Domingo IV de pascua

Primera lectura: 1 Pe 2,20b-25.

El pasaje se encuentra dentro del contexto más amplio de la imitación de Cristo. Cristo ha dejado tras de sí un ejemplo que nosotros debemos seguir: paciencia, sujección, humildad… En un tiempo éramos ovejas errantes, fuera del camino de la salvación, disperdigadas unas de otras, sin conocernos y sin amarnos. Cristo nos ha reunido en un rebaño que tiene conciencia de lo que es, de quién lo guía y a dónde va. Como El, debemos amar a quien nos persigue. El seguimiento de Cristo por el sufrimiento es una gracia, dice S. Pedro. Precisamente su sufrimiento nos ha salvado. El es el Pastor de todas las ovejas.

Segunda lectura: Hch 2-36-41.

El contexto inmediato trata de la Resurrección de Cristo. Es el primer discurso de S. Pedro: Dios ha constituído Señor y Mesías a Jesús, a quien vosotros crucificasteis. Se impone ahora la conversión. El bautismo os perdonará los pecados y os infundirá el Espíritu Santo. No hay otro en cuya invocación se nos dé la salvación, que Jesucristo. La salvación es para todos los que invocan su nombre. Un Pastor y Señor y un rebaño. En el libro de los Hechos se nos relata la formación de este rebaño. Cristo, el Buen Pastor, vive, a la derecha de Dios, y dirige su rebaño.

Tercera lectura: Jn: 10, 1-10 (alárguese hasta el 18).

No debe perderse de vista el fondo de los adversarios interlocutores. Estos son, en primer lugar, los Fariseos, los dirigentes de Israel. El cap.9, con el pasaje del ciego de nacimiento, es una buena introducción o ambientación a este texto. El ciego es depreciado, escarnecido, arrojado fuera por los pastores de Israel. Jesús, en cambio, lo acoge. En segundo plano, podemos pensar también en todos aquellos, que en la obscuridad, trataban de arrastrar al pueblo a una insurrección religioso-política. Todos ellos son falsos pastores. No llevan al rebaño a la vida eterna ni dan la vida por ellos. Como fondo escriturístico conviene leer Ez 34.- Da la impresión, el texto de Juan, de ser un conglomerado de parábolas en síntesis.

A) Jesús se presenta como la Puerta única, que conduce a la vida. Cristo se proclama el Buen Pastor, el único, que puede llevar a las ovejas a pastos abundantes. No hay otro que El. Como no hay otra Vida, ni otra Verdad, ni otro Camino, ni otra Luz que El, así tampoco hay otro Pastor ni otra Puerta que conduce a la vida eterna que El. Muchos pastores han aparecido en el mundo; son de muchos tipos. Todos los que independientemente de El han tratado de ofrecer a la humanidad el señuelo de un término brillante, son falsos. Sólo hay un Pastor y ese es Cristo. El tiene palabras y Hechos de Vida Eterna.

B) Cristo ama auténticamente a los suyos; Él da la vida por ellos. Es una alusión a la muerte; muerte que no tiene otro fin que dar la vida al mundo entero. Es legítima la referencia a la Eucaristía. Cuando el soldado atravesó con su lanza el costado de Cristo pendiente de la Cruz, brotó, dice San Juan, sangre y agua; alusión clara a la Eucaristía y al Bautismo. Cristo se da para que los suyos tengan vida. Cristo se convierte en alimento: Pan y Vino. No le basta con llevar a las ovejas a pastos ricos, Él mismo es el alimento; no sólo da de comer, se da de comer. En la Eucaristía se cumple perfectamente la verdad Yo soy el Buen Pastor.

C) Las ovejas le conocen y le siguen. ¿Cuál es nuestro conocimiento y nuestra docilidad? Por supuesto que se trata de un conocimiento afectivo y práctico. Se trata de un conocimiento mutuo de connaturalidad, que nace del trato y del amor mutuos. Cristo se comunica con nosotros en la Eucaristía, en lo sacramentos, en la oración… Este contacto con Cristo realiza en nosotros una actitud semejante a la de Él; le conocemos, le sentimos, le queremos, le oímos, etc. Su presencia nos hace más dóciles. Es, pues, el momento de preguntarse por la docilidad a Cristo.

D) Una breve alusión al universalismo. Se trata de un redil, donde todos encuentren acogida. Hay muchos que todavía están fuera. Una oración por ellos.