me amas

y hacia ti me llamas

con tu dulce voz

 

¿Cómo habré de seguirte

si tan sólo herirte

sabe mi pobre yo?

Tiende, mi Dios, tu mano

y torna de enfermo sano

mi duro corazón:

 

Que siento a tu lado,

de ti enamorado,

me embriague de amor.

Mis labios te bendigan

mis pasos siempre sigan

por donde vayas TU.

 

Úngeme con tu UNGUENTO,

limpia mi pensamiento,

cambia mi sentir,

para, el último día,

gastada mi vida,

recobrarla en ti,

 

Tú, verdad eterna,

que me gobiernas

en el vivir,

Di

que en tus manos duerma

cuando tu voz fraterna

me llamará hacia ti.

 

Que por muy bravas

que sean las honduras

y muy obscuras

las cañadas

no tengo nada:

TU ESTAS ALLI

Gracias a ti, mi Dios:

TU ERES MI BUEN PASTOR

benditas las llagas del señor

venid a mi todos los atribulados

Decid, si buscan paz, que yo la tengo;

consolación, que yo soy en persona:

que vengan confiados los que lloran

a descansar seguros a mi seno.

 

Si faltos van de amor, que yo estoy lleno,

que de mi entraña surge creadora

la llama torrencial que me devora

capaz de consumir el mundo entero;

 

Del débil, soy, decid, la fortaleza,

del pecador perdón y medicina,

del ciego luz, solaz del alma inquieta,

del pobre y peregrino la comida;

 

quien hambre tiene y sed que coma y beba

que doy en amistad la propia vida.

Venid, que voy humilde a vuestro encuentro

y en darme por entero pongo mi contento.

chispazos bíblicos

“que yo soy dios y no hombre” (Os 11, 9)

Engrandeces, Señor, tu Santo Nombre

al perdonar la injuria que te hicimos,

cuando por hinchazón la luz perdimos

que en nosotros plasmó tu rostro noble.

 

Pues no quisiste dar, misericorde,

la justa plena que en ello merecimos,

sino que la pasión de tu cariño

rompió con decisión humanos moldes

 

Profundas tus entrañas se agrandaron

tajando de raíz el movimiento

que el celo de tu ira respiraba;

tu Corazón sangró por los costados,

 

y en vez de aborrecernos sin remedio

cubriste de ternura al que te odiaba.

Pudo tu amor vencer el justo enojo

porque eres Tú, Señor, el Poderoso.

 

“Si así nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros”(Jn 4, 11)

Y a más llegó tu amor en sus empeños:

de tu poder ungiste nuestros brazos

y los hiciste largos, creadores,

capaces de formar un mundo nuevo

donde viviera el hombre como hermano:

hiciste de perdidos salvadores!

 

Pues tu cariño ingente abrió en nosotros

las ansias de querer como Tú amas

y cinceló voraz, en viva llama,

la imagen bella de tu santo Rostro.

 

Y ahora, sí, Señor, aun siendo lodo,

podemos empuñar tus propias armas

y al superar el odio en nuestras almas

llamarnos con Tú, los “poderosos”.

 

Cuánto, Señor, tu afán de hacernos grandes

y de envolvernos en tu amor de Padre!

Tú nos besaste, Padre con tus labios

y nos creaste reyes soberanos!

recuerdos bíblicos

Génesis 1 - 3

Imagen eres tú del Dios viviente

con ansias de saltar al infinito

y ser - ¡de barro! - nube refulgente

que irradie la presencia de su brillo.

Capaz de amar y envuelta en sus amores,

impregna de sentido tus acciones.

Génesis 12

Hendió la luz del cielo tus tinieblas

y en voz amiga abriose a tus oídos, .

“Ven, de dijo, y verás la tierra nueva

que adquiero yo para vivir contigo”.

Deja tu país, hogar, familia y raza:

serás bendita y bendición que salva.

Éxodo 19 - 20

Errabas loca y sucia por barrancos,

a servidumbre vana sometida,

y alzó el Señor con gran poder su brazo

y te hizo en compasión su Prometida.

Él es tu Dios y tú su templo vivo,

tendrás la paz si sigues sus caminos.

Oseas 1 - 2

“En convivencia amiga yo me entrego

y en matrimonio estable te desposo;

que no hay ya mío y tuyo, todo es nuestro

en penas y dolor, en gusto y gozo”.

“Yo soy tu dueño y Rey, y tú mi esposa,

te haré en mi lealtad feliz y hermosa”.

Juan, Corintios

Eres, Señor Jesús, el del Padre

en su ternura fiel al hombre enfermo,

su voluntad piadosa en viva carne

de hacerlo fibra de tu propio cuerpo.

Eres su Voz, su corazón rusiente,

su Amor en un abrazo para siempre.

Hebreos

Y quiero yo seguirte en el sendero

que inicias Tú en la historia humana

y compartir tu afán, con el deseo

de hallar en ti mi propia entraña.

Pues Tú en mí y yo en ti, oh ventura,

hazme gustar, Señor, que yo soy tuya.

Lucas 1, 26 - 38

Bendita tú, Señora y Santa Madre

que brillas por los siglos siempre Virgen,

dotaste a tu Señor de humana sangre

en fe entregada y esperanza humilde.

Al Sí divino diste el Sí más pleno

y en tus entrañas vio la luz el Verbo.

 

Escucha las plegarias de tu Esclava

y acude en su favor ante tu Hijo,

pues Dios sembró en tu corazón la gracia

de ser ampara, compasión y auxilio.

Pongo en tus manos todo mi futuro

y espero de tu amor favor seguro.

Marcos 1, 14 - 21

Tu voz creó pastores entregados

y tapizó de flores los desiertos,

ungió de brío a intrépidos soldados

y aroma virginal sopló en los cuerpos.

Tus manos son, tus ojos y palabra;

con ellos voy, Señor, en cuerpo y alma.

 

Mi libertad ejerzo en la obediencia

para gustar en fe tus decisiones;

desato mi poder en la pobreza

y vuelo a los espacios sin temores;

Entera y viva rijo mis pasiones

para entregarme llena a tus amores.