Domingo III del tiempo ordinario

Primera lectura: Jon 3, 1-5. 10: Vio Dios sus obras y cómo se conver­tían y tuvo piedad de su pueblo.

La exégesis moderna apunta, respecto al Libro de Jonás, en una direc­ción apreciablemente diversa de la que señalaba la exégesis anterior. Para ésta última, la historia de Jonás, tan sorprendente y maravillosa, era una historia real. Jonás habría sido, según esto, un profeta excepcional a quien se le encomendara una misión insólita, única en toda la tradición profética: predicar la conversión a todo un pueblo pagano. Dios, para el buen cumpli­miento de esta misión, habría realizado en cadena un cúmulo extraordinario de maravillas.

La exégesis moderna, en cambio, dado el carácter extremadamente por­tentoso del libro, considera más bien el contenido como una narración inten­cionada con el fin de establecer una tesis que la corriente general del pen­samiento amenazaba obscurecer o contradecir. Léase para ello cualquier in­troducción recomendada.

Sea cual fuere la postura que se adopte respecto al género literario del li­bro, en su historicidad o en su invención, queda siempre clara la enseñanza fundamental: Dios quiere la salvación -cosa sorprendente en aquel ambiente- de los que no pertenecen a su pueblo elegido. También ellos, los paganos, en este caso los de Nínive, son llamados a la penitencia. Dios les concede el per­dón. Si no es real la historia que se nos cuenta, siguiendo la exégesis mo­derna, sí es en cambio verdad clara la voluntad de Dios de llamar a la sal­vación, llegado el tiempo, a todos los hombres.

Mensaje; «El Señor Dios nuestro tuvo piedad de su pueblo». declara el v. 10. Nótese que se trata de Nínive, capital del reino asirio en tiempo de Se­naquerib, el más acérrimo enemigo de Israel. Fue notorio por su crueldad inhumana. Destruyó el reino del norte. En este pasaje se le llama «pueblo del Señor». Dios tuvo piedad de él. Dios lo perdonó. Dios, pues, no se desentiende de los hombres que El ha creado. Se vislumbra ya la vocación de todos los pueblos. Otros profetas también apuntan en este sentido. Véase Is 19, 22 - 24; Jonás preanuncia la misión universal del mensaje di­vino de salvación. Sugestivo y preciso, el libro de Jonás.

Segunda lectura: 1 Co 7, 29-31: la apariencia de este mundo se ter­mina.

Se habrá notado que estos domingos primeros toman los textos bíblicos en su segunda lectura de la Carta primera a los Corintios de S. Pablo. En esta Carta responde S. Pablo a diversas cuestiones que los de Corinto le proponen. Son cuestiones prácticas. Los principios, sin embargo, aparecen con frecuencia generales.

El tema que desarrolla en este capítulo 7 es de sumo interés. Coloca S. Pablo la virginidad sobre el matrimonio. La razón fundamental estriba en que la virginidad libera de preocupaciones que impiden a uno darse por en­tero al servicio del Reino. El hombre casado está solícito por las cosas que comparte. No puede entregarse totalmente a la edificación del Reino de Cristo. Por otra parte, ya con una perspectiva escatológica, advierte S. Pa­blo que todas estas cosas pasan. No debe uno pegarse demasiado a estas ocupaciones. El tiempo es breve; la figura de este mundo pasa. El Nuevo Mundo es el Reino de Cristo en su forma definitiva. Los bienes de este Reino son los que realmente interesan. Tras ellos hay que ir, pues no pasan.

Adviértase que no se elude el compromiso con el mundo sin más, sino con el mundo que pasa y en cuanto pasa. En este mundo hay realidades que tie­nen un valor en el Reino; deben ser consideradas atentamente. Primero el reino de Dios y su justicia; después las demás cosas. La virginidad te capa­cita más que el matrimonio para darte por completo al servicio de este Reino, que consta en el momento actual de realidades materiales y espiritua­les, según nuestra nomenclatura. El matrimonio no. El Reino ha de sobrevi­vir a las realidades de este mundo. El matrimonio no, como tal. En el cielo no se casan.

Es, pues, una amonestación la de S. Pablo a no detenerse demasiado en cosas que han de pasar.

Tercera lectura: Mc 1, 14-20: Convertíos y creed la buena noticia.

Nos encontramos en Marcos, evangelista ordinario en este ciclo. El tema es evidente. Se trata de la vocación de los Apóstoles.

Nótese:

 A) «El Reino de Dios está cerca». Ha llegado el tiempo de la gran decisión para el pueblo de Israel. Urge darse prisa y tomar una actitud decidida en su favor. El Reino de Dios es el tema común de la predicación de Cristo. Cristo lo anunció en sus diversos aspectos a través de toda su vida.

El primer paso, es condición indispensable para entrar en el Reino: «Convertíos», «Creed la buena Nueva» Cambio de postura, abandono de los propios caminos y del pensar propio; asentimiento a la predicación de Cristo. El es la Buena Nueva. Hay que seguirle incondicionalmente. S. Juan desa­rrollará el tema de la fe en Cristo, como algo insustituible.

B) Llamamiento y seguimiento incondicional al Maestro. La elección recae en los individuos, ineptos humanamente hablando. La voz de Cristo los des­dice al seguimiento. Es poderosa la voz del Señor. Ella misma los consagra como Apóstoles. Son constituidos «Pescadores de hombres». Misión bien defi­nida: predicar y anunciar la conversión y la fe en Cristo. Ellos van a dar tes­timonio de El y de sus palabras hasta los confines del mundo. En la acepta­ción de su palabra está vinculada la salvación.

Consideraciones

1) Dios llama a todos a la conversión. A todos alarga la mano bondadosa ofreciendo el perdón. Sin embargo, su palabra salvadora llega a los hombres a través de sus mensajeros. Ahí están Jonás y los doce. Dios nos habla por ellos.

2) La disposición del apóstol debe ser de entrega total. Lo abandonaron todo. La misión de salvar a los demás debe absorberlos totalmente. Jonás y los apóstoles lo dejaron todo. Se dedicaron plenamente al reino de Dios. Lo demás no lo juzgaron digno. Puede que algo de esto nos diga el capítulo 7 de la carta de Pablo a los Corintios. Hay muchas cosas que pasan. Una es la importante: El reino de Dios y su justicia.

3) Dios sigue llamando todavía a la conversión. Recordemos que debemos convertirnos y renovar nuestra fe en Cristo continuamente Dios quiere sal­var a todos.

4) El sentido y valor cristianos de la vida consagrada, del celibato en fun­ción del Reino. Este tema interesa hoy especialmente, a todos los consagra­dos, en virtud de su compromiso, y a los fieles cristianos, como miembros del Reino. El celibato y la misión apostólica guardan estrecha relación.

Domingo III del tiempo ordinario

Primera lectura: Jon 3, 1-5. 10: Vio Dios sus obras y cómo se conver­tían y tuvo piedad de su pueblo.

La exégesis moderna apunta, respecto al Libro de Jonás, en una direc­ción apreciablemente diversa de la que señalaba la exégesis anterior. Para ésta última, la historia de Jonás, tan sorprendente y maravillosa, era una historia real. Jonás habría sido, según esto, un profeta excepcional a quien se le encomendara una misión insólita, única en toda la tradición profética: predicar la conversión a todo un pueblo pagano. Dios, para el buen cumpli­miento de esta misión, habría realizado en cadena un cúmulo extraordinario de maravillas.

La exégesis moderna, en cambio, dado el carácter extremadamente por­tentoso del libro, considera más bien el contenido como una narración inten­cionada con el fin de establecer una tesis que la corriente general del pen­samiento amenazaba obscurecer o contradecir. Léase para ello cualquier in­troducción recomendada.

Sea cual fuere la postura que se adopte respecto al género literario del li­bro, en su historicidad o en su invención, queda siempre clara la enseñanza fundamental: Dios quiere la salvación -cosa sorprendente en aquel ambiente- de los que no pertenecen a su pueblo elegido. También ellos, los paganos, en este caso los de Nínive, son llamados a la penitencia. Dios les concede el per­dón. Si no es real la historia que se nos cuenta, siguiendo la exégesis mo­derna, sí es en cambio verdad clara la voluntad de Dios de llamar a la sal­vación, llegado el tiempo, a todos los hombres.

Mensaje; «El Señor Dios nuestro tuvo piedad de su pueblo». declara el v. 10. Nótese que se trata de Nínive, capital del reino asirio en tiempo de Se­naquerib, el más acérrimo enemigo de Israel. Fue notorio por su crueldad inhumana. Destruyó el reino del norte. En este pasaje se le llama «pueblo del Señor». Dios tuvo piedad de él. Dios lo perdonó. Dios, pues, no se desentiende de los hombres que El ha creado. Se vislumbra ya la vocación de todos los pueblos. Otros profetas también apuntan en este sentido. Véase Is 19, 22 - 24; Jonás preanuncia la misión universal del mensaje di­vino de salvación. Sugestivo y preciso, el libro de Jonás.

Segunda lectura: 1 Co 7, 29-31: la apariencia de este mundo se ter­mina.

Se habrá notado que estos domingos primeros toman los textos bíblicos en su segunda lectura de la Carta primera a los Corintios de S. Pablo. En esta Carta responde S. Pablo a diversas cuestiones que los de Corinto le proponen. Son cuestiones prácticas. Los principios, sin embargo, aparecen con frecuencia generales.

El tema que desarrolla en este capítulo 7 es de sumo interés. Coloca S. Pablo la virginidad sobre el matrimonio. La razón fundamental estriba en que la virginidad libera de preocupaciones que impiden a uno darse por en­tero al servicio del Reino. El hombre casado está solícito por las cosas que comparte. No puede entregarse totalmente a la edificación del Reino de Cristo. Por otra parte, ya con una perspectiva escatológica, advierte S. Pa­blo que todas estas cosas pasan. No debe uno pegarse demasiado a estas ocupaciones. El tiempo es breve; la figura de este mundo pasa. El Nuevo Mundo es el Reino de Cristo en su forma definitiva. Los bienes de este Reino son los que realmente interesan. Tras ellos hay que ir, pues no pasan.

Adviértase que no se elude el compromiso con el mundo sin más, sino con el mundo que pasa y en cuanto pasa. En este mundo hay realidades que tie­nen un valor en el Reino; deben ser consideradas atentamente. Primero el reino de Dios y su justicia; después las demás cosas. La virginidad te capa­cita más que el matrimonio para darte por completo al servicio de este Reino, que consta en el momento actual de realidades materiales y espiritua­les, según nuestra nomenclatura. El matrimonio no. El Reino ha de sobrevi­vir a las realidades de este mundo. El matrimonio no, como tal. En el cielo no se casan.

Es, pues, una amonestación la de S. Pablo a no detenerse demasiado en cosas que han de pasar.

Tercera lectura: Mc 1, 14-20: Convertíos y creed la buena noticia.

Nos encontramos en Marcos, evangelista ordinario en este ciclo. El tema es evidente. Se trata de la vocación de los Apóstoles.

Nótese:

 A) «El Reino de Dios está cerca». Ha llegado el tiempo de la gran decisión para el pueblo de Israel. Urge darse prisa y tomar una actitud decidida en su favor. El Reino de Dios es el tema común de la predicación de Cristo. Cristo lo anunció en sus diversos aspectos a través de toda su vida.

El primer paso, es condición indispensable para entrar en el Reino: «Convertíos», «Creed la buena Nueva» Cambio de postura, abandono de los propios caminos y del pensar propio; asentimiento a la predicación de Cristo. El es la Buena Nueva. Hay que seguirle incondicionalmente. S. Juan desa­rrollará el tema de la fe en Cristo, como algo insustituible.

B) Llamamiento y seguimiento incondicional al Maestro. La elección recae en los individuos, ineptos humanamente hablando. La voz de Cristo los des­dice al seguimiento. Es poderosa la voz del Señor. Ella misma los consagra como Apóstoles. Son constituidos «Pescadores de hombres». Misión bien defi­nida: predicar y anunciar la conversión y la fe en Cristo. Ellos van a dar tes­timonio de El y de sus palabras hasta los confines del mundo. En la acepta­ción de su palabra está vinculada la salvación.

Consideraciones

1) Dios llama a todos a la conversión. A todos alarga la mano bondadosa ofreciendo el perdón. Sin embargo, su palabra salvadora llega a los hombres a través de sus mensajeros. Ahí están Jonás y los doce. Dios nos habla por ellos.

2) La disposición del apóstol debe ser de entrega total. Lo abandonaron todo. La misión de salvar a los demás debe absorberlos totalmente. Jonás y los apóstoles lo dejaron todo. Se dedicaron plenamente al reino de Dios. Lo demás no lo juzgaron digno. Puede que algo de esto nos diga el capítulo 7 de la carta de Pablo a los Corintios. Hay muchas cosas que pasan. Una es la importante: El reino de Dios y su justicia.

3) Dios sigue llamando todavía a la conversión. Recordemos que debemos convertirnos y renovar nuestra fe en Cristo continuamente Dios quiere sal­var a todos.

4) El sentido y valor cristianos de la vida consagrada, del celibato en fun­ción del Reino. Este tema interesa hoy especialmente, a todos los consagra­dos, en virtud de su compromiso, y a los fieles cristianos, como miembros del Reino. El celibato y la misión apostólica guardan estrecha relación.