Domingo II de pascua

Primera lectura: Hch 2, 42-47.

Conviene relacionar este texto con 4, 32-35 y 5, 12-16. San Lucas describe compendiosamente la actividad de los Apóstoles y la conducta de los hermanos en la primitiva Comunidad cristiana. El Espíritu se manifiesta en ellos de una forma carismática: En virtud del Espíritu, los Apóstoles profetizan, predican abiertamente, con fortaleza, a Cristo resucitado; operan maravillas (Ananías y Safira, los enfermos deseaban ser tocados por la sombra de Pedro…) y los hermanos viven en comunión unos con otros, en la oración y en la fracción del pan. Vivían en Comunión. Voluntariamente ofrecían sus bienes para utilidad de los más necesitados. San Agustín ve en estos pasajes el modelo de la Vida Común. La Vida Común -la vida religiosa- tiende a reproducir aquel admirable ejemplo de la primitiva comunidad de Jerusalén. ¿A qué altura estamos nosotros de ese modelo?. ¿Dónde el ideal común?. ¿Donde el trabajo común?. ¿Donde los bienes en común?. Conseguiremos la simpatía de todo el pueblo si, como aquellos, nos amamos los unos a los otros hasta vivir en perfecta unión de alma de corazón y de bienes. El pasaje no pasó inadvertido a San Agustín, al idear la vida religiosa.

Segunda lectura: 1 Pe 1, 3-9.

1) Bendito sea Dios. Dios ha tenido gran piedad para con nosotros. Nos ha salvado, nos ha constituído herederos de un reino incorruptible, perfecto y eterno. Es conveniente y necesario alabar a Dios por sus beneficios.

2) La Resurrección de Cristo ha sido la causa. Si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos. Esta es la esperanza que anima nuestra vida. El poder de Dios todopoderoso lo va ya realizando mediante la fe.

3) La seguridad de esta gracia de Dios es causa de alegría. El cristiano rebosa de gozo, porque tiene esperanza. Sabe adonde va; y sabe que es seguro lo que Dios le ha prometido. Esta alegría nos hace sobrellevar las dificultades y tristezas con que tropezamos en esta vida. La fe probada en las dificultades se hace más preciosa -la vid debe ser podada, para que lleve fruto-.

4) Un amor ardiente debe mover toda nuestra vida. Cristo es digno de ser amado. Es cosa de preguntarse si realmente tratamos de amar a Cristo persona.

tercera lectura: Jn 20, 19-31.

Temas:

A) La escena de Tomás

La incredulidad de Tomás hace más digna de fe la Resurrección del Señor. No creyó a pie juntillas, aunque sobrados motivos tenía para ello; la noticia que le dieron los compañeros, de que había resucitado el Señor. Quiso ser testigo él mismo. La fe en la resurrección de Cristo no es fruto de la fácil credulidad de unos pobres y atemorizados hombres. Es un HECHO que se impuso por sí mismo.-Nótese que Juan insiste en la realidad de la resurrección: La Magdalena ve al Señor; Pedro y Juan corren al sepulcro, ambos son testigos de que el sepulcro está vacío; las vendas están en el suelo, el sudario recogido; la Magdalena mantiene un diálogo bien preciso con el Señor; por la tarde se manifiesta a todos, a todos muestra las cicatrices de sus heridas; y por si fuera poco uno de ellos, Tomás se ve obligado por la evidencia más contundente a admitir el HECHO de la Resurrección-. La confesión de Tomás es nuestra confesión y profesión de fe: Cristo es nuestro Señor y nuestro Dios. Nuestra fe descansa en testigos oculares puestos a prueba. La bendición del Señor recae sobre los hombres de fe. Tema de la FE.

B) La Paz.

Fruto de la muerte y de la resurrección del Señor es la PAZ. La paz dimana de Cristo resucitado; El es la fuente. Es la paz que el mundo no puede dar. La paz verdadera no puede encontrarse fuera de Cristo. San Agustín lo expresó admirablemente:. Pidamos la paz; hagamos la paz. Bienaventurados los pacíficos, dijo el Señor. Es una paz que viene de lo alto.

C) Espíritu Santo, perdón de los pecados.

El Espíritu Santo es el don que dimana de la Muerte y Resurrección del Señor.no me voy, les había dicho el Señor, no vendrá a vosotros el Consolador, si yo me voy os lo enviaré (16, 7-8). Este Espíritu opera la paz en nosotros. El primer paso es el perdón de los pecados. No puede haber paz, si no hay perdón. El perdón nos pone en paz con Dios y con nuestros hermanos. Dios ha concedido, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo, que los hombres por El elegidos, puedan en su nombre perdonar los pecados. Esto es ciertamente un gran don. En cualquier momento podemos reconciliarnos con Dios. Tema: La Penitencia.