Domingo V de pascua

Primera lectura: 1 Pe 2, 4-9.

Como suele suceder en las cartas, se entremezclan aplicaciones prácticas y consideraciones dogmáticas. El texto que nos ocupa tiene cierto sabor teológico.

A) A los títulos Verdad, Vida, Camino, que leemos en Juan, añade Pedro el título de Piedra; Piedra elegida, fundamental, viva, angular. Es el centro de atracción, el centro de sustentación, el centro de unión, el centro de existencia. Sin Cristo, como en la alegoría de la Vid, nada se puede hacer.

B) Los fieles unidos a Cristo son, como El, elegidos, piedras vivas, casa espiritual y sacerdocio santo, capaces de ofrecer a Dios por Cristo aceptables ofrendas espirituales.

C) S. Pedro señala dos ocupaciones fundamentales a los cristianos: ofrecer oblaciones a Dios y anunciar sus maravillas. Toda nuestra vida es y debe ser una oblación continua a Dios; pero más que nunca, se verifica ahora en la celebración Eucarística. Con el sacerdote ofrecemos a Dios la Oblación más pura y más santa que imaginarse pueda, Cristo Jesús. También nosotros mismos, unidos a El y formando con El una unidad por la fe y el amor, nos ofrecemos a Dios Padre. El edificio del Cristo Místico del que somos piedras vivas, debe crecer y robustecerse. La Eucaristía nos da fuerza para ello. La vitalidad que de estos sacramentos dimana, menester es que se manifieste en la vida. Sólo así anunciaremos las maravillas del Señor. Para ello hemos sido llamados de las tinieblas a la luz. Con Cristo, somos sacerdotes, con Cristo, somos reyes, con Cristo, somos elegidos. Nótese de paso, el recurso al Antiguo Testamento que hace Pedro.

Segunda lectura: Hch 6,1-8.

El texto relata la elección de los siete varones puestos al frente de la distribución de las limosnas, que tradicionalmente se les ha llamado diáconos.

Merece poner de relieve la frase de Pedro: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la predicación. Es, pues, de sumo valor la predicación y la oración. ¿Cómo nos preparamos la predicación?. ¿Cómo la escuchamos?. ¿Cómo hacemos la oración?. Se eligen para diáconos a individuos dignos. Si nos preparamos para el sacerdocio, la preparación debe ser esmerada. Debemos estar llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, de fe y de amor a Cristo, nuestra sabiduría.

Tercera lectura: Jn 14, 1-12.

Contexto.- Plática de Jesús a los suyos. Las enseñanzas que Cristo ha impartido a los discípulos durante el curso de su vida pública, las ha recogido Juan aquí, momentos después de la Cena, dándoles un tono de profunda intimidad. Cristo va morir; los discípulos están tristes: es el momento de las más efusivas comunicaciones y de las más profundas revelaciones.

Tema central.-. Dios Padre y Cristo son una misma cosa. El Padre está en Cristo y Cristo en el Padre. Se poseen mutuamente: es la posesión común de la naturaleza divina. El Hijo - el Verbo, recurriendo al prólogo - es Dios y está en Dios. Está en el seno del Padre, ha visto el Padre y posee la Gloria desde antes de la constitución del mundo. El nos habla del Padre y nos manifiesta al Padre. La realidad divina - Verdad - se hace palpable y asequible en El. Por eso El es la Verdad. Dios ama a los hombres, Dios salva a los hombres en Cristo; Dios da la vida a los hombres en Cristo. Por eso Cristo es la Vida. No se puede llegar a la Verdad, sino admitiendo la revelación que Cristo hace del Padre; no se puede llegar a la vida, sino uniéndose a El; no podemos llegar al Padre sino por El. Por eso Cristo dice ser el Camino.

Está fuera del Padre, quien está fuera de Cristo; está de la Verdad y está fuera de la Vida, quien nos está en Cristo. No conoce al Padre ni tampoco le ama, quien no ama ni cree en Cristo. Son afirmaciones absolutas. Fuera de Cristo está el error; la mentira y la muerte.(17, 3).

Es curioso notar que, los que se unen a Cristo por la fe y el amor, reciben de El, lo que el recibió del Padre. Unidos al Hijo, son hijos de Dios; unidos a la Verdad y a la Vida, los fieles son hijos de la Verdad y poseen la Vida en Sí mismos. Ellos están en Cristo y en el Padre, y Cristo y el Padre están en ellos - (17, 21). A ellos les está destinada la Gloria que el posee desde un principio - «Voy a prepararos un lugar»; y ellos acabarán obrando las mismas obras que El obra.

La razón de esta participación de los fieles en los bienes de Cristo, radica en la «Ida de Cristo al Padre».esta fórmula indica la exaltación de Cristo. La ida al Padre, pues, hace posible a los fieles estar con El en la posesión de la Vida Eterna y poder realizar las obras que Cristo realiza. Cristo es, pues, el único camino para ir al Padre, la verdad y la Vida.

Aplicación eucarística. Cristo está en medio de nosotros. La ida al Padre ya se ha verificado. En sus manos está todo el poder y la gloria; El es el Señor. Está en Dios y nos espera. Ha ido a prepararnos un lugar adecuado.en tanto, El se comunica con nosotros por la Eucaristía. De El nos viene la gracia que nos hace Hijos de Dios, herederos de su gloria, poseedores ya de la Vida; nos da la fuerza de permanecer en su amor, en la Verdad. Este Señor, que reina con Dios, es Señor nuestro. Todo lo podremos en El. Basta llevarlo con nosotros por la fe y el amor. Para ello la Eucaristía.