Domingo XXVII del tiempo ordinario

Primera lectura: Is 5, 1-7.

Isaías llama a esta pieza literaria canto. Y así hay que tomarla: canto. Género poético, lenguaje figurado: bello canto poético. Un canto de amor; del amor del amigo por su viña. Todo es selecto y exquisito en la viña. El amigo la ama tiernamente: collado soleado, fértil; terreno limpio de piedras y zarzas; cepas de calidad superior; defensa y protección esmerada: torre, valla, lagar… El amigo había puesto allí sus amores. Con toda razón esperó gozoso el tiempo de las uvas. Pero las uvas no llegaron; la viña se negó a darlas: ¡arrojó de sí agrazones! ¡Qué decepción y amargura! Insólito y desesperante.

El profeta provoca al pueblo a dar su parecer sobre tan extraño e innatural acontecimiento. So pueden aducir, aunque sea mínima, alguna falta de atención del amo de la viña, díganla abiertamente. Ya que el pueblo no puede justificar en modo alguno el proceder de la viña, sale el Señor a emitir el juicio. El exquisito cuidado se torna abandono; la atención olvido; el amor despecho. La viña quedará sin defensa; servirá de pasto a los animales; la pisoteará el ganado; crecerán cardos y abrojos; las nubes pasarán de largo. La viña amada se torna maldita. Se lo ha merecido.

Así Israel. Dios ha mimado a su pueblo y ha vertido sobre él toda bendición y cuidado. En lugar de juicios, en cambio, ha dado crímenes. No sólo no han producido obras dignas de amor y de justicia, sino que se han pervertido profundamente: han multiplicado las injusticias y los crímenes. Ahora sufrirán el abandono divino. El juicio de Dios, terrible, se cierne sobre ellos. La falta de correspondencia torna la mano amiga en mano hiriente. La Viña es el pueblo de Israel.

Salmo Responsorial: Sal 79.

Salmo de súplica colectiva en una calamidad pública. Quizás se trate de una derrota, con el consiguiente expolio y saqueo. La viña es el pueblo. Pueblo elegido por Dios; pueblo predilecto. Dios mismo lo plantó y le dio el crecimiento. El Señor lo ha dejado de momento. El pueblo suplica: Tu viña, Tú plantaste, que tú hiciste vigorosa: !Tu Viña! La súplica añade el propósito de fidelidad; pues su falta ha mostrado ser la causa de la ruina. Preciosa súplica y preciosa imagen, Viña.

Segunda lectura: Flp 4, 6-9.

Pablo acaba de invitar al gozo a sus fieles de Filipos. El gozo, en el que abunda el corazón de Pablo, es sin duda interior. También los fieles deben abundar en él. El gozo santo de saberse unidos al Señor debe aflorar en toda su conducta, debe impregnarla. Es una alegría serena, profunda. Su expresión concreta es la afabilidad, el buen trato con todos. La alegría interna revienta en flores de amabilidad y atención con todos. El motivo del gozo es que el Señor viene. La Venida del Señor llena de sentido y paz la vida del cristiano. Es todo lo que importa.

El cristiano, en tiempo de espera, continúa expuesto a la necesidad. Se hace imprescindible la súplica. La única preocupación seria del cristiano ha de ser que sus oraciones sean presentadas ante el Señor: mantener viva la comunión con Dios. La súplica -clamor en la necesidad- ha de ir, para que el gozo no la abandone, acompañada de la acción de gracias. El recuerdo de los beneficios, tanto personales como comunitarios, alegra y entusiasma: Dios me/nos ama; Dios mantiene viva su fidelidad; Dios nos concederá la salud eterna. La acción de gracias asegura la paz en Dios y en Cristo; paz que procede de la comunión con él. El pecado rompe la paz y el gozo santo. La oración ayudará a evitarlo.

La afabilidad del cristiano aprecia todo lo que tiene valor y precio. Dondequiera que aparezca o se atisbe algo de bondad, del orden que sea, se aparece y se atisba a Dios. El cristiano lo ha de sentir y lo ha de captar. El cristiano lo ha de apropiar y mantener. Es también expresión del gozo santo y de la esperanza alegre de verse un día con el Señor. Así reinará en ellos -individuo, comunidad- el Dios de la paz. El cristiano fomenta siempre y en todo lugar lo bueno y santo que encuentre.

Tercera lectura: Mt 21, 33-43.

Parábola de los Colonos malvados. La traen los tres sinópticos. Guarda relación, en Mateo, con la anterior y la siguiente. Parábola con múltiples elementos alegóricos. Género mixto.

La viña hace referencia, al menos en Mateo y Marcos, a Israel: vid; primera lectura y salmo. Los particulares de poner una valla, levantar una casa, construir un lagar… son fáciles de entender. No parece que tengan un valor figurado especial. Reflejan las costumbres del tiempo. Más aún, la malvada actitud de los colonos de maltratar a los siervos y deshacerse del hijo puede que responda también a realidades del tiempo. Por aquellos tiempos debió haber, en Galilea, algo semejante, algo así como una sublevación de colonos contra sus señores que vivían en tierras lejanas.

Los colonos, en la parábola, desean al parecer hacerse con la viña. Su comportamiento es malvado: maltratan a unos, matan a otros. El amo no percibe el fruto esperado. Manda, por último, al hijo. Puede que le tengan más respeto y consideración. La presencia del hijo, por el contrario, los provoca más. Deshaciéndose del hijo, la viña, ya sin heredero, pasará definitivamente a sus manos. Le dieron muerte fuera de la viña.(¿Alusión a la muerte de Cristo fuera de la ciudad?). ¿Qué hará el amo de la viña? La respuesta viene del público, sacerdotes y ancianos, y la confirma Jesús, aplicándola a su persona: dará muerte ignominiosa a los malvados y arrendará la viña a otros que den los frutos a su tiempo. El tema de la piedra angular parece haber jugado un papel importante en la predicación-catequesis primitiva. Además de los evangelistas lo traen Hch 4, 11 y 1P 2, 4-8. Parece posterior en la parábola.

La parábola es un breve resumen de la historia de la salvación. Dios ha enviado profetas y legados -¿anteriores y posteriores?- a Israel. Israel, plantación de sus amores, su Viña, no ha dado fruto; ha maltratado a unos y ha matado a otros. La acusación va dirigida más propiamente a los dirigentes. Han llegado -van a llegar- al colmo de su insensatez y malicia: dar muerte al Hijo, Cristo Jesús. Jesús alude a su condición de Hijo de Dios, de Mesías. Se han portado malvadamente: han intentado de malas maneras hacerse dueños de la Viña de Dios. Ellos mismos pronuncian su sentencia: muerte ignominiosa y entrega a otros, que den fruto, de la Viña del Señor. La ira de Dios, pues, va a caer sobre ellos de forma terrible y definitiva. No han sabido dar fruto: tema caro a Mateo. Es, en el fondo, una advertencia a la comunidad que escucha.

Jesús alude a su muerte violenta. No es la primera vez que lo hace. Su muerte, con todo, no puede acabar así en muerte. La maquinación de los dirigentes ha chocado contra la Piedra Angular de Dios. Ellos, arquitectos, la han desechado; pero Dios, Arquitecto principal, la mantendrá viva contra su voluntad: alusión a la Glorificación de Jesús. La Viña va a pasar a otras manos: alusión clara a la vocación de los gentiles. El pueblo de Israel ha perdido todos sus privilegios como pueblo de Dios: queda como una nación más, con el agravante de culpabilidad. El castigo de Dios alcanzará a toda la nación.

Consideraciones:

a) Dios, Amo y Señor de la Viña.- Dios tiene una Viña. Pensemos en el Pueblo de Dios, ya en la Antigua Economía ya en la Nueva; preferentemente en el de la Nueva, pues aquel otro era sombra y preparación de éste. Pensemos en el amor de Dios a su Viña: cuidados, delicadezas, atenciones (envío de mensajeros, profetas, Hijo…) La primera lectura lo canta de forma insuperable. También hace mención de él el salmo. El evangelio lo contiene implícito. Es un punto muy importante: el amor de Dios a su Viña. La Viña es su pueblo y en él cada uno de los miembros. El amor de Dios, por tanto, se extiende a todos y cada uno de nosotros.

b) Dios espera obras de justicia.- Un tan gran amor a la Viña ha de convertirse en una Viña de amores. La Viña tiene que dar fruto; de lo contrario deja de ser Viña. El tema de las buenas obras aparece claro y en forma de elegía en el canto del profeta; el salmo propone en la última estrofa una conversión; el evangelio lo recuerda dos veces, en boca del público y en boca de Jesús. La falta de buenas obras suscita la ira de Dios, el abandono. Un amor herido, un amor despreciado, se torna despecho. Dios castiga con el abandono, que es destrucción. Es lo más saliente de la primera lectura y del evangelio. El tema de las buenas obras, como expresión de la unión con Dios, aparece en Pablo: afabilidad con todos, aprecio y estima de todo lo noble, bueno, justo, puro… Convendría detenerse en este punto y examinar a nivel personal y a nivel comunitario, y hasta nacional, este misterio del Reino de Dios. La falta de correspondencia irrita a Dios y Dios abandona. El abandono del pueblo antiguo es una seria advertencia a todos. Quizás sea la respuesta al misterio del fracaso del Reino de Dios -cotejemos la historia- en pueblo y personas, en un tiempo florecientes y devotos: han dejado de dar fruto, han substituido las dulces uvas por el amargo agrazón. Es para temblar. ¿Qué fruto damos nosotros, particulares, comunidades, nación? Es de notar cómo la falta de fruto es prácticamente abundancia de injusticias y malas obras. No olvidemos (muy próxima a esta parábola en Mateo) la maldición de la higuera que no ofrecía fruto. Y aquella otra parábola, en Lucas, sobre la higuera de la viña que tampoco daba fruto. No se levanta un país cristiano sino en las buenas obras, obras de amor y de justicia. Debe hacernos pensar.

c) Los dirigentes tienen una responsabilidad mayor. El evangelio los considera al frente de los responsables. Han intentado hacerse con la Viña del Señor. Han olvidado que son tan sólo arrendatarios, no poseedores. La primera lectura lo dice en su contexto (contra los dirigentes). En la segunda se recuerda el ejemplo positivo de Pablo: Poned por obra lo que visteis en mí. ¿Lo pueden decir todos de nosotros? El castigo que nos amenaza nos debe hacer reflexionar y cambiar, como reza el salmo. Una invitación a la súplica: cúranos y haznos tu Viña. No podemos maltratar impunemente a los mensajeros que continuamente nos envía el Señor. Tampoco podemos de siervos constituirnos señores de la Viña.

d) El puesto de Jesús.- Es quizás, en peso, el tema más importante. Cristo es el Hijo de Dios, la Piedra de la nueva edificación, el Heredero de la Viña. Somos su Viña; es nuestro Señor. Seremos efectivamente edificación, si nos apoyamos en él, si nos acomodamos a él. Seremos desechados, tarde o temprano, si no encajamos. Todos estamos llamados a ser piedras, a ser su Viña. Condición necesaria: vivir con y como Cristo. Celebramos en este punto -tema importante en el evangelio- la extensión de la Viña a todos los pueblos. No es la raza, no es la riqueza, no es la cultura (saber de este mundo) lo que nos une o diferencia delante de Dios. Es la fe en Cristo. Eso es lo que vale, lo que nos hermana, lo que nos hace Viña del Señor. El salmo lo canta como signo: la Viña extiende sus pámpanos de un confín a otro de la tierra. La segunda lectura alude a su vida: afabilidad, justicia, bondad… No olvidemos, en este punto, el amor del Señor por su Viña: Cristo nos ama entrañablemente.