Domingo XXXII del tiempo ordinario

Primera lectura: Sb 6, 13-17.

El libro de la Sabiduría está incluido en el grupo de los que llevan el nombre de sapienciales. Son obra de sabios. Se distinguen netamente de los que llevan el nombre de históricos o proféticos. En cuanto a la forma externa, estos libros están escritos en verso, de muy elevada poesía a veces -muchos salmos, partes de Job, etc.- más prosaico el decir en otros. En todos es fundamental, para su recta inteligencia, la ley del paralelismo. Excepto el Cantar de los Cantares, que es poético y no sapiencial, y muchos salmos, estos libros tratan frecuentemente de la Sabiduría.

La sabiduría es el arte del bien vivir. Un vivir sano, recto, digno, partiendo por lo general de los datos de la experiencia. Para un israelita, el arte de vivir bien no puede caber sino dentro del cumplimiento de la Ley, al que van vinculadas las bendiciones divinas. So quieres vivir bien, viene a decir el sabio, si quieres alcanzar la felicidad, la bendición divina, cumple los mandamientos. En ellos está la salvación. La Ley viene, pues, a estar estrechamente relacionada con la Sabiduría. Vivir la Ley es poseer la Sabiduría. No sin motivo llegaron las especulaciones rabínicas a presentar la Ley como un ser perfectísimo, anterior a los tiempos y superior al mundo. La Sabiduría por su parte va tomando, en los últimos libros del Antiguo Testamento, una figura y relieve tales hasta presentarse como una personificación. La Sabiduría rige, gobierna, da vida; la Sabiduría desempeña un papel importante en la creación; la Sabiduría es superior al mundo y está en Dios. La Sabiduría divina rige al mundo; Dios gobierna con Sabiduría; la Sabiduría, que está en Dios, da la vida, es inmortal. De todos modos no pasa de ser una abstracción.

El texto de la lectura forma parte de un contexto más amplio -capítulos 6-9 que habla del origen, naturaleza, etc.de la Sabiduría. En estos versillos se habla concretamente de la Sabiduría que se da y se deja hallar fácilmente. La Sabiduría es asequible. La Sabiduría es un bien supremo, conduce a la incorruptibilidad (versillo 18).

El tema es, pues, la Sabiduría se ofrece, se da. ¿Qué es o quién es la Sabiduría? Para nosotros la Sabiduría es Cristo. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida; es la Luz que ilumina, el Pan que da la Vida, el Agua que sacia, la Palabra que desciende del Padre y revela al Padre.Él gobierna, Él rige, Él es antes de la creación del mundo.Él se da y manifiesta a los hombres: Venid a mí todos… Así lo han entendido los autores del Nuevo Testamento: Prólogo de San Juan; Hb 1, 3ss; Col 1, 15-20.

Según esto, la primera lectura nos presenta a Cristo-Sabiduría, que da la vida y la salvación, como oferta asequible fácilmente.

Segunda lectura: 1 Ts 4, 13-17.

Es un texto clásico de la Parusía del Señor. El tema fundamental es la Venida del Señor. Nótese:

1) Los tesalonicenses están preocupados por la suerte de los muertos respecto a la Venida del Señor. ¿Tomarán parte en su Parusía? La respuesta es afirmativa.

2) La palabra Parusía (parousia) significa primero presencia, después venida, regreso. En el mundo helenista esta palabra tenía un significado bien concreto y recordaba acontecimientos bien determinados. Se trata de la venida o entrada triunfal del rey o del emperador en una ciudad. Todo el mundo salía al encuentro del rey que venía. Por todas partes, gritos de júbilo y de alegría. Los magnates revestidos de sus más ricos ornamentos. Los ganadores olímpicos con sus coronas; los sacerdotes, los niños, las jóvenes… Todos. Era un día de fiesta. Todo era júbilo y alegría por la venida del rey.

En la descripción que hace Pablo de la Parusía del Señor, aparece evidente el influjo de la fiesta helénica: ser arrebatados todos juntos al encuentro del Señor (la apántasi", de que hablan los Padres antiguos), estar siempre con el Señor (Kurios), felicidad general con la presencia del Señor. Es el Gran Día de Fiesta.

La apocalíptica judía había representado a su manera el Día del Señor, que viene sobre nubes y hace temblar la tierra. Es la Manifestación del Señor -Apocalipsis-. En la descripción presente observamos también algún elemento proveniente de las descripciones de la apocalíptica judía: nubes, voz de mando, voz de arcángel, voz de trompeta, bajar del cielo… ¿Habría una evocación de la teofanía del Sinaí?

3) La distinción entre vivos y muertos no responde a la pregunta de si Pablo y los contemporáneos van a vivir el acontecimiento de la Venida del Señor. El pensamiento va por otro camino. La apocalíptica de aquel tiempo se preguntaba más bien si era deseable en aquel momento la suerte de los muertos; pues aquellos días -recuérdense las descripciones terroríficas apocalípticas del Dios Tremendo que viene- serán terribles. Pablo responde resueltamente a esta preocupación: vivos y muertos sin temor, con gozo y alegría irán al encuentro del Señor.

4) La esperanza en la Parusía del Señor se fundamenta en la fe. Es de fe que han de resucitar los muertos (versillo 14), y esto para salir al encuentro del Señor. El cristiano tiene esperanza. Esta esperanza da sentido a su vida; es fuente de alegría y aleja la tristeza.

5) Palabra del Señor. Es también palabra del Señor que han de resucitar los muertos. La esperanza cristiana en la resurrección de los muertos tiene su origen en la promesa del Señor. No se especifica cuándo ni cómo Cristo anunció tal acontecimiento. Es seguro, con todo, que Él lo ha prometido. Pablo es extremadamente fiel a la doctrina de Cristo. La misma Resurrección es un anuncio vivo.

6) Obsérvese el tono de alegría y de gozo que impregna esta descripción y, por lo tanto, también la esperanza cristiana.

Tercera lectura: Mt 25, 1-13: Parábola de las diez Vírgenes.

Contexto.- Nos encontramos en el amplio contexto de los capítulos 24-25, donde ha recogido Mateo las palabras del Señor referentes a los últimos tiempos. Se trata del discurso escatológico en toda su extensión. Aparece con frecuencia la exhortación a la vigilancia. En las parábolas circundantes se alude de una u otra forma al fin. Se perfila el fin último.

En la parábola no son propiamente las vírgenes el término de la comparación, sino las bodas o, si se quiere, la fiesta nupcial. El esposo debe ir a recoger a la esposa, que se encuentra en casa de sus padres desde los esponsales. Atentas a la llegada del esposo, dentro de la casa de la esposa o a las puertas de la misma, se halla un grupo de muchachas jóvenes, en número de diez, amigas de la esposa. Su deber es acompañar a la esposa en el cortejo nupcial y en la boda, cuando venga el esposo. Allí deben estar a la llegada del esposo. El esposo llega, toma a la esposa y, con todo el cortejo nupcial, la conduce a la propia casa. Allí celebran todos, esposo, esposa y acompañantes, la gran fiesta nupcial. Allí el júbilo y la alegría. Los que no se encontraban en el cortejo a la llegada del esposo no tienen que ver nada con la boda. Para ellos se cierra irremediablemente la puerta.

El énfasis recae en la poca previsión de las vírgenes necias.

Notas:

1) El Esposo de las bodas es Cristo. Lo sugiere suficientemente el versillo 13.

2) El tema principal es Velad. La vigilancia no se refiere, sin embargo, a la vigilia, a no dormirse. De hecho unas y otras se duermen en la tardanza del Esposo. La imprudencia y necedad está en no haber caído en la cuenta de que el Esposo puede tardar y de que, por lo tanto, necesitan mayor acopio de aceite. De hecho llega el Esposo y encuentra a unas no preparadas para seguirle. Han fallado en el cumplimiento de su misión. No pueden acompañarle; a la vuelta encuentran la puerta cerrada. No hay entrada. No tienen que ver nada con la fiesta. El Esposo no las ha visto en el cortejo.

3) No hay por qué hacer hincapié en el detalle de que se duermen. Es un elemento necesario para el desarrollo de la parábola. Tampoco se alude aquí -todas duermen, la mitad están prontas, la otra mitad no- al estado de la Iglesia a la venida de Cristo. No es ese el tema. De la Esposa, la Iglesia, no se dice nada; ni siquiera se la nombra. La conducta de las prudentes, que aconsejan a las necias ir a comprar, sin proporcionarles ellas mismas, aceite para sus lámparas, no puede interpretarse como egoísmo. Es un detalle más de la parábola.

4) Se inculca la sabiduría cristiana; en este caso la prontitud. ¡Hay que estar preparados y dispuestos! El No os conozco significa «nada tenemos que ver el uno con el otro»,.

Consecuencia.- El fin puede llegar en cualquier momento. Cristo puede venir de un momento a otro. Debéis estar preparados. No podéis perder de vista esta venida, por más que tarde. Otras parábolas irán indicando cuál es la preparación necesaria (Parábola del Mayordomo; la de los talentos). Hay que estar preparados.

Consideraciones:

Tema fundamental: Cristo viene, el Señor viene.

1) Primera venida. Bajo el nombre de Sabiduría -primera lectura- Cristo se presenta como fácilmente asequible.Él viene a los hombres -estamos en el Antiguo Testamento-.Él es la auténtica Sabiduría, que hace al hombre sabio, lo conduce a la Vida, lo hace inmortal e incorruptible. Esa Sabiduría, ese Cristo -Pablo dirá Mi saber es Cristo- sigue todavía ofreciéndose y ofreciendo sus dones de Vida eterna. Todavía es Hoy, dice la Carta a los Hebreos. Aún estamos a tiempo.

2) Las dos últimas lecturas nos hablan de Cristo que viene por segunda vez:

a) Cristo va a venir ciertamente. Todos resucitaremos. Estaremos con Él; gozaremos con Él; Él será para nosotros el gozo pleno. Su venida será motivo inagotable de alegría y de algazara. ¡El Señor, nuestro Señor, el Kyrio" -nótese el tono afectivo y jubiloso- viene! Esto nos debe servir de consuelo en esta vida. Esta actitud de esperanza jubilosa, que se refleja -o debe reflejarse- en nuestras vidas, nos distingue de los que no tienen esperanza. Para nosotros hay una alegría reservada. Para los otros todo es sombrío, triste y trágico -la tragedia de la vida-. ¿Quién dijo que el Cristianismo es triste y que no conoce la alegría?

b) La actitud de espera nos obliga a estar prontos a salir al encuentro del Señor que viene. Con las coronas, con el vestido nupcial, con las lámparas ardiendo. El cortejo sigue adelante. Quien no se encuentre en el cortejo no participará de la Fiesta y se verá condenado a no disfrutar de la presencia del Señor.

La esperanza de la venida del Señor produce gozo. El temor de una posible imprudencia nos obliga a la vigilancia y a la vela.

c) ¿Gozamos ya con el pensamiento de ir al encuentro del Señor? Tal gozo será la mejor disposición para no olvidar el aceite para las lámparas. ¿Tememos el Día del Señor? Esto es ciertamente menos perfecto, pero lo suficientemente válido para mantener viva nuestra atención al alimento de las lámparas.